Noticias conmovedoras: “Directorio legislativo frenó viaje para diputado y asesora”. El susodicho había planeado asistir, en agosto, por tres míseros días, a un curso sobre cooperación técnica en Washington D.C. con su respectiva traductora.
Anteayer el presidente de la Asamblea Legislativa anunció que “no dará más permisos” pues se acabó la plata para estos menesteres y que está “en un proceso de revisión de las solicitudes de viajes fuera del país”. Una diputada exclamó: “La Asamblea no es una agencia de viajes. Estamos en una época de crisis fiscal”. ¿De veras? Se publica, además, con estas noticias una foto grandota de los diputados “que no han salido del país”.
En fin, la masa de la lora o, como dijo alguien, peanuts. Mientras tanto, un diputado, experto en cosas fiscales, acaba de anunciar que el proyecto respectivo en su comisión no avanza y el referente a la cogeneración eléctrica sufre los mismos entuertos. Bueno, esto es lo que uno oye, pues la discusión de estos magnos proyectos es un misterio mediático ¿Cuánto le habrán costado al país estas “deliberaciones” por más de un año? Si hiciéramos números, equivaldrían a un viaje cada mes de los 57 diputados con su familia y sus vecinos, con todos los gastos pagos, durante unos 10 años, en primera clase o en sabrosos cruceros por el Caribe o el Egeo.
No es cierto que los diputados no trabajan. ¿Cómo no van a trabajar si pasan todo el día metidos en la Asamblea Legislativa o, fuera, en funciones de su cargo? El problema está en que les dedican buena parte del tiempo a los “peanuts”, entre los que se incluye la cháchara demagógica de las comisiones, y mucho menos a lo esencial. ¿Ser o estar? Y se desatiende lo esencial porque, como se ha escrito hasta la saciedad, nuestra Asamblea Legislativa funciona con un reglamento expresamente aderezado para obstruir, entorpecer y perder el tiempo, esto es, ideal para los mediocres y demagogos, ya de sobra conocidos, funesto para los diputados estudiosos y responsables y, por culpa de los primeros, un Chirripó anual de despilfarro, la causa primera, por acción e inacción, de nuestra crisis fiscal.
Que me perdonen los padres y las madres de la patria, pero esas conmovedoras noticias sobre la angustia que producen en sus almas pudibundas los viajes de algunos diputados, con crisis fiscal o sin ella, no es sino una comedia, mientras la Asamblea Legislativa no se rija por un reglamento en serio, donde primen el valor del tiempo, nuestra riqueza y el interés público, y no el interés de un grupo de diputados y de sus respectivos caciques.