EDITORIAL

En Costa Rica sí es posible

En el marco de la Guerra Fría y el conflicto centroamericano, Costa Rica sufrió el terrorismo, y un puñado de sus jóvenes fueron reclutados para subvertir el orden

En la actualidad, la violencia también campea por el Istmo. Sus motivaciones son diferentes, pero persiste la tendencia a considerarnos ajenos al entorno

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12:00 a.m. 08/07/2011

El sábado, las páginas de La Nación trajeron a la memoria un periodo histórico que no conviene olvidar. En el marco de la Guerra Fría y el conflicto centroamericano, Costa Rica sufrió el terrorismo, y un puñado de sus jóvenes fueron reclutados para subvertir el orden por medios violentos, sin más justificación que el fanatismo incubado en sus mentes dúctiles y escasas de formación.

Los más nobles sentimientos de justicia, anidados en corazones jóvenes, se trastocaron en impulsos homicidas bajo la conducción de dirigentes radicalizados, con mucha más edad que sus reclutas. Viviana Gallardo, una chiquilla de escasos 18 años, se convirtió en símbolo de aquella juventud extraviada. El país no debe olvidarla, no porque sus actuaciones tengan alguna justificación posible, sino para impedir una repetición de tragedias semejantes.

En esta Costa Rica tan proclive a pensar en sí misma como totalmente distinta, sucedió lo que en tantos países de Latinoamérica: un sector de la juventud de clase media –no de los desposeídos que decían defender– optó por la rebelión radical para producir un cambio social y político cuyas consecuencias demostraron ser trágicas en otras regiones del Continente y el mundo.

Costa Rica, es cierto, estaba entre los países mejor preparados para enfrentar el reto sin recurrir a la represión generalizada. El Gobierno democrático, los avances en materia social y un importante cúmulo de razones históricas mantuvieron a los radicales confinados a minorías muy reducidas. Aun así, la célula de “La Familia”, con la cual estuvo vinculada Viviana Gallardo, consiguió sembrar zozobra y derramar sangre en la más pacífica de las naciones centroamericanas.

El 17 de marzo de 1981 el país presenció, atónito, la explosión de una bomba en el consulado de Honduras y el ataque a un vehículo cargado de marines estadounidenses, asignados a la custodia de su embajada en San José. Tres meses más tarde, el 12 de junio, Gallardo y cuatro miembros de “La Familia” protagonizaron tiroteos donde fallecieron tres policías y un taxista. El vehículo utilizado por los terroristas pasó sobre el cuerpo de uno de los oficiales, tendido en el suelo por las heridas de bala.

Viendo las fotos publicadas el sábado por este diario, es difícil creer en cualquier participación de aquella jovencita en hechos tan espeluznantes. Sin embargo, la policía insiste en describirla como “una mujer muy violenta” y un “brazo militar” del grupo que cometía asaltos y robos de vehículos para obtener dinero e intensificar sus labores de reclutamiento.

Al amanecer del 1.° de julio de 1981, Viviana Gallardo fue asesinada en su celda de la Primera Comisaría de San José, en las cercanías de la antigua Penitenciaría Central, por un guardia civil que dijo haber actuado en represalia por la muerte de sus tres compañeros. Sus motivaciones fueron cuestionadas desde el primer momento y solo queda en claro que le arrebató al país, además de una vida joven, la oportunidad de comprender mejor sus descarriadas actuaciones.

Gallardo había sido detenida poco antes, junto con 19 personas vinculadas por la policía con el grupo terrorista. Todos eran universitarios, profesores y alumnos. No era un grupo pequeño y su potencial para hacer daño quedó bien demostrado.

Pasados treinta años desde aquellos dolorosísimos sucesos, Costa Rica hace bien en recordar. Los menores de 40 años, la mayor parte de la población nacional, más que recordar, necesitan aprender que el carácter excepcional de nuestro país y su estabilidad no son un resguardo absoluto frente a los retos de la violencia, sea cual sea su naturaleza.

En la actualidad, la violencia también campea por Centroamérica. Sus motivaciones son muy diferentes, pero no ha cambiado la tendencia nacional a considerarnos ajenos a la realidad del entorno. Es una violencia vinculada con el crimen organizado, sin pretensión alguna de justificación ideológica ni altruismos descarriados. Recluta adeptos entre la juventud de otras clases sociales y con otros argumentos. Los hechos de los años 80 deben recordarnos que, por mucho que nos resistamos a creerlo, en Costa Rica sí es posible'

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comentarios

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Giovanni Mantovano Sorna 11:16 19/8/2011

Otra forma de decir que "optó por la rebelión para producir un cambio social y político de consecuencias trágicas en otros lugares" sería: "optó por la rebelión para evitar un sistema político que demostró ser trágico en otros lugares como Chile de Pinochet, Argentina de Videla, Nicaragua de Somoza y la Alemania de Hitler." Busquen en Google: "Operación Charly" y vean en qué años sucedió y de qué exactamente nos estaba defendiendo Viviana Gallardo que sucediera. El peligro era REAL.

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Giovanni Mantovano Sorna 11:10 19/8/2011

Le temo más al homicidio de parte del gobierno que al homicidio de parte de revoltosos. En cierta forma, lo primero justifica lo segundo. En un estado en el que se asesina a discreción a los pobladores, yo TAMBIÉN me convertiría en revolucionario.

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Belisario Perez Jimenez 23:10 8/7/2011

Este es otro editorialista, el anterior decía estulticias en relación con la reación del Estado Palestino. Toda represión violenta trae mayor dolor y destrucción. belisriioperez@hotmail.com

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Luis Martinez 18:35 8/7/2011

Don Luis Fernando, esos tiempos fueron muy dolorozos para todos, y lo peor que se puede hacer es olvidar. Como en muchos otros paises, siempre se recuerda epocas como estas, y se cuentan la historias a generaciones mas jovenes, y sabe para que?, para que nunca se cometan los errores del pasado de nuevo, su posicion es erronea, hay que decir las cosas como fueron y como son para poder aprender y entender y quizas contruir un futuro mejor.

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Luis Fernando Rojas Coles 15:01 8/7/2011

Como periodista y ciudadano me correspondió vivir, absolutamente cerca, todo lo que involucró a este grupo. Y les puedo decir a algunos "cabezas calientes e irresponsables" que la zozobra y el miedo que vivió el país se convirtió en una pesadilla. No traigamos fantasmas del pasado que en nada contribuyen a mejorar está nación, llena de defectos, pero también, colmada de virtudes. No seamos necios.

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