La educación al revés

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Enrique Margery Bertoglia profesor enrique.margery@gmail.com 12:00 a.m. 09/01/2011

Son muchas las voces que claman por cambios en la Educación. En su libro Educar por competencias, José Gimeno afirma: “Es necesario cambiar la mirada. No basta con transmitir conocimiento y desarrollar habilidades que en la mayoría de las ocasiones solo sirven para pasar los exámenes”.

Puede que el mejoramiento significativo de nuestros procesos educativos no pase por hacer “más de lo mismo, pero con más fuerza”. Acaso sea necesario un giro radical, un “cambio de mirada” alimentado por cuatro claves:

k1. La vida es el aula. Como señalamos en el libro Complejidad, transdisciplinariedad y competencias (Margery, 2010), las competencias son “redes de recursos –conocimientos, habilidades, valores, actitudes y emociones– que articulamos para hacer frente a los retos de la vida”.

La Educación debería contribuir a formar competencias de reflexión y actuación eficaz, autónoma y con sentido. Empero, esto es difícil en un currículo atiborrado de contenidos, que valora “el dato por el dato” y del que hay que salir sabiendo desde cuál es la capital de Liechtenstein hasta el día exacto en que Vasco Núñez de Balboa divisó el océano Pacífico (pasando por el número atómico del Boro).

Este es el primer reto: ir de la mera transmisión de conocimientos al desarrollo de competencias que nos preparen para afrontar los retos y oportunidades de la vida.

k2. Modelos para armar. Jurjo Torres, un experto en el tema del currículo integrado, afirma que: “La experiencia ha venido demostrando que lo que el alumnado aprende en una disciplina no lo transfiere espontáneamente al resto de materias, ni lo usa para hacer frente a situaciones reales en las que se precisa ese conocimiento”.

Bajo el supuesto de que cuanto más sepamos de las partes, más preparados estaremos para conocer el todo, el aprendizaje se ha fragmentado en campos de estudio cada vez más restringidos y desconectados.

Así, abundan los profesores que frenan cualquier intento por establecer conexiones entre conceptos con la consabida: “¡Esa no es materia de este curso!”.

Hace más de 400 años, el erudito Michel de Montaigne apuntaba que memorizar no es comprender y que una cabeza “bien formada”, es siempre mejor que una “muy llena”. Aquí tenemos el segundo reto: pasar de lo intradisciplinar (cada profesor encerrado en su disciplina, dando la clase sin salirse de los límites de su materia) al proyecto interdisciplinar, donde los alumnos enfrenten el reto de articular diferentes saberes.

k3. La mejor respuesta es una pregunta. La escuela tradicional apuesta por una “pedagogía de la respuesta” donde lo que se premia es conocer la respuesta correcta, que es única y siempre la misma (en nuestro caso: la capital de Liechtenstein es Vaduz; Núñez de Balboa divisó el Pacífico un 25 de setiembre de 1513 y el número atómico del Boro es –¡y siempre será!– 5).

Empero, en la Sociedad de la Información el exceso de datos intoxica y desinforma. Por ello, más que enseñar respuestas, es esencial ayudar a las personas a aprender a hacer preguntas y desarrollar las capacidades para localizar, analizar críticamente y utilizar la información. Este es el tercer reto: ir de una pedagogía de la respuesta a una pedagogía de la pregunta.

k4. Aprender toda la vida. “¿Qué te enseñaron hoy?” pregunta la madre, y la niña responde: “Nada, pues la maestra no vino a dar clases”. En la escuela tradicional, nadie aprende si no hay otro que enseñe. Este condicionamiento escolar se repite luego en adultos que, incapaces de auto organizar su aprendizaje, se quedan en silencio y exigen “ser enseñados”.

Antes, la educación infantil era un derecho; hoy, el aprendizaje vitalicio es un deber. De ahí la urgencia de que la Educación nos ayude a desarrollar la capacidad de autorregular nuestro aprendizaje –es decir, de aprender a aprender–, para seguir aprendiendo toda la vida.

Entonces, cuando hablamos de la “Educación al revés” apuntamos hacia cuatro claves: convertir la mera transmisión de saberes en desarrollo de competencias; romper el encierro disciplinar para conectar saberes; superar la pedagogía que enseña respuestas en pro de una que enseñe a hacer preguntas, y saltar de un “aprendizaje anclado a la enseñanza” a un “aprender a aprender”.

Por separado, ninguna de estas claves tiene la respuesta. Juntas, forman un cóctel capaz de cambiarle la cara a la Educación. Para siempre.

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comentarios

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Jimmy Bolaños González 09:56 9/1/2011

Es una reflexion pedagogicamente muy bien pensada. Claro que la educaciòn pùblica requiere ademàs de otras soluciones extra-pedagògicas en materia de infraestructura, gestiòn, presupuesto, recursos humanos, planificaciòn, becas, comedores, juntas de educaciòn, asesorìa, descentralizaciòn, etc. No se sabe ni por donde empezar...

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