Unos 25.000 vuelos locales pasan al año por el aeropuerto Tobías Bolaños –en Pavas, al oeste de San José– sin que las autoridades ejerzan controles de seguridad.
Dicho problema quedó en evidencia el 10 de octubre cuando una avioneta cargada con 177 kilos de cocaína se estrelló en el río Torres, un minuto después de haber despegado de esa terminal.
Tras el accidente de la aeronave TG-CEB que iba rumbo a Ciudad de Guatemala, el ministro de Seguridad, José María Tijerino, denunció que en ese aeródromo “está fallando todo el sistema de controles; incluidas las concesiones (de hangares)”.
Pero Tijerino reconoció que no hay capacidad para revisar todos los vuelos. “Costa Rica carece de esa tecnología”, sostuvo.
Solo en agosto, la Dirección de Aviación Civil, que opera este aeropuerto, registró el ingreso de 2.265 viajes internos (75 diarios) con 7.250 personas (241 diarios).
Asunto viejo. La falta de control sobre los vuelos locales no es algo nuevo en el Tobías Bolaños.
El 30 de setiembre, el anterior administrador de la terminal, Mario Villalobos, dijo en su informe final de labores que esta situación es un problema de décadas que no se ha resuelto por falta de voluntad política.
“Es de dominio general que nuestros vuelos locales se originan y terminan en los hangares, por lo que no se brindan los controles por parte de las distintas autoridades gubernamentales, como sí reciben los vuelos internacionales”, detalló.
Villalobos agregó que este descontrol es el que más inquieta a la Policía, en especial al Organismo de Investigación Judicial (OIJ), porque “podría prestarse para actividades ilícitas”.
Al respecto, Jorge Fernández, director de Aviación Civil, admitió que en los hangares no se hacen inspecciones “a menos que sea para verificar modificaciones operacionales (de las aeronaves)”.
La terminal posee 70 hangares privados y unas 1.600 personas tienen carné de ingreso.
Tan solo diez días después de que Villalobos emitiera su informe, cayó la avioneta cargada de coca y la Policía desmanteló una organización que, al parecer, usó ese aeropuerto para movilizar droga.
Dos de los principales miembros del grupo eran los mexicanos Rubén Martínez y Elvis Mendoza, quienes fueron detenidos mientras intentaban escapar hacia Nicaragua por la frontera norte.
Martínez compró una empresa de aviación, dos naves y dos hangares en el Tobías Bolaños y alquiló una casa cercana donde se empaquetó la droga. La facilidad con que estas personas hicieron sus movimientos llamó la atención del OIJ.
Jorge Rojas, director de ese cuerpo policial, pensaba que la seguridad en esa terminal se había reforzado luego del accidente ocurrido, el 1.° de mayo del 2009, con un helicóptero cargado de droga.
La aeronave, que se estrelló con 347 kilos de coca en el cerro de la Muerte, había salido de Pavas.
Rojas afirmó que la falta de control con radar de los vuelos internos es una “debilidad tremenda” que aprovechan algunos pilotos. “Dicen que van para el norte y agarran para el sur”, se quejó.
Oldemar Madrigal, director de Vigilancia Aérea, opinó ayer que la falta de controles puede obedecer a que el Tobías Bolaños, por no recibir vuelos internacionales, no es evaluado por los organismos mundiales de aviación.
“Como no está auditado, no tiene la presión de hacer las revisiones de vuelos locales. Las autoridades del aeropuerto no deben rendir cuentas en ese sentido”, aseveró.
Miles de carros. El ingreso aéreo no es el único problema en Pavas. El OIJ sospecha que los 177 kilos de cocaína hallados en la avioneta accidentada ingresaron en la terminal ocultos en algún vehículo.
“Vemos cómo cargamentos (de droga) ingresan o egresan sin que nadie los controle”, advirtió Jorge Rojas, director de ese cuerpo .
De acuerdo con un estudio de Vigilancia Aérea, en una semana ingresaron en esa terminal 3.772 vehículos con 6.208 personas.
Pese a ello, el personal apostado en los portones se limita a revisar los maleteros y los artículos que llevan las personas al salir.
“Las inspecciones de los vehículos y de los vuelos que hacemos, son superficiales. No disponemos de los equipos adecuados para hacer revisiones a fondo”, admitió el director de Vigilancia Aérea.