Los Chiles, Alajuela. Decenas de nicaragüenses que han emigrado en las últimas dos semanas a Costa Rica lo hacen por temor a que se imponga el reclutamiento militar obligatorio en su país.
Esa expectativa ha aumentado en vista de las tensiones entre Nicaragua y Costa Rica, después que nuestro país denunció la ocupación militar de la isla Calero –en el Caribe, extremo noreste– por tropas nicaragüenses.
Las afirmaciones las hicieron ayer en la ciudad fronteriza de Los Chiles, Alajuela, ciudadanos de ese país que los últimos tres días dejaron su patria para establecerse, aunque sea temporalmente, en territorio costarricense.
El agricultor Margarito Rugama, de 22 años, y Luisa Pérez, de 19, mencionaron casos de amigos suyos que tomaron la decisión de venirse a Costa Rica después de que, presuntamente, miembros del Ejército y simpatizantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, gobernante) llegaron a sus casas en busca de jóvenes para proponerles que se enlistaran.
Citaron el caso de un transportista de apellido Herrera, residente en el pueblo de Kilómetro 20, departamento de río San Juan. Rugama y Pérez aseveraron que Herrera decidió enviar a Costa Rica a uno de sus hijos, de 13 años, después de que al menor le hicieron tal propuesta.
“Sospechamos que si el problema con los ticos se pone más difícil, Ortega podría imponer nuevamente el servicio militar obligatorio”.
Este rigió durante los años 80 cuando el régimen sandinista combatió contra rebeldes armados y apoyados por Estados Unidos.
“Eso provocó la muerte de muchos menores y la división de la familia nicaragüense”, recordó Rugama, quien dijo que, por ahora, no piensa volver a su tierra natal.
Los inmigrantes también dijeron que en los últimos días en Kilómetro 20, El Guapinol y otros pequeños pueblos varias casas fueron abandonadas por sus dueños.
Entretanto, el avión Caribú del Ministerio de Seguridad Pública descargó ayer, a las 2 p. m., en Los Chiles antenas parabólicas y equipo digital para mejorar las comunicaciones de la Policía.
Los Chiles, asentada en las riberas del río Frío, dista a tan solo seis kilómetros al sur de la línea limítrofe con Nicaragua.