“Yo no nací queriendo ser miss”. Viniendo de Verónica González, tal confesión es muy sugestiva: cuesta imaginársela sin el caminado de pasarela, los tacones infinitos o las uñas extralarge. Es decir, sin que la corona y el ramo de flores sean un proyecto de vida.
La propia Verónica aclara que llegó tarde al modelaje y a los concursos de belleza. La primera vez que participó en un certamen de tal naturaleza tenía 18 años, toda una veterana en este campo, donde las jovencitas empiezan a fantasear con desfiles imaginarios desde antes del quinceaños.
En el 2002 ganó el título de Reina de las Frutas en Orotina. A partir de ahí cualquier fiebre de las páginas de farándula le podría digitar el currículum: finalista enMiss Costa Rica 2004, vencedora de Miss Mundo Latino Internacional (Canadá 2004), Reina del Banano (Ecuador 2006) y Miss Costa Rica 2007.
También fue protagonista en varios proyectos de la factoría de realities que tiene montada canal 7: estuvo dos veces en Bailando por un Sueño, como participante, y una en Cantando por un Sueño, como presentadora. En el primer concurso estaba dentro de la parrilla de favoritos, pero la tumbó una apendicitis; en el último se quedó a medio camino y para las fechas de la final prácticamente estaba amarrando un contrato con Repretel.
En el canal de La Uruca es la nueva Me lo dijo Adela, la serie de anuncios cortos que dispara la publicidad disfrazada de consejos amistosos. Ahí el asunto no es solo tener una cara bonita: un día hay que venderle a la audiencia un centro de tratamientos de belleza, después hay que ofrecer promociones de electrodomésticos y de inmediato ponerse el delantal y anunciar pollo frito. Todo con la mayor credibilidad posible, para que el espectador de verdad piense que le están poniendo en las narices una promoción imposible de pasar por alto.
“En canal 7 yo siempre fui como de proyectos, nunca me tuvieron en planilla. Nunca sentí que era trabajadora del 7, sino como una asistente en ciertos proyectos”, explica sobre su abrupto cambio de antena.
Apariencia. La Miss Costa Rica 2007 llegó a la entrevista con Teleguía con el cabello recogido en una cola, maquillaje mínimo, botas a la moda y uñas recortaditas, como si tuviera que ir a hundir las manos en el sembradío de su familia en Orotina. Las fotos que acompañan este reportaje se hicieron otro día, así que se arregló sin la presión de sentir los flashazos acosándola.
Se ve extrovertida, cómoda y segura, y atiende las preguntas sin miedo a tropezar. Entra en confianza y habla bastante, más desenvuelta que en algunas apariciones en canal 7, donde quedaba arrinconada por la personalidad arrolladora de Édgar Silva o Cristiana Nassar.
Creció en Limonal de Coyolar, un caserío del cantón de Orotina. Se pasó a vivir a Belén con sus abuelos cuando llegó la hora de matricularse en la UCR para estudiar salud ambiental.
“El primer día fui con mi mamá para que me ayudara con el bus, yo como la más ingenua. Era un laberinto para mí”, aceptó divertida. Cada vez que puede vuelve feliz a Orotina. “Ahí soy yo”.
Sus amigos cercanos son de la familia o de la época universitaria. Nunca de la farándula. Solo menciona al coreógrafo José Andrés Murillo. Pero no tiene confidentes en el mundillo de la tinta color rosa. “Por supuesto que a muchas personas les tengo cariño, pero que nos reunamos seguido, o ese tipo de amistad, prácticamente no”.
Su novio, Alonso Gómez, no está en el ambiente de los espectáculos. Es ingeniero y se conocieron porque los papás de ambos tienen casas colindantes en Orotina. Verónica lleva anillo de compromiso porque ya hicieron planes para casarse dentro de unos meses.
“Lo conocí en una cena de aniversario de los papás. Supo llevar las cosas, no fue necio, fue perseverante e inteligente”.
Aunque se desenvuelve en un ámbito donde la imagen lo es todo, afirma que no es esclava del ejercicio y las dietas.
“Yo no soy una persona que se mata en el gimnasio, a veces se me pasan dos o tres meses sin hacer ejercicio. Soy de comer comidas chatarras de vez en cuando. Tengo un metabolismo que a mis casi 28 años me ha tratado muy bien. Pero más que mantenerme 90-60-90, cuando pienso en el ejercicio más que todo es por el tema de la salud, quiero ser una persona saludable a los 50 y 60 años”. También dice que con el tiempo aprendió a ser menos vulnerable con las observaciones sobre el peso. Igual, trata de que la comida rápida no pase de dos veces a la semana dentro del menú.
