EDITORIAL

WikiLeaks contra la diplomacia

Las revelaciones de WikiLeaks resultan más un ejercicio mediático capaz de inyectar un elemento anárquico en las relaciones internacionales

Sería prácticamente imposible que las labores fundamentales de la diplomacia se lleven a cabo sin un adecuado ámbito de privacidad

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12:00 a.m. 12/12/2010

Los archivos confidenciales estadounidenses que WikiLeaks ha diseminado por medio de Internet y la prensa internacional provocan reacciones en el mundo entero. Van desde aquellas que deploran la publicación por atentar contra la seguridad internacional, hasta las que la festejan como un paso decisivo para la democracia.

Este choque de criterios no es nuevo. En las postrimerías del siglo XIX, con el trasfondo de una serie inacabable de conflictos armados europeos, cobró vigencia la idea de que las guerras son producto de conjuras secretas, fraguadas entre codiciosos gobernantes al abrigo de una diplomacia oculta.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, surgió un clamor general por acabar con la diplomacia secreta y, gracias a ese funeral, con las guerras. Un noble propósito, pero un camino equivocado. Las guerras responden a una multitud de factores, no únicamente a los tratos entre gobernantes.

Con todo, creyendo en ese llamado, según relata el diplomático británico Rodric Braithwaite, en 1917, el entonces comisario de Asuntos Extranjeros bolchevique, León Trotsky, al proclamar el fin de la diplomacia secreta, abrió al público los archivos de la hasta entonces cancillería zarista. Fue, sin embargo, Woodrow Wilson, el presidente norteamericano que lideró el establecimiento de la Liga de las Naciones en 1919, el más tenaz defensor de una diplomacia abierta, realizada de manera pública, sobre todo en los recintos de la Liga, organización que acabaría con todas las guerras.

Como es sabido, presiones aislacionistas frustraron el ingreso estadounidense a la Liga y el organismo pronto se tornó irrelevante. Y también es conocido que muy pronto la diplomacia retornó a sus prácticas habituales. Eso era inevitable porque, en la realidad, sería prácticamente imposible que las labores fundamentales de la diplomacia se lleven a cabo sin un adecuado ámbito de privacidad.

En este sentido, WikiLeaks resulta más un ejercicio mediático capaz de inyectar un elemento anárquico en las relaciones internacionales. De igual manera, es posible que haya conseguido sembrar cierto grado de desconfianza entre los actores de la diplomacia de todos los países, fenómeno que, de producirse, esperamos sea solo temporal.

No podemos dejar de señalar, para efecto del análisis, una diferencia entre la primera ola de archivos y la que actualmente está en marcha. Inicialmente, se publicitó una serie de lo que usualmente se conoce como partes de batalla, informes quizás de interés a la luz de los cuestionamientos que no dejan de plantearse a las guerras en Iraq y Afganistán. De esta manera, la primera edición quedó inserta en la creciente polémica sobre la política militar del Ejecutivo.

Distinta, sin embargo, ha sido la segunda serie de archivos divulgados, que contienen reportes sobre conversaciones con funcionarios extranjeros y, además, involucran detalles personales de líderes de numerosos países.

Estos informes son el pan cotidiano de un representante diplomático que para realizar sus labores de manera responsable, no debe limitarse a transcribir conversaciones con funcionarios y otras figuras prominentes, sino, además, necesita informar a los decisores de su país sobre aspectos personales de las autoridades y figuras descollantes con quienes interactúa y, además, desarrollos de la política, la economía y la cultura de la nación ante la que se encuentra acreditado. Por ello, para cumplir con éxito en su trabajo, el diplomático confía en que sus comunicaciones gozan de confidencialidad. Sin ella, nada útil podría lograr.

Si en algún momento se creyó que las publicaciones de WikiLeaks perjudicarían a un país en particular, lo que en realidad han hecho es atentar contra el funcionamiento normal de las relaciones internacionales, vitales para el progreso y la paz mundiales.

No dudamos, además, que en muchos países ya se trabaje para concretar el avance tecnológico que permita salvaguardar información confidencial de Gobiernos y particulares. Desde este ángulo, lo ya ocurrido ha sido, sin duda, un acicate para adelantos científicos en el campo de las comunicaciones.

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sOren vargAs 08:44 13/12/2010

Hoy El País, un periódico del que la Nación se ha inspirado en repetidas ocasiones, y que a diferencia de otros, es valiente, publica un comentario donde se hacen trizas las premisas de este editorial. Vale la pena leer periodismo de nivel: http://www.elpais.com/articulo/opinion/defensa/Wikileaks/elpepiopi/20101212elpepiopi_11/Tes

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Jorge Crespo Berdecio 20:10 12/12/2010

No hay duda de que el artículo esta muy bien escrito. No sé si pueda haber algo reprobable en su ortografia o su gramática, pero estoy seguro de que esto solo podría ser de interés para algún profesor de español en alguna universidad o escuela primaria. Por mi parte, sigo sin entender la necesidad de ocultar la “cosa publica” con la “cosa privada”. ¿Qué puede haber de privado en un funcionario público? Y, por favor, no confundamos lo personal con lo privado. Lo que wikileaks filtra son documentos de carácter público, no personal. Siento en este editorial la misma actitud de Kevin Casas argumentando la privacidad de un documento privado en el caso del triste y delictivo Memorando del Terror. El problema es ¿hasta qué punto es justificable la opacidad del poder en una democracia? Si justificamos esa opacidad, entonces ¿qué entendemos por libertad de expresión? ¿Estamos ante el umbral de un nuevo y posible replanteamiento del poder en la ‘era digital”? ¿O ante la posible razón y reacción violenta que se niega a ceder terreno a la “cosa pública”? O habría que plantearse la posibilidad de que el poder siempre ha sido privado, y que la cosa pública sólo fue el sueño de una modernidad sostenida por un fragil e ingenuo contrato social.

