Para José Sequeira, un vecino de Fátima de Sarapiquí –un sector cercano al río San Juan–, ver un camino en su comunidad es un sueño otrora inalcanzable.
“De un mal nos salió un bien”, dice emocionado. Desde hace varios días, maquinaria pesada se adentra en ese lugar y se abre paso en dirección al Delta Costa Rica, cerca del punto donde nace el río Colorado.
En esa zona las autoridades trabajan en el lastreo de unos 25 kilómetros. Con las obras, siete viejos puentes de tablones desaparecerán y en su lugar serán instalados puentes metálicos del tipo bailey.
Así ocurrirá en el río Gaspar y la quebrada Guau. Las obras beneficiarán a comunidades de la ribera costarricense del río San Juan como San Antonio, Fátima, La Aldea y Delta Costa Rica.
El Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) ha seguido la trocha que los lugareños abrieron, con mucho esfuerzo, el año pasado.
Ayer, por ejemplo, un equipo de La Nación se topó con al menos 14 vagonetas que transportaban materiales y una grúa hidráulica. El Consejo Nacional de Vialidad contrató a empresas privadas para el lastreado. El ministro de Obras Públicas y Transportes , Francisco Jiménez, dijo que para llevar hasta los ríos fronterizos los pilotes hubo necesidad de construir puentes.
Electricidad. Junto con los caminos, la electricidad también llegó a los pueblos fronterizos.
Ignacio Briceño y Luis Navarro, trabajadores del ICE, contaron ayer que en principio la inversión es de ¢270 millones, pero esta podría aumentar. Las líneas eléctricas se extienden unos 24 kilómetros.
José Sequeira, tesorero de la Asociación de Desarrollo de Fátima, dijo que las mejoras llegaron por una orden presidencial.