Cualquier despistado se asomaba anoche al Rommel Fernández y pudo pensar que se jugaba un partido importante; mínimo, un decisivo choque de eliminatorias.
Un juego amistoso, que los panameños se tomaron muy a pecho, se convirtió en un duelo exigente para la Tricolor, que debió esforzarse para sacar el empate.
Panamá jugó como si de una clasificación al Mundial se tratara. ¡Si hasta los aficionados se metieron a celebrar el 2-1!
El resultado es bueno para los intereses ticos: enseña cómo se está trabajando con empeño en el área y que, a pesar de las carencias de la región, en la Concacaf nadie va a regalar nada, lo que se llama nada.
Del juego hay que remitirse a una de las frases hechas del futbol, la cual dice que los goles son producto de los errores. Anoche quedó comprobado.
Las anotaciones logradas en el primer tiempo fueron acompañadas por groseros errores de los defensores y algún chispazo de virtud de los anotadores.
Si en el tanto de Michael Barrantes medió la pésima barrera y la deficiente técnica de Jaime Penedo a la hora de atacar la pelota, en el empate canalero la marca floja y la mala forma de embolsar la pelota de Adrián de Lemos también propiciaron la anotación.
El empate ocurrió en momentos en que los canaleros equilibraron el dominio en la media cancha.
Antes de eso, Costa Rica tocó con criterio la pelota, la distribuyó de manera vertical y sacó provecho del desconcierto táctico de los panameños, muy acelerados y con más corazón que seso.
Cuando Nelson Barahona se enchufó, Panamá vivió sus mejores momentos y fue el “10” de los locales quien provocó el desempate con un tiro libre que rebotó en el poste izquierdo de De Lemos y que Tejada enderezó hacia la red.
Complementaria. El segundo tiempo no fue tan intenso como el primero: tal vez fue el efecto de la pesada cancha, o que los dos equipos pusieron el pensamiento en su respectivo juego siguiente, o fueron los cambios de rigor y esperables de este tipo de partidos
A los relevos los ticos ( Álvaro Sánchez y Manfred Russel) les costó agarrarle el hilo, pero lo hicieron para permitir que la Tricolor equilibrara las acciones en el cierre.
Hay que destacar la anotación del empate de Álvaro Saborío, tanto por la forma como le marcó el pase a Bryan Ruiz (muy vigilado anoche), como por el pase límpido que con el que el “10” tico lo habilitó.
Empate final que deja una sensación de justicia y, repetimos, un aviso: en la Concacaf, las cosas van a estar lo que se llama bravas. Crónica elaborada con base en la transmisión de canal 7