EDITORIAL

Claroscuros en la economía de EE. UU.

Standard & Poor’s mantuvo su calificación de triple A para la deuda estadounidense, pero decidió rebajar el perfil futuro de “estable” a “negativo”

Demócratas y republicanos difieren sobre las soluciones, pero, en ambos casos, las propuestas de arreglo son a muy largo plazo

Calificación:          

12:00 a.m. 25/04/2011

¿Quién se iba a imaginar que algún día la mayor economía del mundo sufriría una reducción en la excelente calificación que había disfrutado por años? Sucedió el 18 de abril del 2011. La calificadora internacional Standard & Poor’s mantuvo su calificación de triple A para la deuda estadounidense, pero decidió rebajar el perfil futuro de “estable” a “negativo”. ¿En qué se basó para rebajar la nota? ¿Qué efectos podría tener en ese país y en el resto del mundo? ¿Qué lecciones se pueden derivar?

Los efectos, por ahora, casi no se han sentido en las tasas de interés de los títulos del tesoro a largo plazo. Sin embargo, Standard & Poor’s fue claro en la evaluación del riesgo: mantuvo su calificación básica de AAA porque la economía norteamericana sigue siendo flexible y muy diversificada, mantiene altos ingresos y las políticas monetaria de la FED y fiscal del Tesoro han apoyado el crecimiento de la producción sin causar inflación. Además, su posición única de emitir la moneda de reserva mundial (en casi todo el mundo se utiliza el dólar como moneda de reserva) le confiere un alto grado de liquidez. Por esa razón, no hay peligro real de no honrar sus obligaciones. Pero las cosas podrían variar. Y aquí es donde entra en juego la perspectiva negativa.

El informe dice, textualmente: “Consideramos que los déficits fiscales y crecimiento de la deuda pública, y el sendero por cruzar para revertirlos, no están claros. Por eso rebajamos la perspectiva de estable a negativa”. Y después agrega, tras un amplio análisis, sus dudas de que los principales partidos políticos puedan llegar a un acuerdo antes del 2013 para reducir de manera significativa los problemas fiscales. Si esa inquietud se materializara, la economía norteamericana “estaría mucho más debilitada que las de los demás países soberanos con calificación AAA”. En otras palabras, le dio un plazo de dos años a los políticos para ponerse de acuerdo y llegar a una fórmula “efectiva” de solucionar el déficit. Si no lo hicieran, no le quedaría más alternativa que cuestionar la calificación principal de triple A.

Standard & Poor´s tiene razón. En el cielo de la economía norteamericana se perfila una serie de claroscuros. Desde el estallido de la crisis (imprevista por todas las calificadoras) hasta ahora, la producción se ha venido recuperando satisfactoriamente, aunque sin llegar a los niveles del 2007; las utilidades de las empresas han subido; las bolsas de valores se han recuperado visiblemente (por ejemplo, el Dow Jones ha crecido de poco más de 7.000 puntos a 12.450); el desempleo bajó del 10% de la fuerza laboral al 8,8% en la última revisión; la productividad ha subido en este período (lo que, junto a la capacidad ociosa de recursos, ha retardado la reducción del desempleo); las expectativas han mejorado, se inició la recuperación de nuevas viviendas (aunque el inventario es todavía muy elevado), y las exportaciones, al igual que otras variables, han mejorado. Pero también hay preocupantes nubarrones.

Al cerrar este editorial, el precio del petróleo se había situado, de nuevo, alrededor de $112 por barril (WIT), lo que ha afectado un poco la inflación (medida sin excluir petróleo ni otros productos agrícolas) e impone una restricción al gasto de los consumidores en otros bienes y servicios (llenar un tanque de gasolina de un automóvil de consumo promedio cuesta alrededor de $45; uno de doble tracción exige $70). También han subido las materias primas, incluyendo acero, hierro, materiales de construcción, alimentos básicos como granos, incluyendo café (afortunadamente para Costa Rica). Todos estos factores se reflejan en el retroceso del dólar frente a otras monedas duras. La semana pasada, el euro se cotizaba a casi 1,46 por dólar. Si continuara bajando, y los precios del petróleo y materias primas subiendo, la recuperación de la producción podría quedar en entredicho e imponer una nueva carga para nuestros países.

