San José (Redacción).A comienzos del siglo XX había una extraña creencia en Costa Rica: que nadie podía ser detenido por la Policía el 15 de septiembre debido a que era el día de la Independencia. Por supuesto, no había ley alguna que amparase esa creencia popular, y algunas autoridades procuraban impedir las broncas y los desórdenes que solían producirse alrededor del 15 de septiembre.
El historiador David Díaz Arias ha investigado aquella costumbre y ha encontrado testimonios escritos en periódicos de hace casi un siglo de antigüedad.
De ese modo, en septiembre de 1901, el diario La República aplaudió la medida del agente principal de la Policía de Puntarenas, Anselmo Sáenz, quien advirtió así a la población puntarenense: “La bárbara costumbre de golpes libres no será tolerada por la autoridad durante las fiestas cívicas”.
Por su parte, el periódico liberiano Nuevo Régimen denunció también aquellos hábitos violentos mediante un editorial, de septiembre de 1902, que expresaba:
“Para nosotros no está alegre una fiesta si no rasgan al aire a menudo los gritos destemplados y palabras soeces de los borrachos, que en fachas comúnmente inmorales o deshonestas recorren las aguardenterías y las calles de las cuales quedan dueños y señores porque nadie que se estime va a codearse con ellos o exponerse a un ultraje. Ya es forma que el quince de setiembre puede cualquier hijo de vecino romperse la cara con el primero que se encuentre en la calle, porque es día de golpes libres y hay que celebrar la independencia a puñetazos, y no sabemos que hasta el presente haya dejado de llevarse esta formalidad”.
David Arias añade que los pleitos callejeros surgían también en otras oportunidades, antes de las elecciones, por culpa de las autoridades nacionales y locales, y de los dirigentes políticos.
Días antes de las elecciones que designaban diputados, los candidatos y las autoridades que los apoyaban distribuían licor entre la gente para ganar la simpatía de ciertos electores. Así, bajo el influjo del licor, la violencia se acrecentaba.
Aquellas costumbres indeseables felizmente se han perdido en nuestro país, pero, al menos por escrito, aún quedan sus recuerdos.