Entrevista con Jorge Guerricaechevarría

“No creo que haya malos porque sí; siempre hay motivaciones”

Puntos de vista El guionista de Celda 211, quien visita el país, habló con Viva sobre la creación del texto, los retos y el realismo del filme

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Caterina Elizondo L. celizondo@nacion.com 12:00 a.m. 02/09/2010

Ganadora del premio Goya 2010 al mejor guion adaptado, entre otros, la película Celda 211 representó un gran reto de producción, ya que debía ser fiel a la novela homónima de Francisco Pérez Gandul y, a la vez, necesitaba tener elementos que la acercaran a la realidad.

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Así lo explicó Guerricaechevarría, guionista del filme, quien junto con el director Daniel Monzón se encargó de darle vida a esta historia ambientada en una cárcel.

Guerricaechevarría está en el país para dar la conferencia Celda 211: De la novela al guión esta noche, a las 7 p. m., en el Centro Cultural de España.

Asimismo, ofrecerá una clase magistral el lunes 6 de setiembre, a las 4 p. m., en la Universidad Veritas. Ambas actividades se realizan junto a la Embajada de España.

En una entrevista con Viva, el guionista se refirió a los retos de realizar esta adaptación, el proceso para alcanzar el realismo deseado y sus opiniones sobre el filme.

¿Fue difícil hacer la adaptación de un libro como Celda 211?

Efectivamente, fue bien complicado. La novela, aparte de la trama, estaba muy bien escrita; me gustaba mucho cómo estaba narrada literariamente. Está estructurada con base en las voces de varios personajes que cuentan la historia y van atrás y adelante en el tiempo.

¿Cuál es el tipo de narración que emplea la película?

Queríamos utilizar el lenguaje de cine de género, sin complejos. En el cine español no es algo que se acostumbre hacer, pero en los últimos años, creo que la gente se hace ver más. Nosotros enfrentamos retos, desde ese punto de vista; a la vez, teníamos un fondo social o de denuncia de un mundo muy particular, pero queríamos que el enfoque fuera muy directo al público, como parte del cine de género.

Se ha dicho que el ambiente y la historia son muy realistas. ¿Cómo los construyeron?

La verdad es que sí hicimos un trabajo de campo mayor que en otras películas. Teníamos la novela como base, pero queríamos que se reflejara cómo era una cárcel española, no una americana (estadounidense), como estamos acostumbrados a ver en el cine.

Dentro del marco del filme de género, contactamos a educadores en la cárcel y, a través de ellos, pudimos entrevistar a un preso que tenía el perfil de Malamadre, el protagonista, quien nos ayudó a conectarnos con el interior de una cárcel.

También hicimos una proyección de una película que Daniel (Monzón) y yo ya habíamos hecho, con 400 presos, en una cárcel. Fue muy especial. Conocimos un poco a la gente; parece que en la cárcel lo que sobra es el tiempo y ellos (los presos) aprecian mucho cualquier cosa del exterior; a cualquier persona que se interese en sus vidas, por lo que estuvieron muy dispuestos a contarnos sus puntos de vista.

¿Se refleja una realidad española en la película?

El filme no está fechado. No queríamos hacer una denuncia ni de este gobierno ni de un gobierno anterior (...) La película denuncia la presencia del poder, la relación con los medios, la sensibilidad en España de la (organización terrorista) ETA... Queríamos hacer una suposición, algo que no ha pasado.

¿Quiénes son los buenos y los malos de la película?

Creo que si hay alguien que pueda ser el bueno de la película es este funcionario que llega antes de tiempo al lugar equivocado, en el momento equivocado; él tiene toda la vida por delante. Incluso, creo que un gran acierto del actor que lo encarna es que tiene esa mirada pura; tiene unos ojos que reflejan esa condición.

“El resto, todos tienen sus sombras y sus claros. Cuando construyes un personaje, tienes que ponerte un poco en su lugar. No creo que haya malos porque sí, sino que siempre hay alguna motivación o un punto de vista que te hace que veas la realidad de una forma diferente”.

¿Cómo hizo el balance entre la tensión del filme y el humorismo?

Eso surgió de forma muy natural. Creo que en la cárcel hay mucho humor, mucha risa; quizá por una necesidad de contrarrestar lo demás. La gente está muy dispuesta a sacarle chispa a las cosas.

“Este es uno de los elementos que usamos con Malamadre; tiene un don de gentes con el que ejerce su liderazgo, más que con la violencia”.

En un ambiente tan masculino, el personaje de Elena es la única mujer. ¿Cuál es su peso en el filme?

Mientras escribíamos, para nosotros fue como un momento de relax; nos pareció fundamental para los espectadores. En momentos de tensión total, rompimos la unidad del filme y se agradecen estas huidas del ambiente de la cárcel. Si el público conoce a la chica, se involucra afectivamente con ella y les importa; se entiende mejor la historia del personaje. Estos momentos en la trama dan un descanso y rompen la unidad del filme.

¿Cómo fue trabajar con Monzón?

Ya habíamos trabajado en otra película juntos, nos llevamos muy bien. Para mí es muy divertido trabajar con otra persona en la escritura, me motiva más.

“(...) Un momento emocionante de nuestro trabajo fue cuando escribimos la última secuencia. Normalmente es un momento de mucha euforia, pero nosotros nos quedamos callados, solos en una habitación; no lo podíamos creer. ¡Teníamos todo el peso del filme encima!

¿Participó durante el rodaje?

Prefiero prácticamente no ir al rodaje. Prefiero ver la película de una forma más libre. Un día fui a visitarlos, llevaban varias semanas de filmación y todos ya tenían familiaridad. Incluso cuando aparecía Malamadre, todos callaban; era como si fuera en la realidad el filme.

“Por otra parte, la cárcel tenía también unas vibraciones, unas fuerzas, que no podías evitar.

“(...) Esta película, además, tiene la particularidad que, aún sin música, no da la impresión de ser lenta. El trabajo de Roque (Baños) con la música fue excelente, le añadió unos bajos y percusión que te hacen meterte en la película”.

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