CARTAS A MARÍA

Cartas a María

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María Pérez-Yglesias Comunicadora proa@nacion.com 12:00 a.m. 17/10/2010

El lector comenta:

Los violadores son reincidentes y los dejamos salir. En estos días abusaron y mataron a una querida vecina. ¿Quién será la próxima víctima? ¿Por qué tanta impunidad? Alguien por la pena de muerte

María responde:

Cuando usted se firma “por la pena de muerte”, nos introduce en un tema ético, político y humano muy polémico, además de su otro planteamiento sobre los “violadores reincidentes”.

Palabras mayores cuando se habla de violencia, de atentados contra lo más preciado que tenemos los seres humanos: el derecho a la dignidad y a la vida.

La pena de muerte significa ajusticiar y no necesariamente hacer justicia. Significa que, si uno se equivoca en el juicio y la persona es inocente, no hay manera de reparar el error. Significa que se puede aprovechar el “portillo” para matar por otras razones. Esta medida radical elimina una amenaza y aporta tranquilidad, pero me parece inaceptable. El otro tema es el de contar con las condiciones que permitan garantizar la rehabilitación real o la existencia de un sistema de control, vigilancia y seguimiento psicológico de por vida para los excarcelados. Vivimos en un estado de derecho donde se juzga, se castiga y se paga con encierro, pero no podemos ni presuponer que la cárcel cambia a los hombres para bien, ni asegurar que no existan personas capaces de regenerarse, entender y asumir el control de su futuro de manera positiva. Comprendo muy bien su preocupación, la frustración que produce sentirse impotente ante actos de barbarie como estos, viviendo en barrios cada vez más inseguros, perdiendo la libertad de caminar tranquilo y confiar en los transeúntes. Personalmente, no creo en la ley de “ojo por ojo y diente por diente”, ni en arreglar la “violencia con violencia”, pero estoy consciente de que tenemos que tomar medidas claras y repensar el juego de relaciones sociales que ya no son las mismas.

Tenemos que protegernos y, en eso, las instituciones responsables tienen la palabra y deben pasar a la acción. No debemos permitir que la gente, desesperada, trate de hacer justicia por sus propias manos.

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