Madrid.El País Internacional Modulá Abdul Raziq, de 40 años, consumía sus propias heces, bebía champú y embadurnaba con excrementos su cuerpo desnudo en una celda de Guantánamo.
Es uno de los presos que menos tiempo permaneció en el penal, ocho meses, y fue transferido a Afganistán en setiembre del 2002.
El afgano fue liberado no porque los estadounidenses reconocieran su equivocación, sino porque su lamentable estado psiquiátrico “dificulta o imposibilita obtener información durante los interrogatorios”, según un informe secreto en el que el general de brigada Michael R. Lehnert, del cuerpo de Marines de Estados Unidos, pide su repatriación a Afganistán.
Treinta presos en Guantánamo padecían enfermedades psiquiátricas, depresiones profundas, graves trastornos de personalidad y varios protagonizaron reiterados intentos de suicidio que en algunos casos se consumaron, según las evaluaciones médicas a las que se les sometía en el campo rayos X al ingresar en el centro carcelario y que ahora salen a la luz.
Los documentos secretos del Departamento de Defensa estadounidense demuestran que pese a su enfermedad, la mayoría pasó años encerrada antes de ser trasladada a sus países de origen.
La búsqueda de información primó por encima de la salud y, como en el caso del afgano Abdul Raziq, solo fueron entregados cuando se comprobó que su estado impedía obtener información de inteligencia fiable sobre al-Qaeda y sus aliados.
En Guantánamo se han producido docenas de intentos de suicidio entre la población reclusa, según revelan los informes del Departamento de Defensa estadounidense. Juma Muhamed Abd al-Latif al-Dosari, de 38 años, natural de Baréin, ostenta el récord en la prisión creada por George W. Bush, con 12 intentos.