El futuro de Costa Rica (II)

El futuro de Costa Rica depende de la familia y de las nuevas políticas de población

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Raúl Sánchez 12:00 a.m. 17/07/2011

Escribo estas líneas desde la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos, recién llegado a un seminario de expertos para analizar las relaciones entre fertilidad, bienestar y sistema económico. Precisamente hace algunas semanas hablábamos en estas páginas del “invierno demográfico”, es decir, de la caída de la fertilidad por debajo de los niveles necesarios para el reemplazo de las generaciones, y de sus consecuencias económicas y sociales (envejecimiento acelerado de la población, quiebra del sistema de pensiones y seguridad social, pérdida de capital humano, etc.), que, aunque lentas y tardías, llegan inexorablemente.

Peligrosa dinámica en Costa Rica. Veíamos que Costa Rica ha entrado ya en esa dinámica: descenso de los matrimonios, aumento de las rupturas, retraso de la edad de maternidad, caída brusca de la fecundidad (1,8 hijos por mujer), mayor esperanza de vida y, por tanto, más jubilados por menor número de trabajadores para mantenerlos. En Europa y otros países, como Japón, se trata de una realidad bien actual desde hace años. La ventaja para los que ahora inician este proceso, como Costa Rica, es que podemos aprender de esas experiencias previas. ¿Qué están haciendo ahora esos países?

Causas, no parches. Lo primero, afrontar el riesgo inmediato y evitar la descomposición del sistema, a base de reducir prestaciones y aumentar ingresos, por ejemplo, pagar menos pensión, alargar la edad de jubilación, suprimir atenciones sanitarias gratuitas o aumentar los impuestos. No obstante, se trata de “parches” que no curan la enfermedad, sino que simplemente retrasan el fatal desenlace. Son conscientes que, para atajar de raíz el problema, hay que ir a la causa, y en eso están ahora.

Sabemos que en los años setenta se inició una caída de la fecundidad en Europa como jamás se había visto en la historia demográfica conocida, sin ninguna guerra, epidemia ni catástrofe natural que pudiera explicarla. ¿Qué sucedió entonces? Son años de grandes transformaciones culturales, sociales y económicas. Veamos algunas.

Transformaciones sociales en Europa. La revolución de mayo del 68 francés y el proceso de descolonización –fuera el autoritarismo, “prohibido prohibir”, viva la libertad– que afecta fuertemente al concepto de familia patriarcal, donde el padre de familia tenía casi poder de vida y muerte sobre todos los miembros de la familia; la democracia entra ahora en los hogares, y con ella el desconcierto sobre los nuevos modos de relacionarse. La anticoncepción, por la que el sexo deja de estar unido por primera vez a la donación de vida en la unión conyugal, y comienza su banalización social y comercial. El miedo, infundado, como se ha visto, a la llamada “bomba demográfica”. La eclosión de la lucha por la dignidad de la mujer, con su plena incorporación al mundo educativo, la sociedad civil y el mercado laboral. El desconcierto religioso tras la errónea recepción y confusión del Concilio Vaticano II.

El fenómeno de la globalización, encarnado en las compañías multinacionales y en la llamada “deslocalización”: se acabó el empleo para toda la vida en el mismo sitio; comienza la movilidad geográfica de los trabajadores o, peor aún, el desempleo, si uno no podía irse con la fábrica a otro lugar, generando inseguridad en el futuro. Se incrementa, pues, la competividad del mercado laboral, por lo que se alargan los estudios para conseguir la máxima preparación, y las generaciones más jóvenes solo consiguen empleos inestables y mal pagados.

Las redes familiares –varias generaciones que vivían juntas en un mismo lugar, dándose mutuo apoyo– comienzan a romperse y a separarse físicamente. Nace la sociedad de consumo, impulsando a un gasto desenfrenado sobre bienes no necesarios y a una sociedad cada vez más individualista. Y las empresas incrementan la presión para producir más y más, con horarios cada vez más largos y condiciones laborales cada vez peores, que hacen difícil atender y educar adecuadamente a los hijos, provocando mayor fracaso escolar, violencia juvenil o adicciones.

Ataque contra la familia. Podríamos seguir, pero basta con lo citado para darnos cuenta de que una nueva sociedad está emergiendo, con un impacto fortísimo en el modo en que las familias se forman y se desarrollan. Y este nuevo modelo social se extiende poco a poco por todas partes. Cae en picada la fecundidad, pero, curiosamente, todas las encuestas muestran año tras años que las mujeres desean tener más hijos de los que realmente tienen. Y, cuando se les pregunta por qué no los tienen, la respuesta mayoritaria son los obstáculos económicos y las dificultades para conciliar trabajo y atención de los hijos.

