El éxito en muchas situaciones que ha enfrentado la familia de Benito López Abarca radica en hablar las cosas. Eso fue lo que hicieron cuando decidieron dar un teléfono celular a su hija de 15 años.
“Mi hija me pedía celular desde los 13, pero no se lo di sino hasta que cumplió 15. Cuando llegó el momento, hablamos de las razones para tener teléfono, como lo son la seguridad, la cercanía y la facilidad. Luego, hablamos del pago. Le expliqué que ella pagaría el recibo del dinero que le damos mensualmente. Desde el primer recibo hasta la fecha no ha pagado más de ¢5.000 por mes”.
Sería ideal que en todas las familias sucediera lo mismo, pero en muchas, las discusiones sobre los elevados montos empiezan en cuanto llega el recibo.
Sé de casos en los que a los muchachos les llegan cobros espeluznantes. A uno que conozco el recibo le llegó por ¢100.000. Sus papás optaron por quitarle el teléfono.
Esa fue una medida extrema, porque se podría decir que hoy el celular es un aparato casi de primera necesidad, sobre todo para los jóvenes, que lo han convertido en una extensión vital de su comunicación con el mundo.
Quizá no haya que llegar a esos extremos. Ideal sería imitar a don Benito y su familia, quienes supieron cuál era el momento adecuado para dar un celular, y llegaron a un acuerdo sobre cómo debía pagarse. Sin duda, se ahorraron muchos pleitos... y mucho, mucho dinero.