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Ojo Crítico

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Rodolfo Cerdas Politólogo 12:00 a.m. 14/11/2010

Nuestra crisis es política, estatal y de modelo de desarrollo. Con lo de Nicaragua se ha evidenciado que es también de valores cívicos y de una confusión entre ser pacíficos y ser pacifistas. Esto envía señales ominosas para el futuro y alienta, en su matonismo y agresividad, a los chafarotes nicas en el poder, que quieren convertir Costa Rica en una geografía mutilada y en una nación capitisdiminuida, sometida a su interés y capricho. El Gobierno escogió un camino; hay que apoyarlo y levantar la bandera de la paz. Más adelante será la hora de la evaluación.

La crisis con Nicaragua ha mostrado la total falta de previsión y de preparación, no solo del Gobierno sino del Estado. Pese a advertencias en contrario, nuestros guardias pusieron su banderita en la isla Calero y volvieron corriendo a sus bases. Luego se corren más al Sur, y los nicas avanzan sin importarles el plato de babas que se cocina, como de costumbre, en la OEA. Son mayoría los que se han creído todos los mitos sobre la paz y el diálogo; y los que no comprenden cómo y por qué fue posible que Costa Rica aboliera y se mantuviera sin ejército. Nuestros dirigentes, al menos, deberían oír a historiadores, politólogos y especialistas en relaciones internacionales, sobre el proceso real , interno y externo, de ese paso trascendental, que al parecer se alaba sin entenderlo.

Nuestros noveles dirigentes creen que bastó un mazazo de don Pepe en un cuartel para abolir el ejército; y que los equilibrios y cálculos nacionales y regionales –especialmente de EE. UU.–, no jugaron ningún papel. Olvidan que la decisión se sostuvo por alianzas no declaradas, pero suponiendo la autodefensa de los propios ticos. Por eso, EE. UU. le vendió a Figueres aviones P-51 a un dólar cada uno y Venezuela emplazó aquí ametralladoras y mantuvo en Panamá una escuadrilla de aviones Mirage a nuestra disposición. Si don Pepe no le dice a Somoza “con avioncitos a mí” y manda voluntarios a Guanacaste; si don Mario Echandi no le da 24 horas a Somoza para que devolviera el avión de Lacsa que retenía en Managua y no hace un desfile de la Guardia Civil, no habríamos tenido aliados que nos ayudaran ni organismos internacionales que nos apoyaran.

Se ha dicho, como un axioma, que “no vale la pena derramar una gota de sangre” por nada. Es un deseo respetable, pero insostenible. Hay causas que lo demuestran. Sin San Martín y Bolívar, estaríamos aún bajo el yugo colonial. Igual en Asia, en África y en los EE. UU., por su Independencia y por la liberación de los esclavos. Lo mismo en Costa Rica, si atendemos nuestra propia historia: un pueblo de paz, pero digno; desarmado, pero dispuesto a pelear por su país. ¿No será hora de reaprender de nuestros abuelos a ser libres y no siervos menguados?

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eri soto p. 20:40 14/11/2010

Por lo menos sí debemos ya disponer de una ayuda de parte de alguna Nación amiga, y de paso contar con efectivos militares y modernas herramientas bélicas, que por lo menos en alguna medida hagan ver a los gorilas del Norte que para seguir en sus aventuras chavistas mejor deben pensarlo dos veces.

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Juan Murillo 11:30 14/11/2010

Estos despliegues de patriotismo belicista son incomprensibles vis a vis la afrenta sufrida. Don Rodolfo, ¿le parece necesario, que, digamos, un hijo o nieto suyo, vayan a morir a la frontera para que los efectivos nicas se pasen de orilla del Río? Esto se resuelve de otras formas, y se resolvera de otras formas, usted lo sabe. Lo que no se resolverá serán las consecuencias desafortunadas sobre personas particulares de este rasgarse las vestiduras, de estos tambores de guerra. En vez de este, se debería llamar a la calma y a la proporcionalidad. Si le pasa algo a algún inocente civil nicaraguense en nuestro territorio quederá pesando en su conciencia y la de otros formadores de opinión de este país que verdaderamente parece que no saben apreciar lo que significa vivir en paz y saber resolver los conflictos como personas civilizadas.

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Felipe Cordero Fernández 11:21 14/11/2010

El comentario de Cerdas no se trata de un afán belicista si no de comprender la verdadera fuerza " la moral " de un país sin ejercito, siempre y cuando este dispuesto a defender su singularidad en vez de esperar la intercesión de otros en su auxilio. El territorio nacional no se puede defender a control remoto. La historia lo demuestra. No podemos vivir de un antiguo prestigio debilitado hoy por tantos años de alineamiento oportunista y el aislamiento de los procesos reales y dinámicos que suceden al sur del continente. Tenemos hoy la oportunidad y el deber de reconstruir ese prestigio. Con inteligencia, con amor a nuestra paz y singularidad, pero también, con valentía.

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Adonay Arrieta Piedra 01:51 14/11/2010

Don Rodolfo, La sangre de un pueblo no se festina como morcilla. Los tiempos cambian y las formas de resolver los conflictos también. Nicaragua ha derramado sangre como para teñir de rojo el Río San Juan y sus caudillos aun no sacian su sed. Salvador y Honduras enviaron a miles de patas rajadas a morir por una causa que nadie entendió ni nada cambió. Si Costa Rica hubiese sacrificado un ciudadano por cada conflicto fronterizo probablemente hoy estaríamos especializados en lanza morteros y no en microscopios. La última vez que se convocó a la Reserva Nacional por el inminente bombardeo de Anastacio Somoza, solo 500 acudimos al llamado y en la frontera no recuerdo haber visto a ningún periodista, ni político ni diputado. Las únicas caras que reconocí fue la del Ministro de Seguridad don Jhonny Echeverría y la del sacerdote Claudio Solano que llegaron en un helicóptero a darnos la bendición y de paso los Santos Oleos. Si Somoza no logró evitar que hoy cuente el cuento fue porque la OEA y Venezuela lo frenaron, no porque sintiera ningún escrúpulo en mandar su Guardia Nacional contra un puñado de ticos armados con Garand de la Segunda Guerra Mundial. Así que continúe llamando la atención sobre la improvisación y el desatino de este Gobierno como bien lo está haciendo, pero no atice la hoguera que los ticos somos felices alardeando sobre triquitraques.

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