Clemencia Gavilán, de 76 años, es la “maestra” de su esposo, Braulio Eduardo Quesada (de 79 años), desde hace cinco años, cuando le detectaron alzhéimer, un trastorno neurodegenerativo caracterizado por la pérdida gradual de la memoria.
“Aunque es desgastante, me gusta mucho cuidarlo; es darse por una persona que ha hecho mucho por uno. Es cumplir con la voluntad de Dios de amarse los unos a los otros”, dijo Gavilán.
Como su esposo, otros 50.000 costarricenses padecen este trastorno sin cura. Sin embargo, pequeñas acciones pueden hacer que el desarrollo de esta enfermedad sea más lento.
“Me han dicho que lo acompañe, que converse con él sin contradecirlo y ‘llevándole la corriente’, que lo ponga a hacer rompecabezas y crucigramas. Yo veo que sí funciona, lo veo más animado”, contó Gavilán.
Para los especialistas, estas pequeñas acciones pueden significar un gran paso para que la evolución del mal sea menor.
Sin embargo, estas solo son eficaces en las etapas tempranas o intermedias de la enfermedad. En casos muy avanzados este tipo de ejercicios no funcionan.
“Lo ideal es que las personas estén en su entorno, en la casa con la que se han identificado desde hace años. No hay que cambiarlos bruscamente de espacio. Tampoco es bueno que estén con mucha gente o con mucha luz”, comentó Gabriela González, del programa Pathway to Memories de la fundación Homewatch Caregivers, que brinda cuidados especializados en casa de pacientes con alzhéimer.
“El alzhéimer no se cura, pero podemos mejorar la autoestima de estas personas y hacer que la enfermedad vaya más lento. Lo que se busca es identificar cuáles son los puntos en los que más falla la memoria y hacer ejercicios adecuados para cada paciente”, añadió.
Día con día. Para Jenny Mora, presidenta de la Asociación Costarricense de Alzhéimer, el apoyo de la familia es vital en esta fase.
“Lo ideal es que sepan que estamos ahí para ellos, aunque no nos reconozcan. Se les debe hablar de frente, viéndolos a los ojos. Así la persona podrá seguir más tiempo con funciones básicas, como tomarse un café o vestirse solo”, señaló Mora.
La familia del paciente debe ser parte activa, por lo que también debe capacitarse.
“Hay que trabajar con el paciente y con la familia. No es lo mismo si a la persona se le olvidan los nombres de personas o cosas o las actividades que ha hecho, o más bien cómo servirse la comida o vestirse. Cada caso es diferente y hay que trabajarlo diferente, lo importante es que la mente siga trabajando y la familia lo apoye”, dijo González.
Los especialistas concluyen que la cercanía de un familiar hace que la persona se sienta mejor y la enfermedad no avance rápido, aunque al día siguiente no recuerde qué sucedió o con quién estuvo.
“Francamente, no sé quién sos, pero lo sos todo; siempre estás aquí conmigo”, le dijo Braulio Quesada a su esposa Clemencia Gavilán cuando La Nación los visitó.