El espacio pequeño

Para vivir armónicamente, sobra la mayor parte de lo que tenemos

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Enrique Obregón Valverde Abogado enriqueobregon@yahoo.com 12:00 a.m. 02/09/2010

Pausadamente, todo comenzó a estorbarme: demasiados libros, demasiados papeles, demasiados adornos.

Con el traslado de casa, aproveché para quedarme con lo mínimo, al apreciar que lo que siempre había creído que me era indispensable carecía de sentido, que ya no lo necesitaba. Ahora podía intimar encontrando satisfacción en lo reducido, en lo pequeño, en lo poco. Buscar, encontrar cierta grandeza en la limitación. Apreciar lo mucho que hay en el viejo sillón, en la sencilla mesa de trabajo o en el reloj que está detenido en el estante, silencioso, desde hace tanto tiempo.

Disminuir el espacio no empequeñece, sino que aumenta la capacidad de percepción. Comprender adquiere una dimensión hasta ahora desconocida, como una vibración interna que no se había presentado con anterioridad.

El espacio reducido, la vaciedad de cosas, aumenta cierto resplandor espiritual.

Para vivir armónicamente, sobra la mayor parte de lo que tenemos. Cuando prescindimos de nuestros objetos, sentimos como una brisa que libera y purifica, parecida a la que pueden sentir las palomas cuando abrimos la puerta de la jaula para que vuelen en busca de su propia libertad.

Momento de lucidez. Pausadamente, llega un momento de lucidez que nos permite entender la relación familiar como algo fundamental. El hogar, los hijos y la esposa que tiene la grandeza de preocuparse por los asuntos de todos los días, aparentemente intrascendentes, como el botón que falta en la camisa, el guiso en la cocina o la compra en el mercado popular. Los hijos, los míos y los de todos los padres del mundo, es lo que va quedando, y en eso, precisamente, consiste la vida, en la semilla que dejamos sembrada, tanto física como espiritual. La vida, que es la energía que nos impulsa a disfrutar del supremo bien de seguir adelante.

Lo que siempre nos pareció trivial se va transformando en suprema verdad, en esa relación de intimidad con las personas sin las cuales ya no seríamos absolutamente nada. Verdad que nos identifica con el ausente que, tras mucho vagar por el mundo, y con el peso de experiencias múltiples, regresa con alegre serenidad a la señera, única, patria del alma.

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Randall Villalobos Soto 07:07 2/9/2010

Excelente artículo. Palabras y reflexiones que solo la sabiduría que llega con el tiempo logran germinar dentro de un alma agradecida.

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