En buen tico, Sebastián Gaetano es un pata caliente. Este argentino es de los que no se niega al llamado de la carretera para ir en busca de aventuras; así fue como llegó a Costa Rica en el 2002; su visita era de 12 meses, pero ya lleva casi nueve años, y no parece muy interesado en que eso cambie.
Vea parte del trabajo de Sebastián Gaetano
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Este hombre, nacido en la provincia de Córdoba, llegó del sur del continente, después de viajar por la selva amazónica y pasar por el Caribe venezolano, cargando un circo a sus espaldas, el Aráknido Circus , y su personaje Señor Aráknido. Se trata de su proyecto multidisciplinario de teatro de calle y circo, donde él solo se encarga de atraer al público, hacerlo reír, ponerlo a soñar y transformarlo en cómplice de sus aventuras.
Gracias a su trabajo, ahora Costa Rica es su centro de operaciones, desde donde se mueve a festivales en Guatemala, México y España. Además, no deja de recorrer el país, ya sea en festivales estatales e iniciativas independientes.
Dura tarea. Luego de recorrer varios países, el suramericano descubrió el Caribe, en Venezuela, acontecimiento que, por su belleza, lo marcó profundamente. Gracias a ese impacto, aceptó la invitación del grupo La Piedra Rodante para venir a Costa Rica.
Lo recibió un país con un Caribe alucinante, donde de inmediato comenzó a presentar su espectáculo. Los primeros días no fueron sencillos, incluso tuvo que animar fiestas infantiles, que no es precisamente lo que más le atrae.
Sumado a que las oportunidades no florecían, su estilo de humor, recordó, tuvo algo de resistencia. “No se entendía muy bien mi rumbo como clown; tenía un humor diferente al de acá, me costó que me aceptaran; por eso, tuve que comenzar a abrir mis propios espacios”, recordó el Señor Aráknido.
Pese a encontrar un camino cuesta arriba, no conoció el hambre: siempre encontró maneras de salir adelante, usando su creatividad artística.
En ese camino, los amigos aparecieron; por eso, no olvida a Gabriel Retes , director de cine mexicano, con quien trabajó en el idealista proyecto de cines y teatro independiente El Semáforo, en San Pedro.
Hoy solo queda el cuento de ese lugar, instalado cerca de la calle de la Amargura, pero durante dos años fue un espacio donde no solo actuó en la obra Trainspotting (2004), sino que también trabajó en la creación de la sala misma, junto con otros artistas.
La discriminación por ejercer el oficio de artista de calle no le es desconocida; sin embargo, aseguró que el arte circense se pone cada vez más de moda, por lo cual aquella exclusión pasa poco y cuando ocurre es en parte porque hay artistas que tienen una rebeldía mal encaminada, según dice.
¿Se puede vivir aquí del circo y el clown? Él es el primero en decir que sí y defender su posición. “Es difícil, pero lo estoy logrando. Eso sí, hay que hacer de todo: ser productor, tener varios proyectos a la vez. Me gusta el teatro de calle y, por eso, quiero realzarlo, darle su espacio”, afirmó Gaetano.
Como parte de eso que llama abrir espacios, es que puso cabeza y dinero para crear el Festival de Artes Cirkenses y Alternativas , cuya primera edición fue en el 2006 y que sigue vivo, aunque con algunos cambios en cuanto a estilo e invitados conforme pasan los años.
Del acercamiento con otros creadores y aspirantes, se convence de que estas formas artísticas que coquetean con la calle y muestran un poco con la rebeldía, tienen futuro dentro de estos 51.100 kilómetros cuadrados.
Para que eso suceda se hacen necesarias escuelas de circo –actualmente, la única que funciona formalmente como tal es Paraguas Roj o– y salas que les abran sus puertas a estas propuestas.
“Hay mucha gente que está comenzando, con un trabajo muy interesante; ahora lo que falta son lugares donde desarrollarlo (el arte circense)”, dijo el argentino.
Proyectos. Aunque el Caribe lo impactó profundamente, y la tranquilidad del país influyó mucho para que echara raíces, Gaetano también encontró en los brazos de una tica una razón más para prolongar su estancia.
Por ahora, los hijos no aparecen en su camino, pero ese es un punto más en su lista de pendientes; incluso, aseguró, le encantaría que uno de sus retoños siguiera sus pasos artísticos.
“Todavía no, en algún momento. Me gustaría que fueran artistas; me parece que es una profesión hermosa, aporta mucho al mundo y contamina poco”, mencionó.
Mientras ese día llega, él sigue desarrollando ideas para el Señor Aráknido, personaje que es una mezcla entre maestro de ceremonias, malabarista habilidoso y mago con un puñado de trucos siempre bajo la manga, en su sombrero o guardados en su maleta.
Una de las aspiraciones en su recorrido por los caminos de la vida es establecer su propia compañía, con un espacio para ensayos, escenario para presentaciones y que también les abra oportunidades a otros.
Tampoco le preocupa o afana si eso no pasa, por ello desarrolla ideas para el Aráknido Circus. Actualmente, está en la etapa final de crear un nuevo personaje, del cual solo quiso adelantar que era posmoderno y muy extraño.
“Estoy en el mejor momento de mi carrera. Me comenzaron a llamar más del extranjero; ahora lo que tengo que hacer es pensar y crear nuevos números; renovarme constantemente”, afirmó.
Araña. Aráknido es una mutación del apodo araña, obsequio de un amigo de aventuras de infancia. Luego pasó a ser Araña Borradora hasta llegar a ser Señor Aráknido; y, bueno, con él nunca se sabe si pueda seguir mutando.
La pasión por el circo le nació desde su más tierna infancia, cuando su padre lo llevaba a ver los distintos espectáculos circenses que pasaban por su ciudad.
Gaetano recordó que hubo épocas en que coincidían hasta tres circos de carpa en Córdoba. Cuando fue creciendo, se hizo visitante frecuente a estos espectáculos, los cuales veía más de una vez.
Inquieto en demasía, llegó a llevar cuanto curso pudo en secundaria: primero, música y canto; luego, pantomima, teatro, malabares. Después, poco antes de concluir el colegio, decidió ir los domingos a un parque: con un tambor llamaba a la gente y ofrecía malabares y otros números.
Su idea fue estudiar cine, pero, al poco tiempo de ingresar a la universidad, hizo una pausa: quería recorrer el continente hasta México en busca de historias y madurez, para luego regresar. No obstante, descubrió que la vida le tenía preparado algo distinto.
Mucho ha aprendido en estos años lejos de su ciudad natal. Las dificultades las conoce cara a cara; sin embargo, en los peores momentos de su vida, siempre hace una pausa y se repite el mejor consejo que alguien le pudo dar alguna vez: “para atrás ni para coger impulso”.