Parafraseando una sentencia famosa, aplicable ahora al Club Sport Herediano: “¿para qué goles sin valores?” En este club histórico siguen predominando los precios y hundiéndose los valores.
La destitución de don –sí, don– Orlando de León por mandato de Mario –sin don– Sotela ha puesto de manifiesto que su junta directiva ha sido, en estos años, una comparsa de máscaras o, lo que es lo mismo, de disfraces.
Alguien hablaba a nombre del equipo, pero el jefe estaba entre bambalinas, asomándose poco a poco. Hasta que sacó todo el cuerpo. Todos, sin embargo, sabían quién era.
Imagen dañada. El glorioso Club Sport Herediano representa hoy uno de los rostros ajados del futbol nacional por la penetración de intereses ansiosos de goles y de precios, y escasos de valores.
La destitución de don Orlando de León así lo demuestra, al pisotear el valor ético fundamental: el respeto, que no es sino el sentimiento que tenemos de la dignidad de las personas y de la majestad de la ley.
En el caso de don Orlando y de Mario, el irrespeto exhibió su peor forma.
Medios y fines. Lo dijo Kant, que no fue, por cierto, defensa central de la selección alemana, como pueden creer algunos dirigentes: “El deber de respetar a mi prójimo está incluido en la máxima de no rebajar a ningún otro hombre al rango de puro medio al servicio de mis fines”.
Se irrespeta con estos procederes descaminados a la afición florense y con ella el historial del C. S. Herediano, encarnado en el nombre paradigmático de Eladio Rosabal Cordero, punto de intersección de grandes futbolistas que se rememoran con honra y nostalgia.
Irrespeto. Se irrespeta a los clubes que han decidido regirse aún por otras normas y a toda la afición nacional, urgida de buenos ejemplos.
El futbol es un negocio legítimo, pero debe ser, sobre todo, por su arraigo y extensión, una expresión cultural y formativa.
Así lo entendieron los fundadores de este deporte nacional, egregias figuras que habrían honrado cualquier gabinete presidencial.
Anhelo incumplido. Por 17 años la afición herediana ha anhelado otro campeonato.
Pregúntense por qué no ha sido posible. Pregúntense también si vale la pena conquistar esta presea a costa del respeto a las personas.
¿Goles o valores? Un falso dilema.
Valores y goles. Esa es la cuestión.