Bosques protegidos

Los árboles estaban de fiesta

Bosques protegidos Desde inicios del siglo XX, los ticos sembraron árboles para festejar el 15 de junio

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David Díaz Arias david.diaz@ucr.ac.cr 12:00 a.m. 12/06/2011

En la sesión del 24 de marzo de 1915, el secretario de la Sociedad Federal de Trabajadores de Costa Rica propuso a esa asociación celebrar el 1.º de mayo, Día del Trabajo, sembrando árboles. La propuesta fue aprobada y la Sociedad envió una nota a la Municipalidad de San José en la que le solicitó permiso para llevar a cabo aquella actividad en La Sabana.

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El municipio otorgó el permiso y cedió cuatro hectáreas de terreno; a su vez, la Sociedad formó un comité que se encargó de preparar lo que llamaron la “Fiesta del Árbol”.

La fiesta comenzó el 1.° de mayo a las 7 a. m. con la repartición de árboles a escolares que se reunieron en el frente del edificio de la Sociedad, en la calle 11, sur, de San José.

Luego, a las 8 a. m., se produjo un desfile por la avenida Central, encabezado por la Banda Militar y con rumbo al sitio elegido para la siembra. Allí se cantó el Himno Nacional, se pronunciaron discursos y se repartió un refrigerio entre los presentes.

El presidente Alfredo González Flores asistió a la actividad con entusiasmo. Los niños concurrentes –mil según la crónica– plantaron, cada uno, un árbol al que le pusieron su nombre y prometieron asistir con regularidad a cuidarlo. Algunos trabajadores hicieron la misma promesa. En el folleto que se publicó para recordar la fiesta, se apuntó:

“El bosque que ha principiado a formar la Sociedad Federal de Trabajadores debe conservarse y aumentarse. Para eso cuenta esta Sociedad con la buena voluntad de los ciudadanos que deben tomar como propio este parque que algún día será el mejor centro de diversión de la capital y el más hermoso monumento a la cultura de la clase trabajadora de Costa Rica”.

El señor Ciriaco Zamora recordó que la primera vez que se celebró la Fiesta del Árbol fue en 1901, pero entonces no se pudo construir una tradición anual.

Justamente por eso, unos días después, el presidente González Flores se comprometió a crear oficialmente la Fiesta del Árbol. Efectivamente, así lo hizo, y un decreto suyo instituyó “la Fiesta de la Plantación de Árboles, la cual se efectuará todos los años en la estación oportuna”.

Más claramente, el gobierno escogió el 15 de junio para celebrar la nueva fiesta que pretendía –de acuerdo con el decreto– ser parte de “una campaña contra la devastación de los bosques”.

Instrucciones. Hay indicios de que la fiesta comenzó a celebrarse regularmente después de 1915. Hay varias crónicas que se refieren a la celebración en la década de 1920, pero a inicios del decenio de 1930 fue aparentemente necesario insistir en la importancia de esta actividad.

Así, el 27 de mayo de 1930, Abelardo Quesada, un funcionario de la Secretaría de Educación, giró instrucciones a los directores de las escuelas y les señaló la manera en que se podría celebrar la fiesta.

Las instrucciones constaban de nueve puntos. Se indicaba la necesidad de que todas las autoridades de cada localidad se presentasen a la celebración con el fin de hacerla más atractiva.

Luego se advertía de la importancia de “estudiar el modo de comprar, por contribución de todos o donativos de corporaciones o vecinos pudientes, un rollo de alambre de púas para cercar el área dentro de la cual se siembren arbolitos y semillas”.

La nota insistía en “dar protección a las plantas que de un modo espontáneo nacen a orillas de los ríos, riachuelos, etc.” y recomendaba particularmente el cuidado de las siguientes “plantas protectoras de las fuentes: plomillo, guitite, poró, guineo y los árboles frutales”.

También se aconsejaba sembrar coníferas en “tierras estériles donde se desee agrandar los bosques” y “llevar buenas frutas cuyas semillas pueden ser sembradas en algún lugar” y luego ir regularmente a esos sitios a cuidar el crecimiento de los árboles.

Quesada subrayó que, si el deseo era sembrar árboles en las orillas de las calles, lo mejor era utilizar palmeras, “tanto por su extraordinaria belleza como porque no perjudican con sus raíces los caños [']. También en este caso, cualquier planta enana de raíces de poco desarrollo”.

Finalmente, el funcionario pidió a los maestros que explicasen “a vecinos y niños los beneficios que prestan los árboles en todos los aspectos” y que, una vez concluidos los festejos, informaran a la Secretaría de Educación sobre la fiesta “y el número de semillas, de arbolitos sembrados y la clase de las mismas”.

Como se ve, las instrucciones pretendían controlar la ejecución de la fiesta de acuerdo con el acontecimiento que las instituyó y, a juzgar por una queja, tuvo éxito.

Protesta y réplica. En 1931, el jefe administrativo de la Secretaría de Educación recibió una larga carta de parte de una maestra de Los Ángeles de Atenas. La misiva es importante ya que prueba el buen conocimiento del objetivo de la fiesta. La profesora indicó:

“Las leyes de la república, hace muchos años introdujeron la Fiesta del Árbol con el deseo muy laudable de que el pueblo se sirva de él como ornato en lugares públicos ['] y que comprenda en una forma práctica que la fronda de los árboles dan belleza y que, sembrados a la orilla de las fuentes escuetas, aumentan el caudal de sus aguas y que por el mismo hecho no deben talarse los bosques aledaños a los ríos y que, en caso de cortar árboles en los bosques, cuya presencia es necesaria, se siembren y vigilen los árboles o semillas que han de reemplazar a los ausentes”.

No obstante, la docente escribió su carta como una queja por la manera en que se había desarrollado la celebración en su localidad.

Lo primero que le disgustó a la maestra fue que no le enviaron invitación para participar, a pesar de que siempre fue una activa asistente a esas fiestas.

No obstante, la queja era más seria porque, según ella, la fiesta se realizó “a la carrera”, después de un temporal, y la siembra de árboles fue insignificante y a los alumnos que faltaron “por cobardía a la lluvia”, se los castigó “con una ausencia injustificada por valor de dos colones cobrados por la Jefatura de este cantón con la orden de pagar o la cárcel”.

La directora de la escuela de aquella localidad respondió a la denuncia de la maestra, y, para darles mayor respaldo a sus afirmaciones, envió su informe con la firma del visitador de escuelas. La directora negó todo lo dicho por la maestra y explicó su proceder en la fiesta:

“Tengo el gusto de informar a Ud. que el 20 de junio se llevó a efecto la Fiesta del Árbol sembrando 60 arbolitos de mango, naranjo, cedro, guaba, guapinol y madera negra en el riachuelo Quebrada Matías. Esa fiesta la habíamos preparado hacía quince días, los niños tenían ya su arbolito listo y la víspera de dicha fiesta les recomendamos que convidaran a sus padres”.

La directora indicó que solamente dos niños habían faltado a la fiesta, y que uno de ellos era el sobrino de la maestra quejosa.

Más allá de lo anecdótico de lo ocurrido aquel día en Atenas, lo cierto es que la correspondencia citada deja muestras de una fiesta que se celebraba regularmente con una variada participación comunal y de cuyos resultados (los árboles sembrados) probablemente disfrutaron ya los hijos de sus participantes.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE HISTORIA DE LA UCR E INVESTIGADOR DEL CIHAC. ESTE ARTÍCULO RESUME ASPECTOS DE UN LIBRO EN PREPARACIÓN SOBRE RITOS CÍVICOS EN LA COSTA RICA DEL SIGLO XX.

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