Cinco Vidas. El aporte de Costa Rica al proyecto DOCTV Latinoamérica es un video sin fuerza, frío, mal madurado y solo bien presentado, con el presuntuoso nombre de Las cinco vidas de María Rodríguez.El documental forma parte de una serie de 14 documentales con el propósito de retratar la realidad de la región. Los realizadores presentaron la idea de conocer el nombre más común entre los ticos y escoger las historias más representativas.
Pero lo bueno de esta historia resultó ser solo la idea, pues el rumbo del trabajo no tuvo claridad a partir de esa grata coincidencia.Por supuesto, el camino era mostrar las diferencias aunque el reto hubiera sido mostrar también las similitudes de integración en un mismo grupo cultural.
Pero no, el documental se centró más en retratar sus vidas disparejas, de una manera simple y anecdótica, por la flaqueza de la investigación y la falta de propósito, más allá de lo curioso.Las historias no están hilvanadas por una fuerza interior ni están organizadas en una sucesión de hechos para despertar y orientar las emociones del espectador. Es decir, se fragmentan.
Comenzamos a ver cada una y luego seguimos las cinco historias a la vez, pero ese entrelazado carece de un propósito simbólico y más parece responder a la necesidad de romper con el aburrimiento de cada historia. Así, no se crea un efecto de enigma, de sorpresa. La continuidad del documental no responde a lo que es común o divergente, sino a progresiones escogidas en la sala de montaje en función de algo que no está claro, y no del contenido. Bueno, eso solo ocurre muy al final cuando hay una serie de imágenes de todas ellas maquillándose, como si eso aportara algo.
El documento no logra entonces hacer una composición de la vida “de todas las mujeres” a partir de las diferentes historias, porque presenta una organización muerta y casi nunca es posible ver la manifestación de la conciencia social. Una composición a partir de pequeñas anécdotas es un movimiento informativo que suma en el ámbito de la pura sensibilidad, pero que carece de contenido social, de valor de conjunto.Justamente, esa es la mayor debilidad del proyecto: presentada la idea, las historias se presentan sin un desarrollo de interés creciente y, simplemente, suceden las cosas sin estar puestas para alimentar el deseo de saber más o de descubrir en sus vidas algo que sea socialmente relevante.
Solo una de las historias tiene un viaje atrayente de transformación, pero es una mujer con el discurso “he sido víctima de los hombres y ahora soy responsable de mí misma” y blablablá' Cosas que hemos oído miles de veces y que ya no causan sorpresa ni llaman a la reflexión.Hay un momento, cuando los personajes están ya debidamente presentados, donde el interés sucumbe porque uno no sabe hacia dónde van las historias ni hacia dónde va el objetivo de quienes las presentan.
El documental se extiende por la necesidad de cumplir los 52 minutos de proyección, pero jamás hubiera pasado de un reportaje de ocho minutos sustanciosos en manos de un periodista de 7 Días o de Informe Once Las Historias.El documental tiene algunos méritos técnicos, como la fotografía de Gustavo Brenes: es que Gustavo es incapaz de hacer algo mal aunque se lo propusiera como reto estético. Sin embargo, él mismo es víctima de la falta de claridad en qué hacer y cómo decirlo, porque su habilidad natural para el encuadre y el movimiento de cámara queda un poco estática y solo se muestra graciosa al principio y al final, cuando el video se aparta de la realidad y muestra una situación recreada en una maternidad, con el fin de aproximar el tema al espectador.La peor de las molestias es el sonido inseguro.
Eso me hace gracia, porque me parece curioso que un proyecto de $70.000 tenga problemas para captar un buen audio en directo. Me hace pensar que tal vez el manejo del presupuesto también fue una zona de improvisación y aventura. Acharita, porque el país presentó el año pasado otro documental bastante malo, titulado ¡Querido Camilo!, y sospecho que ya en Latinoamérica deben tenernos como personas despreocupadas, que nos gusta gastar el dinero por diversión.