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El bumerán de Ortega

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Armando González R. agonzalez@nacion.com 12:00 a.m. 16/01/2011

Daniel Ortega obtiene réditos políticos de su agresión contra Costa Rica, pero no hay certeza de que haya hecho buen cálculo de los costos. La administración Obama tarda en reaccionar, quizá por falta de un buen esfuerzo nacional para comunicar el problema, pero en enero habrá cambios en Washington y el efecto puede ser dramático.

La republicana Ileana Ros-Lethinen, nueva presidenta del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso, ya lamentó el uso electoral de isla Calero y se sumó al influyente senador Richard Lugar para pedir a la Casa Blanca el congelamiento de la ayuda a Managua.

El tema de Calero sirvió a la diputada republicana para expresar otras insatisfacciones de la nueva mayoría con el Gobierno de Ortega. La cercanía con Hugo Chávez y su relación con Irán son temas obligados entre los grupos conservadores cuando mencionan a Managua.

Quizá Ortega debió pensarlo antes de provocar tantas menciones con su incursion en territorio costarricense. El Washington Post, lectura obligatoria para los grupos dirigentes de los Estados Unidos, también denunció la agresión sandinista en un editorial publicado a finales de diciembre.

La ayuda estadounidense no ha sido vital para Nicaragua en los últimos años. Venezuela la suple con creces, y las expectativas de desarrollo son tan bajas que unos cuantos cientos de millones de petrodólares alcanzan para satisfacerlas. Pero el Gobierno venezolano tiene sus propios problemas producto de la mala administración y los precios relativamente bajos de su importante producto de exportación.

Quizá el comandante presidente debió verse en los zapatos de Evo Morales, obligado a eliminar los subsisdios al diésel y la gasolina, en parte para pagar a Venezuela facturas de cobro cada vez más urgente. En La Paz, los sectores más ilusionados por la demagogia de Evo fueron los primeros en lanzarse a las calles para protestar contra el alza del 80% en los combustibles.

El mandatario nicaragüense, pues, se hace notar en un momento difícil para sus aliados regionales y erosiona sus posibilidades de obtener ayuda en otras latitudes. La diplomacia costarricense debe contribuir a elevar ese riesgo en todas las capitales democráticas del mundo desarrollado.

Cuando decidió entrar en Calero, Ortega pudo haber lanzado un bumerán cuyo golpe de regreso tiene un grave potencial. Ganó adeptos en el corto plazo, pero podría perderlos cuando los nicaragüenses comprendan el costo de esa manipulación para el país y para sus bolsillos. Ojalá esa comprensión no llegue demasiado tarde a una nación tan necesitada de progreso económico y, sobre todo, de gobernantes responsables.

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keneth gonzalez m. 13:11 16/1/2011

Por dicha llegan los republicanos, de Obama no puede esperarse mas que estas incongruencias, como darle plata a un pais al que ellos mismos han calificado como un "Estado criminal".

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