Cuando Grettel Artavia Murillo y su esposo decidieron practicarse una fecundación in vitro para tener un hijo, lo apostaron todo.
Grettel Artavia, la que sueña con trillizos
Claudia Carro, abogada que se especializó en Derecho de familia
Daniel y Vanessa: informe de CIDH que les da esperanza
Grettel Artavia, la que sueña con trillizos
Claudia Carro, abogada que se especializó en Derecho de familia
Daniel y Vanessa: informe de CIDH que les da esperanza
Ver fotos
Hipotecaron la casa, adquirieron un par de préstamos y vendieron varias pertenencias con el propósito de hacer realidad su sueño.
En marzo del 2000 todo iba con viento a favor para la pareja: Artavia ya había comenzado el protocolo para iniciar la fertilización y solo le faltaba la última fase del proceso, que era la implantación de los embriones en su útero.
De un pronto a otro, todo cambio para ese matrimonio. Dos días antes de la cita médica para hacer la implantación, la Sala Constitucional prohibió la fecundación in vitro (FIV) en Costa Rica.
Desde ese instante, la vida de ella y su esposo cambió por completo. A diez años de aquel aquel fallo, ellos todavía están pagando la hipoteca y los préstamos... y todavía no tienen hijos.
“Han sido diez años de muchas emociones. Es como si uno estuviera en una montaña rusa... a veces se está mal, otras veces una se siente un poco mejor”, relató Artavia sobre una lista de sentimientos que ella misma describió. “He pasado por depresiones y angustia, sin contar todas las veces que he llorado por lo que ocurrió hace ya tanto tiempo”.
Tiempo atrás. Ella y su esposo, junto a nueve parejas más, presentaron en el 2001 una demanda contra el Estado costarricense por la decisión de la Sala de frenar la FIV.
Nueve años después, específicamente el 23 de agosto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) determinó que aquel fallo del 2000 violó “arbitrariamente” –entre otros– el derecho que tienen las personas a fundar una familia.
Entre las demandantes ante la CIDH estaba la abogada Claudia Carro Maklouf.
Al igual que Artavia, Carro estima que la decisión de la Sala cercenó sus posibilidades de ser madre, pues estaba en la mejor etapa reproductiva para una mujer.
“Mi esposo y yo estábamos listos para la FIV, pero debido al fallo no pudimos terminar el proceso”.
La presión –agregó– que surgió entre ella y su pareja por no lograr un hijo pensó tanto que se convirtió en uno los motivos del por qué años después se divorciaron.
“No sabe lo difícil que es hablar de este tema, pero hay que hacerlo porque el informe de la CIDH ahora traerá esperanza a muchas familias”, arguyó Claudia Carro.
El fallo de los magistrados no solamente cambió la vida familiar de esta abogada, sino también su ámbito profesional.
Después del 2001 decidió especializarse en Derecho de Familia. Ahora, sus luchas se enfocan en su lugar de trabajo, el Patronato Nacional de la Infancia (PANI), donde está muy próxima al tema de las adopciones.
Además de esas dos mujeres, casi la mayoría de las otras demandantes conocen el informe de la Comisión Interamericana.
Julieta González está entre las afectadas. Ella, como varias más, salieron del país a fecundarse artificialmente para tener un hijo.
¿Fue mucho el tiempo que transcurrió para el pronunciamiento de la CIDH? “Una década no es nada cuando todavía se tiene la ilusión de tener un hijo y cumplir sueños, como dejarle su regalo de Navidad debajo del árbol”, dijo Artavia.