Saprissa asomó la cabeza fuera del hoyo. Con goles producidos en serie los morados lograron extinguir la racha de malos resultados que puso al cuerpo técnico en el centro de un tornado.
Este Marathón fue una víctima propicia: sin la picardía y dinámica de los equipos hondureños, y con la torpeza de quedarse innecesariamente con un hombre menos por una de esas expulsiones que ocurren cuando se tensa el músculo sin neuronas.
La victoria encarrila a los tibaseños de nuevo en la lucha por un boleto en su grupo de la Concacaf. Pero más importante: abona un importante capital de confianza.
Saprissa inició el partido con esa angustia de los equipos que arrastran deudas ante su afición. La línea de crédito ya estaba agotada y no había ningún marcador distinto de la victoria que pudiera aplacar la hoguera.
El entrenador Roy Myers le aplicó bisturí profundo a la alineación: Armando Alonso asumió el carril derecho, Ricardo Blanco el izquierdo y Gabriel Badilla tomó un puesto de la defensa. Especialmente con el Caya, la propuesta era aumentar el voltaje ofensivo por la banda.
Defensivo. Marathón cedió terreno, atendiendo el viejo código que suele regir los modales del equipo visitante en este tipo de duelo. Pero ojo: siempre hubo algún carril de emergencia para llevar la pelota hacia el área rival, y así es como lograron ponerse al frente.
Los morados se curaron del susto con el 1-1 providencial. Pero hasta el empate era muy corto: para lavar las heridas había que subir el listón mucho más arriba.
El alivio les llegó a los de casa en el segundo tiempo, cuando ya el rival jugaba con diez hombres. Aprovechar la ventaja numérica también tiene su mérito; sobran ejemplos de equipos que fallan ante un oponente disminuido.
Los catrachos marcaron mal por el centro, donde Jairo Arrieta y Josué Martínez clavaron el arado para abrir trocha. Contaron con el auxilio oportuno de la línea de volantes, especialmente de un Mauricio Castillo que aporta la velocidad que le hace falta a Centeno.
Los minutos finales resultaron prescindibles. Ya todo el mundo sabía el final de la película, que estaba anunciado de sobra desde que cayó la tercera anotación.
Estrenando cancha, estrenando alineación y ante un adversario que remaba con uno menos, Saprissa consiguió salir del profundo bache. Era lo que les hacía falta: darse un baño de autoestima.