¿Cuál es la historia? Hace sesenta años, David McClelland –uno de los gigantes de la psicología del siglo XX– tomó una lámina y comenzó a preguntarles a las personas: “¿Qué ve usted en este dibujo?”.
Al ver la lámina, algunas personas decían: “Está claro: la investigadora de anteojos da instrucciones muy precisas a su asistente...”; en general, estos individuos contaban historias asociadas con relaciones de jerarquía y poder. Otras personas veían la misma ilustración y decían: “¡Qué lindo! Dos amigas inician el trabajo del día comentando las actividades de sus familias durante el fin de semana...”; en este caso, los relatos giraban alrededor de las relaciones sociales gratificantes. Finalmente, otros veían la figura y apuntaban: “Obviamente, se trata de dos investigadoras a punto de hacer un gran descubrimiento”; para este grupo, la imagen sugería historias de logro de metas y búsqueda de la excelencia.
Tres motivos principales. A partir de una serie de láminas ambiguas (algo que los entendidos llaman test proyectivo), McClelland detectó que las personas construían relatos basados en tres temas o motivos principales. El primero era la necesidad de poder: un impulso por controlar información, recursos y a otras personas. Un segundo motivo era el logro, es decir, el deseo de acometer retos y alcanzar la excelencia. El tercer motivo era la afiliación, entendida como la búsqueda del amor profundo y la amistad verdadera.
Ahora bien, estos tres motivos (logro, poder y afiliación) se desarrollan en la vivencia cultural y la experiencia de vida y están presentes en todos nosotros. Eso sí, uno de ellos domina y nos confiere un perfil particular.
Asimismo, en el plano social, la mayor o menor fuerza de cada motivo da un tinte particular a cada cultura.
Y... ¿dónde están los datos? Viajero incansable, McClelland va desde la India hasta México y desde Austria hasta Camerún. En 1974 realiza un estudio del perfil motivacional del venezolano y aprovecha para extender el estudio por Centroamérica –algunos recuerdan su paso por Costa Rica–. En la región encuentra un perfil cultural característico: somos fuertes en poder y en afiliación y relativamente bajos en logro.
El motivo de logro está muy relacionado con métricas, metas y plazos. Por ello, entender nuestra debilidad en este dominio podría ayudar a explicar ciertos fenómenos:
* Un sesgo antimétrico en la cultura, en la que las personas opinan y verbalizan corazonadas y deseos, sin sentirse obligadas a sostener lo dicho con datos. Así, al no existir una disciplina métrica, cada vez que hay que “fijar un número” todo es un albur (¿cuánto es mucho?, ¿cuánto es poco?). El reciente caso de las “multas desproporcionadas” ejemplifica lo apuntado.
*La ausencia generalizada de “línea base”: cada vez que alguien pide los datos, todo el mundo sale corriendo a fabricarlos pues –aquí y ahora– ...no los tenemos.
*La dificultad para manejar plazos, presente en las filas de última hora, las tareas entregadas a la carrera y las reuniones sujetas a “consecuencias invertidas”: quienes llegan puntualmente son castigados (deben esperar al resto), mientras que los impuntuales son premiados (apenas llegan, ¡comienza la reunión!).
*Una interpretación afiliativa de las cosas: si mi hijo se saca una mala nota, la profe “no me lo quiere” y si el jefe me pone límites, es porque me odia.
*Una “urgencia” permanente (todo es “para ayer”) compensada por una noción de infinitud del tiempo que vuelve la planificación innecesaria pues “para todo hay tiempo”.
*Organizaciones desalineadas: poco enfocadas en el logro de metas y su impacto en la sociedad, se debaten entre luchas de poder, ritos afiliativos (el “amigo secreto”, la “lista de cumpleaños”, etc.) y jugosas historias sobre colegas que se entregan –mutuamente– a pasiones clandestinas.
*Un manejo espurio de los datos: a inicio de año diseñamos planes llenos de indicadores que nadie va a medir y de metas que si se alcanzan no pasa nada y si no se alcanzan, tampoco.
McClelland solía recordar que el crecimiento económico, el desarrollo y el escape de la pobreza están directamente ligados con la intensidad del motivo de logro presente en una cultura. Así, fortalecer el motivo de logro es un tema-país, que arranca con todos y cada uno de nosotros. Después de todo, cuando uno está frente a la ilustración mencionada, ¿Qué es lo que ve?