Diez meses de una pasantía en la universidad Virginia Tech, en EE. UU., bastaron para que la joven biotecnóloga Ana Lisa Valenciano hallara una nueva “arma” genética para combatir una enfermedad tropical para la que, hasta el momento, no hay fármacos eficaces ni baratos.
La investigadora tica tiene solo 21 años de edad, y la enfermedad que estudia es compleja.
Se trata de la leishmaniasis, un mal que causa úlceras o llagas en la piel, y hasta la inflamación del hígado y del bazo. Puede ser un mal mortal, además de doloroso.
La leishmaniasis es provocada por el parásito Leishmania major. Para vivir, este parásito requiere una enzima (proteína) llamada “galactopiranosa mutasa”.
Con el fin de detener la proliferación de la enfermedad, Valenciano estudia cómo inhibir la acción de esta enzima y, por lo tanto, matar el parásito que la contagia. Su hallazgo fue publicado en la revista Enzyme Research y, debido a su trascendencia, la joven obtuvo una beca completa para realizar un doctorado.
“Ya se sabía que esta enzima era clave en la supervivencia del parásito, pero no se había podido aislar los genes y estudiarlos”, comentó Valenciano a La Nación.
Valenciano realizó la pasantía en el laboratorio de Pablo Sobrado , bioquímico costarricense en el Virginia Tech. Allí, se estudian posibles remedios contra la tuberculosis, mal de Chagas e infecciones respiratorias causadas por un hongo.
“El estudio sobre la leishmaniasis estaba un poco relegado, así que le propusimos a Ana Lisa retomarlo”, dijo Sobrado.
El cómo. Para llegar a este hallazgo, la investigación de Valenciano consistió primero en extraer genes del parásito Leishmania major y colocarlos sobre una bacteria para ver cómo se comportaban. Luego, se extrajo la enzima galactopiranosa mutasa y se analizaron sus genes. La intención es determinar mecanismos mediante los cuales pueden “desactivarse” o “silenciarse”.
“Utilizamos tecnología de punta en biología molecular y, gracias a ello, pudimos por primera vez obtener los genes de esta enzima y estudiarlos. Nuestro método resultó 20 veces más eficaz que los que se intentaron antes”, dijo la científica.
“Ya logramos el primer paso, que es extraer los genes de la enzima y ver cómo se comportan. Primero tenemos que entender la enzima, ver qué hace, cómo lo hace; luego, podemos ir al segundo paso: crear una forma de inhibirla y que esta sea la base para futuros medicamentos. Aún faltan años de investigación, pero ya empezamos el camino”, agregó.
Mal poco común. Consultado por La Nación, el parasitólogo costarricense Adrián Avendaño afirmó que la leishmaniasis es una enfermedad muy rara en Costa Rica, y que los pocos casos que se registran aquí son muy leves. Destacó, sin embargo, que este mal sí afecta a personas en otros países, especialmente en África.
El especialista señaló que el mosquito transmisor –el Lutzomyia– es muy mal volador, por lo que, por lo general, quienes se infectan es porque están en contacto con el “refugio o criadero” del patógeno. En el país, la mayoría de los casos son de personas que hacen giras de campo a lugares húmedos o que viven donde hay criaderos.
“Se transmite por un mosco llamado Lutzomyia. Hay dos tipos de manifestaciones: la cutánea y la visceral. En la cutánea se producen úlceras en la piel, justo en el sitio de la picadura; en la visceral se agrandan los órganos, principalmente el hígado y el bazo”, dijo Avendaño.