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Luis Diego Matarrita Carranza 19:33 12/12/2010

El comentario dice al final q los documentos expuesto al publico por Wikileaks "es atentar contra el funcionamiento normal de las relaciones internacionales, vitales para el progreso y la paz mundial" Si el funcionamiento normal de las relaciones internacionales, se basa en mentiras, corrupcion y tachar de secreto, todos los errores de un pais, especialmente cuando es a nivel militar y durante enfrentamientos, aun mas cuando esto incluye la muerte de civiles. Entonces Wikileaks lo unico q esta exponiendo al publico es una democracia de mentiras, una lucha por la paz en papel ya q al final, el dinero y el poder de unos pocos decide sobre la vida y muerte de muchos. Esta es una sociedad en decadencia. El sistema economico basado en deuda esta creado para fallar, y esclavisar a los pueblos con deudas q jamas seran pagadas. No importa cuando se luche, el sistema socio-politico y ecnomico q mueve al mundo hoy en dia esta ahi solo para beneficiar al 1% de la poblacion, a los gobernantes y sus amigos quien a su ves trabajan para los paises q son potencias mundiales, estos a su vez trabajan para banqueros quienes son dueños de las corporaciones mas grandes, BP, JP Morgan, Shell, ATT etc. Estas son las verdaderas naciones del mundo en esta sociedad corrupta. Si Wikileaks marca el principio del fin de la vida como la conocemos, esta seria una bendicion. Casi una profesia vuelta realidad. Un comentario como este viniendo del Editorial es una verguenza, ya q los periodistas deberian defender el derecho a la libre expresion. Especialmente cuando esta expone la verdad q todos queremos saber. Por favot publiquen mi comentario. Gracias.

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Antonio Badilla Monestel 18:36 12/12/2010

Sr. Matamoros, ¿podría explicar porque la premisa que usted citó es retrógrada? ¿Es que se puede llevar a cabo una diplomacia adecuada sin cierta privacidad? Todos los seres humanos tenemos trapitos sucios. ¿Es que se deben publicar a los cuatro vientos nuestros trapitos sucios para creer que existe la democracia adecuada en este mundo? Hoy se revelan los secretos de los diplomáticos usando la "libertad de expresión," mañana se revelarán los trapitos sucios de seres humanos individuales en nombre de esa misma libertad que se supone fortalece la democracia. En cuanto a los "motivos" que provocaron las revelaciones de Wikileaks, sí se trata de un simple ejercicio de libertad, talvéz tendría valor, pero si se usa como un palo para darle un garrotazo a los Estados Unidos, entonces estamos hablando de una simple política sucia presentándose al público como un valor democrático. ¿En verdad leemos un editorial con paciencia y tratándo de entender su contenido, o reaccionamos de acuerdo a nuestras ideologías políticas? Si es así, ¿Cómo entender un mensaje aunque a veces no estemos de acuerdo con dicho mensaje? El editorial está bien escrito y es otra cosa si uno está de acuerdo con dicho editorial o no.

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Fyodor Aadrianov Castro 16:34 12/12/2010

Nadadito de perro es este editorial. Da un rodeo histórico poco relevante antes de echarse y poner el huevo. ¿Y qué encontramos en el nido? El editorial ignora el trasfondo reciente de este vital debate entre libertad y seguridad. Desconoce que después del ataque terrorista de 11 de septiembre de 2001 la administración Bush, con la excusa de la seguridad nacional, restringió y cercenó muchas libertades civiles. Este secretismo fue utilizado para justificar la guerra en Irak, encubriendo un cúmulo de mentiras y otros métodos como la traición a sus propios diplomáticos y agentes de la CIA por contradecir la “evidencia oficial”. El editorialista trata de diferenciar entre los “partes de guerra” y los “cables diplomáticos”. Ambos están relacionados. Los primeros fueron más dramáticos porque filtraron el video del asesinato de dos periodistas de Reuters en Bagdad. Los documentos diplomáticos ahora revelan la presión sobre el gobierno español para sepultar el caso del camarógrafo Couso, muerto también por tropas norteamericanas en Bagdad. Esto solo confirma lo que muchos sospechaban. Sin embargo no creo que las revelaciones sean tan dañinas como temen los defensores de la privacidad, ni tan malas como los que acusan a EE.UU. de jugar un juego sucio que ellos mismos practican. En mi balanza esto es positivo. WikiLeaks revela que no hay héroes ni santos en ningún bando, pero la transparencia y la búsqueda de la verdad no conducen necesariamente al anarquismo. Adjunto una entrevista con Daniel Ellsberg, responsable de exponer las mismas falsedades respecto a la guerra de Viet Nam, y el análisis de todos los documentos revelados hasta ahora por El País de España. http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Wikileaks/sirve/ciudadano/elpepusocdmg/20101212elpdmgrep_2/Tes http://www.elpais.com/documentossecretos/?page=4&np=135&#frase_eskup

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