El problema más complejo en los EE. UU., sin embargo, es de carácter político y fiscal. El político abarca varios temas: las costosas guerras en las que se involucraron los Gobiernos anteriores (Irak, Afganistán, Libia y la guerra contra el narcotráfico) que la administración Obama no ha logrado todavía contener e inciden en el déficit fiscal, al igual que la guerra no armada, pero igualmente declarada, entre los partidos políticos y sus respectivas fracciones en el Congreso para solucionar el preocupante y creciente déficit fiscal. Recientemente se llegó a un difícil acuerdo bipartidista para reducir $38.500 millones y evitar tener que cerrar actividades por falta de vigencia del presupuesto aprobado. Pero los debates fueron muy intensos.

Pronto se avecina la fecha en que debe incrementarse el límite de endeudamiento público aprobado para el Gobierno. Barak Obama, desde luego, desea fervientemente aumentarlo para poder seguir colocando deuda y no incurrir en una horrible moratoria. Los republicanos estarían de acuerdo, pero sujeto a nuevos recortes en el presupuesto, aspecto que resisten la Administración y sus bancadas en el Senado y Congreso.

Hay, por ahora, un impasse que se extiende al problema más serio del presupuesto del próximo año, con un faltante de $1,6 billones de dólares. Ambos partidos concuerdan en la necesidad de reducirlo, pero difieren en la forma de hacerlo. Los demócratas quieren imponer impuestos, sobre todo a los ricos (o, al menos, dejar expirar las reducciones aprobadas en el período de Bush padre), y rebajar gastos militares y de defensa, lo que rechazan sus contrapartes republicanas. Estos, en cambio, pretenden rebajar gastos mediante cirugía mayor, incluyendo los costosos programas de salud, y ampliar las bases tributarias eliminando exoneraciones y reducciones para generar mayores ingresos y poder reducir las tarifas, según la tendencia mundial.

Como se puede apreciar, ambos tienen puntos a favor y en contra, por lo que llegar a un arreglo no se vislumbra nada fácil. Pero ambos coinciden en arreglar el problema a muy largo plazo, demasiado, aspecto que rechaza Standard & Poor´s.

Equivale, en su visión, a patear la bola para delante. La conclusión inevitable es que, por ahora, no hay un panorama claro. En eso todos coincidimos.

compartir

     
  • Agregar Digg
  •  
  • Agregar Reddit
  •  
  • Agregar Furl
  •  
  • Agregar Facebook
  •  
  • Agregar Spurl
  •  
  • Agregar MySpace
  •  
  • Agregar Terchnorati
  •  
  • Agregar StumbleUpon
  •  
  • Agregar Delicious
  •  
  • Agregar MyAOL
  •  
  • Agregar Slashdot
  •  
  • Agregar Live
  •  
  • Agregar Twitter

califique la nota

comentarios

Avatar

Renan Sanchez B. 17:11 25/4/2011

El hecho es que predecir algo como lo anterior es muy fácil para cualquier economía de América. Si puedo añadir que al largo plazo se lograrán los objetivos en mesa por la efectividad con que se previenen las cosas por el Sr. Obama, a quién veo constantemente con los temas de economía, desempleo, migración, salud, libertad, etc, en el menú diario. No por menos es economista y candidato a la reelección. Veo que para cambiar tortas pasadas se debe amarrar uno bien los pantalones ahora.

Opine sobre este artículo

¿Es usted miembro? Ingrese al sistema

O regístrese utilizando Facebook


No logueado ..

Solo necesita su usuario y contraseña de Facebook.

Correo electrónico:

Contraseña:

 

Olvidó la contraseña ?

Presione aquí para registrarse gratis en nacion.com si aún no lo ha hecho. / Este sitio requiere Cookies