Santiago Murillo nació en las faldas del volcán. Aún vive en San Juan de Poás, al igual que lo hicieron sus abuelos y papás.
“Sinceramente, no siento riesgo porque he vivido toda la vida aquí”, comentó mientras atendía su restaurante.
A unos cuantos metros, su vecina confesó que es normal escuchar retumbos. “No me quita el sueño; yo vivo tranquila: más bien me encanta”, manifestó Milena Ulloa.
Como ellos, el 58% de los vecinos que residen en el macizo del volcán Poás no considera que esta sea una zona de peligro, aun cuando sus casas están a escasos cinco kilómetros del cráter.
Así lo constató un estudio de percepción del riesgo volcánico elaborado por Yessika Blunda y cuyos resultados se publicaron en la Revista Geológica de América Central.
Blunda encuestó a 200 pobladores de Carbonel, San Miguel, San Isidro de Poás, Poasito, San Pedro de Poás, San Roque, San Rafael, Sabana Redonda y Fraijanes. Estas comunidades podrían verse afectadas por nubes de ceniza y por lluvia ácida derivadas de la actividad del coloso.
“La población que vive en los alrededores del Poás no ve el volcán como una amenaza para sus vidas y su economía, sino todo lo contrario; ella está ya acostumbrada a vivir en sus laderas y aprovecha sus tierras fértiles para la agricultura y la ganadería”, destacó el estudio.
Es más, el 60% reside en la zona porque su familia siempre ha vivido allí, y el 33% aduce razones laborales porque se dedica a la agricultura o el turismo.
Eso sí, el 73% estaría dispuesto a abandonar sus viviendas y propiedades en caso de presentarse una erupción.
“Todos tenemos familia. Debemos estar preparados porque uno no sabe. Sería bueno que alguna entidad se preocupara por eso; por lo menos que nos diga cuál es el plan y si hay un centro que nos reciba. Algunos poseemos medios de transporte, pero hay gente que no. Debemos apoyarnos entre los vecinos para salir ordenadamente”, reflexionó Murillo.
Prevención, asunto pendiente.El estudio también reflejó el desconocimiento de los lugareños sobre los planes de emergencia.
“A pesar de que un 40% de la población los conocía, nunca los han leído, sino que simplemente han escuchado sobre su existencia.
”Esta información les ha llegado por medio de sus hijos, a quienes les dan algunas instrucciones en las escuelas y los colegios, o porque han escuchado que existen planes para otros volcanes o sitios peligrosos y suponen que debe existir alguno para el volcán Poás”, escribió Blunda en su artículo.
Para Raúl Mora, vulcanólogo de la Escuela Centromericana de Geología, dar a conocer un mapa de peligros volcánicos es una meta que debe cumplirse este año.
“El año pasado dimos charlas en Grecia y San Pedro de Poás. Este año queremos meternos con más fuerza a Poasito, Varablanca y alrededores”, expresó Mora.
Dicho proyecto fue ideado por la Comisión Nacional de Emergencias, la Red Sismológica Nacional (RSN), la Escuela Centroamericana de Geología, el Centro de Investigaciones en Ciencias Geológicas, los guardaparques y fuerzas vivas como Bomberos y Policía.
“Debemos crear conciencia en la gente. Nunca se está preparado, y mucho menos lo están las entidades”, concluyó Murillo.