Una falla en el subsuelo –que no se había descubierto hasta ahora– es la causante de enormes grietas y un hundimiento en el kilómetro 47 de la nueva ruta a Caldera.
El daño es tan severo que la calle se partió de lado a lado en el sector entre Concepción y Escobal de Atenas, y provocó desniveles superiores a los 20 centímetros.
Esta situación obligó a Autopistas del Sol, concesionaria de la vía, a cerrar el paso desde las 11 a. m. de ayer; anoche, al cierre de edición, la Policía de Tránsito había descartado su apertura.
A las 5 p. m., la fila de furgones en Orotina se extendía cuatro kilómetros pues no pueden desviarse por la Interamericana norte, que también estaba cerrada.
José Peláez, gerente de Autopistas del Sol, confirmó que un reciente estudio geológico demostró que hay una falla en el subsuelo, el cual existe desde antes de que se construyera la carretera.
Según relató, a finales del mes pasado los encargados de pavimentos reportaron unas fisuras en el kilómetro 47 y eso motivó a la empresa a realizar estudios técnicos con los que se descubrió la falla.
Se trata de una masa de materiales, en su mayoría arcilla, que se desplaza bajo la carpeta asfáltica.
Peláez reportó que esa masa se extiende a lo largo de unos 30 metros lineales de carretera y alcanza los 25 metros de profundidad. “Es como una gran tajada de sandía”, explicó el gerente.
Desde ayer empezaron a recubrir con capas de hasta 20 centímetros de asfalto los desniveles, pero esta medida es apenas paliativa, y exige una intervención mayor.
Tres salidas. Los estudios sobre geología y sismicidad en el sitio, revelaron que hay tres alternativas para atender la falla.
La primera –que empezaría a aplicarse desde hoy– implica remover material de la ladera, para disminuir la carga de materiales en la falla, dijo Peláez.
Si esa medida no resulta efectiva, pretenden colocar tubería bajo la carretera para drenar la gran cantidad de agua que satura el subsuelo arcilloso.
Por último, si las dos anteriores no son efectivas, podrían hincar pilotes en la ladera, a partir de los 6 metros de profundidad. Cada pilote tiene hasta 15 metros de alto y lo que se pretende es “amarrar” el terreno, para evitar que siga deslizándose.
Rolando Mora, director de la Escuela de Geología de la Universidad de Costa Rica, calificó de “inaudito” que este tipo de fallas se detecten hasta ahora.
“Es una carencia, es inaudito que les aparezca una falla ahora; eso evidencia todas las deficiencias de investigación para el diseño de la obra”, declaró el geólogo. Según el especialista, “es muy probable” que se trate de un deslizamiento “viejo”, que estaba desde antes de la construcción de la carretera.
Sin embargo, Rolando Mora estimó que un estudio geomorfológico previo a la construcción de la carretera les habría permitido identificar a tiempo las formas de estabilizar el terreno.
O incluso, modificar el trazado de la ruta, agregó el especialista.
Por lo pronto, las propuestas para atender el daño ya están en manos del Consejo Nacional de Concesiones, para que autorice las obras. Colaboraron los fotógrafos Abelardo Fonseca y Marvin Caravaca y la periodista Mercedes Agüero.