Liberia, Guanacaste. El mismo cantón que alberga lujosos hoteles con piscinas y un aeropuerto internacional adonde llegan millares de turistas al año, tiene también un asentamiento que recuerda que la pobreza es parte de su panorama socioeconómico.
La barriada es Martina Bustos, sita al noreste de la ciudad de Liberia, donde habitan unas 3.500 personas quienes solamente disponen de siete pajas de agua.
Por ello, desde niños hasta adultos acarrean el líquido en baldes, tarros o palanganas desde alguno de los tubos.
Algunos con más suerte, como Marta Morales Ruiz, pueden conectar una manguera desde uno de los improvisados grifos hasta el rancho donde viven.
“Así lleno algunos tarros en la casa y de inmediato quito la manguera para que otra persona pueda poner la suya”, dijo.
Este poblado también refleja otro de los graves problemas de la Región Chorotega: el mal estado de muchas casas.
Hacinados. Este es el caso de Lucila Ruiz Ruiz, de 54 años de edad, quien vive con hijos, yernos, nietos y hasta bisnietos en ese caserío liberiano.
“En total, somos 17 personas en estos cuatro ranchitos; estamos bien apretados aquí, pero como no hay trabajo, no tenemos otra opción.
”Yo trabajaba en un restaurante en Nosara (cantón de Nicoya), pero cerró por falta de clientes”, resaltó Ruiz.
Según datos de la Fundación Promotora de Vivienda (Fuprovi), el 70% de las casas en Guanacaste requieren reparaciones.
Como parte de ese porcentaje, están las viviendas que se hallan en condición precaria, como la de Lucila Ruiz.