Política de la insignificancia

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Laurencia Sáenz Filósofa laurenciasaenz@gmail.com 12:00 a.m. 24/01/2011

Desprecio por la verdad, irrespeto a la institucionalidad democrática, y doble moral. Son síntomas del brote de patología política que se ha manifestado de modo más agudo en los últimos días.

Estos son los hechos: tras recibir una citación para comparecer ante el Ministerio Público, el exministro de la Presidencia Rodrigo Arias llamó al ministro de Seguridad Pública, José María Tijerino, y, según confesó espontáneamente este último, le preguntó: “¿Usted tiene confianza con (el fiscal general) Jorge Chavarría?”. El ministro Tijerino afirmó haber llamado a la fiscala Emilia Navas para indagar sobre las razones de esa convocatoria. Dos horas después de que Rodrigo Arias recibiera la citación de la Fiscalía, Jorge Chavarría, aún sin asumir sus funciones como fiscal general, acordó con la entonces fiscala general interina, Lilliam Gómez, dejar sin efecto la indagatoria a Rodrigo Arias. La fiscala Emilia Navas cuestionó que Chavarría acordara tal decisión sin haber asumido su cargo de fiscal, pero esto no fue óbice para que se acatara lo decidido.

Tras las recientes publicaciones de La Nación sobre este caso, se hace manifiesto cuán poco respeto tienen algunos funcionarios públicos por las instituciones de la República.

Contradicciones. En primer lugar, las entrevistas publicadas revelan flagrantes contradicciones por parte de estos funcionarios. Consultado por este diario sobre las razones que lo motivaron a llamar al ministro de Seguridad, Rodrigo Arias negó en primera instancia haber hecho esa llamada , la cual había confirmado el ministro Tijerino. Por su parte, el fiscal Chavarría negó haber acordado aplazar la indagatoria que la Fiscalía había fijado para Arias. Minutos después, el fiscal Chavarría cambiaba su versión y sí admitía haber tomado tal decisión, porque, según su expresión “(le) dicen que sí existe” la nota escrita que lo confirma. Este tipo de contradicciones no pueden sino despertar una legítima suspicacia.

“¿Usted tiene confianza con Jorge Chavarría?”. La expresión empleada por Arias según Tijerino también es reveladora. A veces las preguntas ingenuas no están de más: ¿“confianza” para qué? ¿Por qué buscaría un político la “confianza” de un funcionario del poder judicial?

Durante las horas que transcurrieron después de la publicación, asistimos al triste espectáculo de la doble moral de políticos y funcionarios públicos, tan prestos en condenar el comportamiento ajeno en nombre de la ética, como dispuestos a disculpar, sin más, su propia conducta. En efecto, el ministro de Seguridad Pública juzga “impropio, absolutamente, de un fiscal en ejercicio que uno que todavía no ha asumido el cargo le dé órdenes”, y, sin embargo, no le parece impropio, teniendo la investidura de ministro de Seguridad, el haber llamado a una funcionaria del Poder Judicial, ante el pedido de un político.

El fiscal Chavarría, por su lado, estima que “desde el punto de vista ético (') don José María (Tijerino) actuó un poco a la ligera” , pero no considera que frenar una indagatoria por peculado antes de asumir sus funciones sea actuar “a la ligera”.

Rodrigo Arias responde a las críticas y pontifica en Facebook: “Tal y como lo prometió Nuestro Señor Jesús, la verdad siempre nos hará libres. Vivimos en país con un Poder Judicial independiente, al cual yo como ciudadano siempre he respetado y respeto profundamente(') busquen mejores armas en el arsenal de la política y el periodismo; las hay nobles como la dignidad, el respeto, la objetividad y la decencia”. Sabemos lo que significan las palabras dignidad, respeto y decencia en la pluma de Rodrigo Arias; al ver su actuación, entendemos el sentido que le da al respeto por la independencia del Poder Judicial.

Frente a lo que configura, según representantes de la oposición , un posible caso de “tráfico de influencias”, la presidenta Chinchilla respalda las actuaciones de su ministro , mientras que la jefa de fracción del PLN, Viviana Martín, considera “normal” la actuación de Rodrigo Arias. Estamos, así, frente a la política de la insignificancia, la que banaliza la gravedad de los hechos y minimiza así su trascendencia –del mismo modo como se han banalizado las denuncias por abuso sexual en el Ministerio de Seguridad Pública–. Si para nuestros representantes el aparente irrespeto a la separación de poderes no significa nada, ni merece mayor importancia, entonces, ¿qué será de nuestro Estado de derecho?

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comentarios

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Fernando Beltran Coto 22:33 24/1/2011

La demagogia invadió la redacción de este diario

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Oscar Segura 20:11 24/1/2011

No sé qué es más indignante y doloroso, el acto en sí mismo o la desfachatez de justificarlo. En cualquier caso la única razón para sentir que no todo está perdido, es poder leer este artículo, el resto del panorama es sombrío y con malos pronósticos.

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Verny j. Bogantes Rodriguez 18:21 24/1/2011

El articulo emitido por UD se apega a lo que debe ser claro y transparente, y no al eterno juego de influencias que se han manifestado en nuestros políticos como algo común y normal, para cubrir con la impunidad cualquier desacierto o acto anti ético, pero de cierto modo este juego al gato y el ratón se da en todo lado, se manipula, se censura al público lo que no me parece a titulo personal y publico y critico lo que puedo por ser yo quien tiene el sartén por el mango, no asi se interpela el mismo derecho de expresión a través de su medio periodistico, que en su foro Cartas al Nación de la sección Opinión se comete el pecado que Ud expresa, se deja saber al público solo lo que atañe a chismes y temas superfluos y no a temas serios e indicativos , señalando estos actos, por favor Sra Laurencia , eliminen esa doble moral, periodistica que la atañe a Ud misma, es sano para el periodismo y para la credibilidad cuando Uds exponen estos temas.

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Rodnny Stevens 17:57 24/1/2011

Buena columna que sin lugar a dudas pone de manifiesto una actividad que se ha hecho cultura en nuestro mundillo político. El tráfico de influencias. Da pena ajena y nos abren los ojos este tipo de actitudes en figuras de alto rango político.

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M Arnoldo M Pacheco 16:22 24/1/2011

Doña Laurencia: un excelente artículo que llama a las cosas por su nombre. Lo que sucedió entre Tijerino, la Fiscala de Delitos Econòmicos, el Fiscal General Electo, no tiene otro nombre más que tráfico de influencias. Si la Corte no toma la medida que debe tomar (destitución del Señor Fiscal) estará dando un mal ejemplo al país. No lo pueden ni lo deben sostener en el cargo. Cuando una Democraccia pierde su fe en el Poder Judicial, ahì acaba todo. Me alegra doña Laurencia concordar por primera vez con usted porque cuando entra a polemizar sobre temas religiosos me parece que la traiciona su ateìsmo, o agnosticismo que no tendrìa nada de malo si no los utiliza para ridiculizar al pueblo que cree. M. Arnoldo Mora P.

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