Provincia de Guanacaste. Si usted se detiene en cualquier barrio guanacasteco y les pregunta a los habitantes cuál es el principal problema que enfrentan, la respuesta siempre es la misma: la falta de empleo.
Esta es la inseparable angustia de los pobladores de la Región Chorotega, quienes conviven con la tasa de desempleo abierto más alta de Costa Rica.
Mientras la desocupación en el país es del 7,3, en Guanacaste alcanza el 9,6, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Como agravante, cuando se dio el boom hotelero en la década pasada, la provincia no contó con la mano de obra calificada suficiente para cubrir las necesidades, por lo que personas del Valle Central se apropiaron de los puestos, dijo Isabel Román, coordinadora del Estado de la Educación.
“El gran desafío de Guanacaste es la pertinencia de educación porque tiene un sector de servicios muy dinámico que demanda oferta educativa con un perfil”, comentó.
Logros y desafíos. Aunque la provincia dio pasos gigantes en la reducción de la deserción (pasó de 15,3% en 2007 al 11,9% en 2010) y en cobertura de secundaria (58% en 1996 a 78% en 2009), tiene el reto de que los estudiantes terminen el colegio y, sobre todo, cursen alguna carrera universitaria o técnica.
“Entre la población de 17 a 21 años en Guanacaste solo el 31% culmina la secundaria, mientras que en el país lo hace el 40%. Además, menos de una tercera parte de los jóvenes asiste a la universidad, mientras que en la Región Central lo hace el 41%”, detalló Román.
La gran consecuencia de ello es que los muchachos quedan amarrados a empleos de bajos salarios, vinculados con la agricultura o la construcción, entre otros.
Casos. Por esa falta de oportunidades, a la familia de Carmen Rodríguez, de 63 años, no le queda más remedio que vivir en una de las cuarterías que emergieron en Sardinal, en el cantón de Carrillo.
“Mi hijo es quien nos da de comer, pero se quedó sin trabajo en construcción porque cerraron la obra donde laboraba. Todos los días busca empleo, pero no hay.
”Aquí, pagamos ¢19.000 por quincena y vivimos con mi nieta de 11 años. Como puede ver, no tenemos nada”, dijo Rodríguez.
En la pequeña habitación que ocupan apenas caben dos camas que, en vez de colchón tienen cartones. Para cocinar utiliza un pequeño fogón “comunal” al lado atrás de los cuartos, donde también están los servicios sanitarios.
La situación es tan apremiante que no es difícil encontrar personas desempleadas.
“Trabajo en construcción, pero detuvieron la obra y nos despidieron; éramos más de 100. He buscado hasta en otros cantones, pero no hay”, narró José Luis Mendoza, de 34 años, también de Sardinal.