Uno. Alguna vez caricaturicé la tecnología maicera en manos de la burocracia bancaria estatal, pero esta vez le toca a un banco privado. Me detuve en una agencia del BAC a hacer una gestión rutinaria relacionada con mi tarjeta de crédito, algo que, justo es decirlo, tomó solo breves minutos.
Por desgracia se me ocurrió que podría “matar dos pájaros con la misma visita” y recurrí a una joven encargada del escritorio de información pidiéndole que me indicara cómo debía proceder para cerrar otra tarjeta emitida por el mismo banco.
Cortésmente me condujo a una “estación” telefónica donde tuvo la gentileza de marcar un número y ahí me dejó tras indicarme que sería atendido enseguida. Pensé, y me pareció formidable, que con aquel procedimiento el banco buscara proteger a sus empleados del contagio de la gripe ahora que el clima se ha vuelto tan veleidoso y me dije que la ministra de salud debería sentirse satisfecha.
Resumo el relato señalando que siempre que preveo una fila llevo conmigo un libro de bolsillo, así que mientras esperaba entre anuncios telefónicos de “productos” del banco y excusas porque “todos nuestros operadores están ocupados” transcurrió tanto tiempo como para que alcanzara a leer, con la oreja pegada al aparato, ocho páginas de una novela brasileña. Es poco, pero tómese en cuenta que mi lectura del portugués es lenta y silabeante. Lo malo es que, si bien no perdí tiempo, me fui sin ser atendido.
Dos. Refiriéndose al informe de Ramsar sobre Calero, dijo nuestro canciller : “... ”. Da vértigo, pues es todo lo opuesto a cuanto aseguró Castro cuando el 8 de setiembre pasado explicó ante la comisión legislativa de ambiente las garantías sobre la integridad territorial y ecológica de nuestro país que con ligereza le había aceptado al canciller nicaragüense.
A los lectores les dará pereza leer el acta de aquella sesión legislativa, pero pueden buscar en la red el resumen que de ella hizo don Sergio Mora en la sección de opinión de este periódico del 25 del mismo mes.
Quiera Dios que en el debate ante la CIJ no quepa, como prueba de descargo nica, una copia de esa acta, ya que lo ahí consignado como dicho por el canciller tico es poco menos que una autorización oficial de Costa Rica para que el gobierno de Ortega haga lo que está haciendo; es decir, fue un cheque en blanco en favor del otro bando. Bueno, si al final don René fracasa como diplomático, habrá triunfado como relacionista público del gobierno sandinista, lo que pasa por una linda hortensia desplegada en un corredor campesino.