El olfato de Blackie, una perra de la unidad canina K-9 de la Policía Penitenciaria, delató ayer a una embarazada, de 18 años, en la cárcel La Reforma, que llevaba un óvulo de cocaína en su vagina.
Alicia Herrera, policía que entrevistó a la mujer, aseguró que la joven confesó que otras personas habían prometido pagarle por ingresar la droga a la cárcel.
Cada fin de semana, la Policía Penitenciaria requisa a unas 4.200 personas, la mayoría de ellas mujeres, que visitan a los reos del complejo La Reforma –donde hay cinco cárceles–.
La Nación estuvo presente ayer en la cárcel La Reforma, a donde entraron 1.202 mujeres, 436 hombres y 254 menores de edad.
Allí, unos 70 policías hicieron la requisa de los visitantes con la ayuda de dos perros de la unidad canina K-9.
En menos de dos horas, la Policía detectó a tres mujeres (incluida la embarazada) con óvulos de droga en sus genitales. Ellas fueron trasladadas al Hospital de Alajuela para extraerles la cocaína y ponerlas a la orden de la Fiscalía alajuelense.
Otra mujer llevaba tres chip para celulares; y un hombre pretendía ingresar con ¢137.000 para un reo (lo permitido son ¢30.000).
En un basurero, se encontraron varios puchos de marihuana y un tornillo metálico, que se utiliza como precursor de las armas hechizas.
Medidas. Tras el intento de fuga del 11 de mayo pasado en la cárcel La Reforma, la Comisión Interventora de este centro penal retomó la revisión de los visitantes en la entrada de la cárcel, llamada “puesto uno”.
Víctor Abarca, uno de los policías designados por la Comisión para mejorar la seguridad en esa prisión, explicó que los controles se han hecho más minuciosos desde el grave motín en el que murieron dos reos y un policía.
“Hemos trabajado en retomar los cuatro procesos básicos: observación, requisa, cacheo y entrevista. Los decomisos en las últimas semanas fueron muy altos, pero han ido bajando”, explicó.
William Mora, subdirector de la Policía Penitenciaria, recordó que el primer fin de semana de julio se decomisaron 14 celulares; cada uno es vendido ilegalmente en ¢150.000 dentro de la prisión, dijo.
Según registros de Adaptación Social, durante un fin de semana, en la cárcel Gerardo Rodríguez, en promedio, hay 1.000 visitantes; en San Rafael, 950; en Adulto Mayor, 170; y en Adulto Joven, 75.
En la cárcel La Reforma, donde se alberga cerca de la mitad de la población penal del país, llega un promedio de 3.000 visitas cada fin de semana. Fernando Ferraro, viceministro de Justicia, asegura que no bajan la guardia tras las medidas implementadas.
¿Cómo es el ingreso? El ingreso de visitantes a la cárcel La Reforma se inicia todos los fines de semana, a las 8 a. m. hasta el mediodía.
Fuera de la cárcel, se forman tres hileras, de hasta 400 metros de largo. Según las autoridades, las personas llegan desde las 11 p. m. del día anterior.
William Mora señaló que muchos “coyotes” venden espacios en ¢20.000 por persona, pero indicó que los policías vestidos de civiles, que también hacen la fila desde la madrugada, los tienen detectados.
En la entrada, varios policías revisan que los visitantes no estén en la lista de prohibición de ingreso, donde aparecen los sancionados por haber cometido una falta como introducir droga por ejemplo.
Luego, en una bitácora de visitas de cada recluso, se anota el nombre del visitante, hasta un máximo de tres personas por reo.
El tercer paso consiste en el cacheo dentro de los cubículos, donde se hace una revisión detallada de la persona, y se le hace una pequeña entrevista para detectar actitudes sospechosas.