Aunque parezca mentira, en el área científica existen talibanes que tienen características especiales, ya que en lugar de bombas y rifles usan la mentira, inventan datos y asustan a las personas con información seudo científica, amparados frecuentemente con su título profesional.
Es importante enfatizar algunas de sus características, ya que con su habilidad para mentir y su insistencia, logran asustar a las personas, favoreciendo así la difusión de enfermedades, imposibilitando el curar algunas de ellas, y limitando además el crecimiento del conocimiento científico.
Las vacunas. El argumento más trillado es su oposición a las vacunas, sobre todo a la introducción de nuevas vacunas. No les importa, por ejemplo, que el rotavirus mate a más de 500.000 niños anualmente, basta que se trate de implementar el uso de la vacuna para que empiece un movimiento en su contra, alegando precio, efectos secundarios prácticamente inexistentes e inventando supuestos beneficios económicos de las autoridades que la promueven.
El mismo patrón de conducta lo vimos con la vacuna contra neumococo. Su lema es “olvidémonos de los 800.000 niños que mueren anualmente por infección por neumococo, o de los quedan con secuelas por meningitis”, lo importante para ellos es que los laboratorios que las fabrican no obtengan ganancias. El ejemplo más dramático es la difusión que le dieron a la información falsificada sobre la relación entre autismo y vacuna contra el sarampión; por supuesto, cuando se hizo evidente que la información era un fraude, optaron por el silencio.
Investigación clínica. Otro ejemplo frecuente lo vemos con los grupos que se oponen a la investigación clínica. No les importa que la investigación se realice con los más altos estándares éticos y científicos, establecidos en regulaciones internacionales. Tampoco les importa el beneficio de los pacientes, y mucho menos que, a través de la investigación clínica, se mejore notablemente la calidad de la atención médica. Su preocupación única es cuánto van a ganar las compañías farmacéuticas, y cuánto ganarán los investigadores. Dejan de lado los beneficios de la población, para concentrarse en cómo bloquear la investigación clínica.
Burócratas de escritorio. Una de sus más notables características es que son generalmente burócratas de escritorio, empeñados en realizar estudios, talleres, propuestas y análisis, financiados por instituciones igualmente burocráticas, pero incapaces de implementar acciones que efectivamente mejoren la salud de las poblaciones a su cargo. Se ponen diferentes títulos, hasta se denominan investigadores, aun cuando nunca hayan investigado nada y no tengan ninguna publicación en revistas científicas serias.
Afortunadamente, en nuestro país aún no aparece ninguno de esos talibanes, pero es muy importante mantenernos alertas para poder identificarlos a tiempo, y evitar que influyan negativamente en la salud de nuestra población.