Existe un gran desorden bajo los cielos. La Presidenta afirma que hay un déficit fiscal que ella ignoraba, en tanto su diputado número uno la desmiente y señala que sí lo conocía. Doña Laura dice que no a un nuevo edificio para la Asamblea y el Presidente legislativo dice que sí. Cuando la Sala IV anula todas las maniobras contrarias al orden legal en lo de Japdeva, Zapote queda atónito y la palabra diálogo luce más como un escudo, que como un puente.
Lo que ocurre es una reacción ciudadana que, aunque tardía, es justificada, no solo frente a los cien días de gobierno de doña Laura, sino a los cuatro años de don Óscar, que se le suman en lo esencial. Por eso el desorden administrativo en la construcción y preservación de puentes, con olvido consciente de las recomendaciones de la misión técnica japonesa; el abandono por dos años de valiosos materiales para su reparación, condenados a convertirse en chatarra; la acumulación de superávits en el MOPT, por miles de millones de colones, en medio de carencias urgentes de la población; las mentiras sobre la platina, que primero se arreglaría en tres días, luego en meses y acabó con que ahora hay que pagar cuatro millones de dólares para salir del problema, son fallos graves que se le juntan al Gobierno.
Pero están también las intocables concesiones. Hasta que la oposición unida no se paró en firme para exigir una investigación casi obligada, se actuó como moro sin señor. Las carreteras concesionadas no funcionan o lo hacen mal; las denuncias sobre el alto costo y los actos lesivos en la del aeropuerto, indignaron incluso a altos funcionarios actuales y a connotadas personalidades del PLN. Pero fue imposible obtener razón o rectificación alguna y, menos, que alguien asumiera la responsabilidad de lo actuado, con sus fallas, retardos y el gran desperdicio económico. Por ello, las resistencias de la fracción liberacionista, atendiendo las órdenes desde Zapote, a integrar una comisión investigadora sobre todo este desorden privatizador, llevado a la brava, con torpeza y subestimación del sistema legal y el respeto a la ciudadanía, agudizó la pregunta de ¿por qué tanto silencio, complacencia y vista gorda?
Estas no son pifias de cien días, sino de más de cuatro años. Es el resultado de una manera de gobernar que tiene que acabarse, en la que se confunde la república con un barco y al presidente con un capitán. Limón, los sindicatos, los puertos, las concesiones y la modernización, se ven retrasadas hoy no por la sentencia de la Sala IV que anuló, como debía, todo lo mal actuado, sino por obra de la torpeza e ineptitud de quienes quisieron acabar, mediante burdas maniobras, el escollo sindical que se les oponía. Sencillamente, esos polvos trajeron estos lodos.