El último jueves de marzo, Estrategia Siglo XXI, Conare y el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos patrocinaron un seminario taller sobre ese sugestivo tema. Sobre ese tema, en el año 2008, la American Society of Civil Engineers, publicó un libro producto de varias investigaciones y contribuciones, denominado “Cuerpo de conocimientos de la ingeniería civil para el siglo XXI” .
La síntesis de ese trabajo es que la manera en que se practica la ingeniería civil, debe cambiar ya que la visión sobre la profesión, para el año 2025, postula que los ingenieros civiles están investidos por la sociedad para liderar la creación de un mundo sostenible y el mejoramiento de la calidad de vida.
Competencias. El enfoque seguido es el de competencias. Todo graduado universitario adquiere, durante su formación, unos conocimientos, unas destrezas y unas actitudes, que, cuando son las adecuadas, lo convierten en un buen profesional del ramo. Cuál sea el programa de estudios, la dedicación de los profesores, la metodología de enseñanza-aprendizaje o los recursos físicos y tecnológicos puestos en juego, viene a constituir parte del “cómo”, para alcanzar el “qué” que es la visión que se tiene sobre el profesional.
El estudio señala 24 resultados a los cuales debe conducir la formación del futuro ingeniero. Algunos son totalmente esperables, como por ejemplo, aplicar conocimientos matemáticos a la solución de problemas de ingeniería o resolver problemas en física, química y otra ciencia natural y aplicar sus soluciones al campo de la ingeniería. O usar el conocimiento de ciencias de los materiales para resolver problemas de la disciplina; analizar y resolver problemas en mecánica de sólidos y fluidos; diseñar experimentos, conducirlos, analizarlos y explicar los resultados; formular y resolver problemas de ingeniería y evaluar el diseño de sistemas complejos y evaluar su eficacia.
Las humanidades. Menos obvios, y quizá más esperanzadores, son estos otros resultados prescritos: mostrar la importancia de las humanidades en la práctica profesional de la ingeniería; mostrar la incorporación de conocimientos de las ciencias sociales a la práctica profesional de la ingeniería. Con esto, conjuraríamos el espectro del bárbaro ilustrado del cual hablaba Ortega. Y estos otros resultados que tienen un gran sabor de modernidad: evaluar la sostenibilidad del desempeño de las soluciones ingenieriles y analizar su impacto sobre la economía, el ambiente físico, político y social, lo cual se refiere a competencias sobre asuntos contemporáneos y perspectivas históricas.
Aquí el sabor que queda es el de que no todo lo que es técnicamente posible es saludable a la comunidad.
Otras competencias se refieren a analizar el riesgo y la incertidumbre inherentes a los proyectos. A manejar proyectos. A tener familiaridad con al menos cuatro áreas de la disciplina. Y a profundizar en alguna área especializada de la disciplina. Se señalan también competencias de comunicación. Competencias conducentes a la eficacia para ser un buen miembro de un grupo de trabajo multidisciplinario. Y para organizar y dirigir los esfuerzos de un grupo de trabajo.
Perspectiva global. Se espera que el ingeniero civil aplique técnicas y procedimientos de política pública a problemas de ingeniería que lo requieran y conceptos y procesos de gerencia privada y pública.
Y que analicen sus actividades profesionales desde una perspectiva global.
Finalmente, deben mostrar actitudes que apoyen su práctica profesional. Se quiere que planeen y ejecuten la adquisición de la experticia requerida para su práctica profesional, como forma de practicar el aprendizaje permanente.
En cuanto al sustrato ético, se propone que el ingeniero justifique las soluciones técnicas basándose en estándares profesionales y éticos. Que evalúe con responsabilidad su propio desarrollo profesional y ético.
Esta es una hoja de ruta para las carreras de ingeniería. Un reto para convertirse en carreras de clase mundial.
Y para los ingenieros en ejercicio, el fundamento de un programa de reciclaje y aprendizaje permanente.