Trayectoria. Aunque de niña no soñaba ser una “miss”, obtener el primer puesto en la Feria de las Frutas 2002 operó como un gran punto de inflexión. “Esa sensación de ganar, de coronarse, me marcó”. A partir de ahí cambió el libreto: sí quería ser “miss”.
Luego de ganar otros concursos entró al mundo del modelaje. Verónica asegura que desde el principio de su carrera dibujó una frontera de hierro para separar los trabajos que estaba dispuesta a aceptar de los que prefería ver pasar de lejos.
“Estaba muy clara en que no quería ser bailarina, ni andar en bares, ni la chica sexy. Trabajaba de edecán en empresas respetables, solo cosas así”.
Pese a que su catálogo personal está regido por tales directrices, Verónica evita cuestionar a las otras muchachas: las que salen en la contraportada de algunos periódicos o aparecen en desfiles de ropa interior en bares donde Ralph Lauren o Carolina Herrera no entrarían ni a pedir prestado el baño.
“Tengo conocidas que lo hacen y sé que son muchachas muy dignas, de buenas familias. Uno tiene que respetar la línea por la que cada quien decide irse”.
Sin dejar de ser políticamente correcta, sí se animó a contradecir a Lynda Díaz a propósito de las declaraciones que dio en una entrevista reciente: Lynda dijo que en este país no hay ninguna modelo buena, y que Leonora Jiménez logró mucho pero “diay, igual hasta ahí llegó”.
“Aquí sí hay mujeres que han sobresalido, están afuera en este momento y han hecho una buena carrera. Tal vez no llegan a ser ‘top models’, pero aquí hay muchachas muy bonitas que han sabido llevar su carrera. No estoy muy de acuerdo con el comentario de ella (Lynda)”.
Verónica nunca quiso salir de Costa Rica por mucho tiempo. La frenó el mal de patria. “Yo me iba a un concurso de belleza, pasaba un mes y ya estaba llorando porque quería devolverme a la casa. El país me jala montones, mi familia también. Estoy muy feliz de lo que hago aquí, lo disfruto. Hay proyectos lindos que se pueden hacer acá”.
Racionaliza como una experiencia positiva a largo plazo el no haber ganado su primer intento en Miss Costa Rica. Eso sí, acusó recibo del fuerte golpe.
“En ese momento me destrozó no ganar, como cualquier persona que tiene una aspiración y no lo logra. El ser humano la verdad no asimila muy bien las derrotas. Pero también lo hacen más fuerte. Para la segunda vez iba mejor preparada. Miss Costa Rica no se gana de la noche a la mañana, es un proceso largo”.
‘Medio loquilla’. En una hora y 15 minutos Verónica González repasó su carrera y abrió algunas partes de su vida. Otros pasajes prefirió pasarlos de puntillas.
“En confianza soy medio loquilla. En un ambiente donde no me siento tan (a gusto), sí me reservo muchas cosas. Soy una mujer común y corriente, que cuenta chistes, que vacila”.
De pequeña dice que era un “terremoto”. “Yo corría, jugaba, tenía muchos amigos hombres. Mami me sacaba de la casa como una princesita y yo volvía toda sucia, toda despeinada. Pero disfruté mucho mi infancia”.
Prefería meterse a la finca con su papá antes que ayudar en los quehaceres domésticos. “Andaba corriendo por todo lado, de hecho tengo las piernas llenas de cicatrices. Crecer en el campo es eso, yo pasaba corriendo o subida en árboles. Parecía un chiquillo, cero coqueta. En lugar de peinarme me hacía un nudito ahí por encima”. Fue mucho después que le llegó la vocación de ‘Miss’.
Al final de la conversación, había que preguntarle qué tan difícil es sentarse con un extraño a relatar experiencias personales, momentos de triunfo, días dolorosos, que después le llegarán a miles de lectores junto con el resto del periódico del domingo.
--Frente a usted está un desconocido, que le pregunta por su vida personal, su futuro matrimonio, su carrera, su familia, sus momentos duros. Se va a casar y mucha gente se entera por la prensa. ¿No le molesta tal exposición?
--Hasta cierto grado sí. Cuando las cosas están bien uno no tiene problema en conversar, ‘tengo tal proyecto’. Pero cuando la tortilla se voltea, uno no quiere que nadie le pregunte. Aunque es una puerta que se abre y después cuesta cerrarla, cuando uno está en televisión.