“El equipo de Sagrada Familia es reflejo del abandono en que está la comunidad”. La frase es de Guillermo Carvajal, presidente del equipo del sur de San José, que atraviesa carencias en su paso por el torneo de Segunda.
No hay dinero para incentivar a los jugadores, a diferencia de otros clubes de la Liga de Ascenso, donde se pagan viáticos que empiezan en ¢40.000 por mes. “A veces los muchachos nos dicen que necesitan algo, porque están atravesando algún momento difícil, pero no se puede. En años anteriores la compañía Ferrotico se hizo cargo de pagarles a seis; esta vez no se pudo”, comentó.
Los sagradeños se entrenan en el estadio Teodoro Picado. Tienen que hacerlo después de las 6 p. m., para darles tiempo a los jugadores de volver de su verdadero trabajo. Cuando llueve mucho, no hay nada que hacer: todos van de vuelta para la casa. “No tenemos recursos para buscar otras opciones, como alquilar una cancha sintética”, añadió.
El dirigente dice que gestionan una ayuda de la Municipalidad de San José. De hecho recibieron declaratoria de ser el “equipo oficial del cantón central”, y la idea es pasarse a jugar en la cancha de Plaza González Víquez cuando la remodelen.
Esto depende, sin embargo, de que permanezcan en la Segunda. Empezaron muy mal, con cuatro derrotas consecutivas.
Carvajal está consciente de que la estructura del club muestra rezagos. “Somos un equipo de barrio que se quedó en esa época. Hasta Carmelita nos superó, porque llegó de Primera División con muchos años de experiencia. En cambio nosotros seguimos siendo eso, un equipo de barrio”.