Al igual que sucedió con la injusta situación de la mujer, que dio pie al feminismo; o con el movimiento ecológico, por una industrialización incontrolada que jugó con el futuro del planeta, en este siglo XXI todos los indicadores nos muestran que esta nueva sociedad ha ignorado totalmente la dimensión familiar, tan propia de la naturaleza humana, y sus efectos se muestran ahora también de modo terrible. No obstante, a pesar de esta evidencia, parece que a nadie con responsabilidades sociales le importe. Quizá porque sus efectos son visibles solo a medio o largo plazo, y muchas veces solo interesa lo que se pueda vender antes de las próximas elecciones.

La gran revolución. Redescubrir la familia e insertarla en este nuevo modelo social se trata de la gran revolución pendiente, si no queremos ser arrastrados a una lenta extinción de nuestras poblaciones, en un largo proceso de empobrecimiento social y económico. En eso se distinguen los políticos de los realmente estadistas. Y esto es precisamente lo que han descubierto en Europa. Se nota, por ejemplo, en un nuevo lenguaje. Se habla ahora de hacer políticas amigables con las familias, de introducir la perspectiva de familia de manera transversal en todas las políticas públicas, de analizar el impacto en las familias de toda nueva legislación, de potenciar a toda costa la conciliación de la vida familiar y laboral, de la no discriminación de la maternidad, de considerar a los hijos como un bien social, de la necesidad de desarrollar políticas familiarmente responsables, especialmente en el mundo empresarial, de la imagen de la familia en los medios, del fortalecimiento de los matrimonios, o de la necesaria “inversión” en familia (nunca “gasto”)'

Todas estas expresiones impregnan hoy la agenda pública europea. Y se traducen en la puesta en marcha de ministerios o departamentos de familia, en todos los niveles, que se distinguen claramente de los de asuntos sociales, ya que mientras unos se dirigen a todo el conjunto de familias, los otros atienden específicamente la lucha contra la pobreza o la exclusión social. Y con ellos, se ponen en marcha las llamadas políticas familiares, planes integrales con objetivos concretos, y con un consenso social importante, que les da estabilidad pese a los diferentes cambios de Gobiernos.

¿Cuál será, pues, el futuro de Costa Rica? Dependerá de cómo afronten sus responsables estos nuevos desafíos, que llegan a gran velocidad. De si reconoce que “invertir” en familia, en capital humano, es lo mismo que invertir grandes dosis de esperanza en la cohesión social y en el futuro del país, aunque los resultados de sus esfuerzos no se vean en el corto plazo. Se ha dado ya un primer paso con el anuncio de la creación de un ministerio de familia, al que se quiere llenar de contenido. Ahora habrá que saber generar el pacto social necesario para hacer de estas políticas una cuestión de Estado y, como ha sabido hacer Costa Rica para combinar la industria y la tecnología con un exquisito respeto al medio ambiente, demuestre también que hacer mejores a sus familias es garantizar un futuro mejor para todos.

Raúl Sánchez, director del Observatorio de Políticas Familiares de la Universidad Internacional de Cataluña.

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comentarios

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Edgar Manuel chacon Lizano 00:00 18/7/2011

La ley de Espectáculos Públicos las señoras y señores diputados deben de reformar en solitario, jamás vamos a ver a un medio que lo ponga en discusión. Yo sigo creyendo que la mujer perfectamente puede desempeñarse como rol de mujer, que cuida, y engendra niños, encargada de un hogar que da el milagro de la vida de la mano con su superación personal-profesional desde la fe bien bien. La ley de Espectáculos Públicos ha puesto en competencia a las familias costarricenses es la gran amenaza.

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Edgar Manuel chacon Lizano 23:49 17/7/2011

Sí se ha dado un miedo infundado a la llamada "bomba demográfica" y es un puro mito, a cambio sí hay otras catástrofes económicas y sociales que denuncia el articulista. Con la anticoncepción artificial si hicieron posibles TODAS las formas de inmoralidad. Se ha violado la dignidad de la mujer. No creo que C.R vaya a un destino tan oscuro como el europeo. En lo que sí hay un vación son en políticas de familia y es urgente hacer algo empezando por reformar la ley 7440 Espectáculos Públicos.

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