Exregiones de Georgia se separaron tras intervención militar rusa en el 2008

EE. UU. dijo que Managua pagará por reconocer a Osetia y Abjasia

Nicaragua desató enojo de Washington por validar invasión de Moscú sobre otro país

Gesto para atraer favor ruso provocó revisión de lazos de EE. UU. con Ortega

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Juan Fernando Lara S. jlara@nacion.com 12:00 a.m. 18/07/2011

EE. UU. afirmó que Nicaragua “pagará un alto precio” por reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, regiones separatistas de Georgia, que causaron un enfrentamiento entre ese país y Rusia.

La sorpresa y desilusión estadounidense –junto a su molestia– es clara en cables diplomáticos de la Embajada de EE. UU. en Managua filtrados por WikiLeaks.

Al iniciarse agosto del 2008, tropas rusas y georgianas sostuvieron una batalla en Osetia del Sur después de que Georgia lanzara una ofensiva para recuperar la región.

El conflicto se calentó al punto que Moscú envió cientos de tanques y soldados a Osetia del Sur y su aviación bombardeó pueblos enteros de Georgia donde, tras una estela de muertos, heridos y devastación material, los soldados rusos obligaron a Georgia a rendirse.

Para el 27 de agosto del 2008, con sus tropas aún en territorio de otro Estado, Rusia reconoció las regiones separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur como Estados independientes, decisión que de inmediato provocó el repudio unánime de EE. UU. y la Unión Europea.

Cinco días luego de la decisión de Moscú, en plena crisis diplomática mundial por los excesos bélicos rusos en Georgia, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, anunció que su país también reconocería la independencia de esas regiones, incluso primero que Venezuela (su gran aliado) que, a diferencia de Managua, sí guarda desde hace años un estrecho lazo de cooperación bélica y económica con Rusia.

De paso, cuando hizo el anuncio el 2 de setiembre del 2008, Ortega abrió fuego contra EE. UU., al que culpó por intentar cercar a Rusia.

El gesto diplomático desagradó a Washington que no tardó en manifestar su molestia.

“La declaración de Ortega es decepcionante, pero no inesperada, dada la nostalgia de su parte por la retórica y política de la Guerra Fría”, señaló un cable de setiembre del 2008 del embajador de EE. UU. en Managua, Robert J. Callahan.

Ese mismo mes, conforme a otro despacho, el embajador le enfatizó al canciller nicaraguense, Samuel Santos, la sorpresa de EE. UU. con la decisión porque esta valida la invasión militar de Rusia que constituyó una violación a la integridad territorial de Georgia.

El embajador indicó a Santos que el paso dado “provocaría la revisión de toda nuestra relación”.

El canciller les había advertido. A continuación, indica el cable, Santos ofreció una “intrincada e inconsistente explicación” de porqué se hizo el reconocimiento. El canciller, por ejemplo, argumentó que ya le había advertido a EE. UU. cuando reconoció la independencia de Kósovo que “había abierto una caja de Pandora” y “que ahora estaba pagando las consecuencias”.

“Cuando el Embajador hizo notar la inconsistencia de ese argumento, subrayada por el hecho de que Nicaragua continúa rechazando el reconocimiento de Kósovo, Santos afirmó que Kósovo debió permanecer como parte de Yugoslavia y que Osetia del Sur y Abjasia eran “diferentes” por razones étnicas, históricas y geográficas”, cita el despacho con fecha del 11 de setiembre del 2008.

La perturbación estadounidense, añade ese comunicado diplomático, llegó al punto que Callahan se comunicó con el embajador de Reino Unido, el de Japón, el de Dinamarca y los encargados de negocios de Alemania, España y Noruega para formar frente común.

La mayoría, no obstante, seguían entonces aún sin recibir órdenes de sus Gobiernos sobre cómo proceder con el reconocimiento.

Para entonces, el enojo de Washington con el gobierno de Ortega era claro como una amanecer.

Un cable del 22 de setiembre del 2008, remitido por el Departamento de Estado, resume el sentir estadounidense durante una reunión entre el entonces secretario de Estado Adjunto de EE. UU. para América Latina Thomas Shannon y el exembajador de Panamá ante la Casa Blanca Federico Humbert.

“El subsecretario Shannon afirmó que Nicaragua pagará un alto precio por el reconocimiento de Osetia del Sur y Abjasia, y Humbert respondió que Ortega sencillamente continuaba aislándose”, precisa el texto.

Shannon también afirmó que si bien Nicaragua estaba intentando ganar el favor de Rusia y emular a Venezuela, el regreso de la tutela rusa a Nicaragua sería muy negativo para el hemisferio.

El máximo diplomático de Washington para la región, también subrayó durante esa reunión que el Gobierno de EE. UU. “tendrá que reconsiderar todos los aspectos de nuestra relación bilateral”, incluidos los fondos de la cuenta Reto del Milenio de Nicaragua.

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