La política de las transformaciones sociales y económicas de fondo, de resultados concretos e históricos, brilla por su ausencia.
La política de las transformaciones sociales y económicas de fondo, de resultados concretos e históricos, brilla por su ausencia.
I. Juicio moral y control político. En la Asamblea Legislativa, por ejemplo, el espectáculo circense está a la orden del día, las comisiones investigadoras se reducen a mezquindad, retórica, irrespeto y despilfarro, mientras el reglamento interno del parlamento es un monumento al arte de la mentira y el disfraz. Mejor harían los diputados y diputadas si se concentran en modificar las normas reglamentarias que los rigen, ofrecer soluciones a los problemas nacionales, legislar con sabiduría, y colaborar para que el Ministerio Público realice sus diligencias en un clima psicosocial adecuado a la evaluación objetiva de los hechos.
La valoración ética, derivada del control político, ha de estar precedida de investigaciones objetivas y formularse después de interrogatorios bien hechos, sistemáticos, respetuosos e integrales. Las expresiones verbales autoritarias, belicosas e insultantes, inspiradas en la presunción de corrupción y delito, contaminan de mediocridad y vulgaridad al control político y al debate público. Lo anterior, más la ausencia de humildad y autocrítica, han transformado el control político en un circo que envenena aún más el disminuido nivel mental de nuestra sociedad.
II. Parálisis histórica. Pero si en materia de análisis político, juicio moral y legislación positiva y transcendente, la Asamblea Legislativa es por completo deficitaria, el Poder Ejecutivo no se le queda atrás. Hasta el momento, tan solo administra un Estado ineficiente, administra pero no gobierna. Gobernar es marcar un rumbo al país, comunicarlo con eficacia y tomar medidas claves sobre asuntos claves de la convivencia colectiva, pero el Ejecutivo carece –o no lo sabe comunicar– de un planteamiento estratégico que ilusione a la población y ofrezca un norte de realización nacional.
La oposición política, por su parte, está sumida en una evasión gigantesca y farisaica, cantando loas a una coalición de papel mientras los intereses coyunturales y las diferencias conceptuales y éticas evidencian su división real e inevitable. Liberación Nacional, entretanto, a las puertas del sesenta aniversario de su fundación, es un gigante dormido, sus estructuras orgánicas están inertes y sus fuerzas intelectuales se encuentran dispersas. La dirigencia gremial (de educadores y otros) se encuentra envuelta en reivindicaciones feudales de pequeños grupos, y tontamente agitada por mundos ideológicos enfermizos.
Todo esto configura una situación de parálisis histórica. ¿Qué hacer? Reinventarse. Sin otra brújula que la libertad, sin otro norte que la verdad, sin otra trama que la ética, reinventarse. La sociedad nacional no aguanta por mucho tiempo más que se le ofrezcan las mismas recetas y los mismos lenguajes de siempre, requiere y exige una dosis de imaginación, creatividad, capacidad de acción y decisión, muy por encima de lo que hemos visto en los últimos meses.
III. No hay regreso al pasado. Luego de treinta años de esfuerzos nacionales tendientes a promover la apertura comercial, la reforma del Estado y la desmonopolización del sector público, la sociedad costarricense ha cambiado de manera radical. La vía de desarrollo nacional impulsada desde los años ochenta del siglo pasado se ha consolidado, no hay posibilidad objetiva de regresar al pasado de un estado centralista, paternalista e interventor, y no es deseable.
El desarrollo hacia afuera presenta sin embargo tres insuficiencias: la persistencia de la pobreza, la desigualdad social y un débil, casi anémico sentido de la ética pública. Esta es la condición histórica que subyace a la situación política: Una estrategia de desarrollo que conviene intensificar y perfeccionar, al tiempo que se le introducen correcciones en materia de políticas sociales, desarrollo sostenible y calidades morales (no moralistas) y de conocimiento de quienes asumen responsabilidades políticas.
IV. El bloque opositor. ¿Se encuentra el bloque opositor a la altura de la condición histórica referida? No. La coalición creada a nivel parlamentario es un conglomerado de cambiantes motivos coyunturales unidos en torno a la obsesión de derrotar al Partido Liberación Nacional. En la oposición coexisten, por razones oportunistas, tres proyectos históricos mutuamente excluyentes: uno de centro/derecha formado por el Movimiento Libertario y el Partido Unidad Social Cristiana, otro de centro/izquierda neoestatista –y ahora pragmático– constituido por el Partido Acción Ciudadana, y uno de izquierda cuyo núcleo principal es el Frente Amplio. La coalición opositora es una orgía de amantes enemigos, donde cada actor se desnuda y transmuta sin recato ni arrepentimiento.
¿Será posible que conduzca a que los partidos políticos que la forman se nieguen a sí mismos, se desdigan de su historia, orígenes y principios, y renuncien al debate de fondo sobre el modelo de desarrollo, extasiados en el placer de lo inmediato y coyuntural? Si es así ¿qué confianza puede generar un bloque político formado de manera tan superficial, camaleónica y oportunista? Entre rigideces principistas, goces orgiásticos y flexibilidades oportunistas la oposición se engaña a sí misma y se prepara para engañar a los electores.
V. Gobierno y PLN: tres correcciones. Respecto al gobierno del Partido Liberación Nacional, los errores políticos han desdibujado su gestión gubernamental. Existen, a este respecto, tres correcciones que al Poder Ejecutivo le conviene diseñar y ejecutar a la mayor brevedad: primero, comunicar un planteamiento con contenido, bien fundamentado, sobre el desarrollo de Costa Rica, el Gobierno debe proponer a la ciudadanía ideales ambiciosos (no decir que renuncia a ellos) y trabajar para alcanzarlos con realismo; segundo, procurar múltiples acercamientos en positivo con el Partido Liberación Nacional, lo que implica mejorar las relaciones con el movimiento arista, que es la más importante fuerza política de esa organización y la fuente principal de la propuesta política y programática del PLN desde los años ochenta del siglo XX hasta el presente.
Esta corrección no expresa amor, responde a una necesidad político-práctica que conviene atender con sentido positivo y nacional y, tercero, el Gobierno debe mostrar voluntad para tomar las decisiones que el país requiera. Ser débil, evadir los temas de fondo, buscar siempre tibiezas y medias tintas, es la mejor vía al precipicio. Costa Rica vive momentos extraordinarios y exige liderazgos extraordinarios.