Buenos Aires. La enorme nación colorada amaneció el jueves con una sensación insuperable de alegría. El diario O Sul, de Porto Alegre, traía en portada una gigantesca foto de los jugadores del Internacional de Porto Alegre levantando la Copa Libertadores y dos titulares que les regocijaban el alma.
Uno aludía al nuevo logro de campeón de América logrado por el club de Paulo Roberto Falcao; el otro, en cabeza de página, sostenía: “Brasil supera a España y se torna la octava economía del mundo”. Curioso, hace ocho años Brasil era campeón mundial de futbol y España se convertía en potencia económica. Hoy es al revés.
Todo cambia. También hace tiempo Brasil jogava bonito y España seguía con la Furia. Ahora el jogo bonito está del otro lado del mar, luce camisa roja.
Las manos de Pelé, que recibieron la Copa en 1962 y ’63 como deslumbrante goleador, ahora la entregaron en carácter de prócer de la competencia.
¡Setenta años cumplirá O Rei el 23 de octubre'! Parece de 50. Siempre engalanando cada suelo que pisa, cada acto al que asiste. Firmó toneladas de autógrafos, camisetas, gorros, se tomó centenares de fotos, dio mil veces la mano, mostró otras mil su cálida sonrisa. Todo con oriental paciencia.
Y cuando se disponía a mirar por un momento la final, nuevamente alguien más venía con algo para autografiar. Noveletto, simpático dirigente y amigo gaúcho, lo miró serio a Pelé y le dijo: “Eso pasa por jugar bien”.
¿Inter es el mejor equipo de América'? Fue una pregunta insistente estos días. Y si se formula es porque admite algún reparo. Se puede responder con otra interrogante: Y si no es Inter, ¿cuál es?
En general (no siempre), el campeón es el mejor. Se impuso en las dos finales, dejó en el camino al San Pablo, a Estudiantes de La Plata' Ganó 8 de sus 14 partidos (57%), perdió 3, marcó 20 goles, recibió 12. Los números le dan bien. El juego no tanto.
No será, eso sí, una formación de sencilla evocación. Cuando pasen 20 años no diremos “Aquel inolvidable equipo del Inter'” Habremos de buscar los libros para memorizar al arquero Renán, al mediocampo, al que hizo el gol tal' Son los campeones que nos da la actualidad, no muy brillantes, campeones de un gol más, de una derrota menos.
No obstante, siempre entonamos la misma canción: hay que saber ser campeón. Si había un equipo mejor, ¿por qué no fue'?
Terminó con una imagen sólida el Inter. Más fuerte atrás que adelante. Dos laterales excelentes, de lucha y proyección (Nei y Kleber), dos zagueros firmísimos y con temperamento (Bolívar e Indio), un medio trabajador, en el que destacan la inteligencia de Sandro y el espíritu de combate de Tinga.
Y arriba, algunas cositas de Taison, los movimientos astutos de Alecsandro. Y tres argentinos. Siempre los hay en el inventario de un campeón.
Las cosas que nunca entenderemos de los entrenadores. “Giuliano fue el mejor jugador de la Copa”, señaló el centrodelantero Alecsandro, juicio que compartimos. Tiene la pasta del crack, hace todo bien, muestra movilidad, entusiasmo. Nunca fue titular. Entrando de a ratitos, diez minutos, un tiempo, fue el goleador del campeón con seis goles.
¿Por qué Giuliano no juega de entrada? Prometemos preguntárselo a Celso Roth, el competente entrenador colorado.
Justamente Giuliano, 20 años recién estrenados, se encargó de conferirle el barniz de memorable a la noche gaúcha con ese tercer gol lleno de clase y osadía. Le dio el toque brasileño al triunfo, a la conquista. Eludió a dos con un pase de bola (de derecha a izquierda), dominó al entrar área, apurado por los zagueros pero con la serenidad que da el saber, y se la picó al arquero mexicano Michel. Era el 3-1. Después, en la agonía, el excelente atacante mexicano Omar Bravo hizo que la contienda quedara en un atractivo 3-2.
La final fue despedida para Sandro, cerebral volante de 21 años que pasó al Tottenham inglés en 10 millones de euros. Una pena, otro joven talento que se va. Los gestores de toda esta gloria del Inter en los últimos cinco años, Vitorio Píffero (presidente) y Fernando Carvalho (expresidente y actual titular del futbol del club) lo tienen clarísimo: “Cuando el jugador está para irse, hay que dejarlo, no se puede hacer nada. Él ya tiene la cabeza en Europa y usted no lo puede cambiar. Lo que queda es reemplazarlo lo mejor posible y hacer una diferencia económica”. Y algo saben estos señores: tomaron en 2002 un club que vegetaba y lo convirtieron en bicampeón de América, campeón del mundo, de la Sudamericana'
¿Cómo? Llevaron al Inter de 7.000 a 106.000 socios que pagan 20 dólares cada uno. Eso, y otros muchos ingresos que potenciaron, les permite pagar un salario de más de 100 mil dólares mensuales a una decena de jugadores. Un presupuesto para mantener siempre un plantel competitivo.
Carvalho y Piffero hicieron una movida arriesgada: apenas el equipo clasificó a semifinales y llegaba el receso por el Mundial, despidieron al entrenador Jorge Fossati y contrataron a Celso Roth. ¿Por qué?, inquirimos: Piffero respondió: “Fossati insistía en defender con tres zagueros. Eso acá no va, es peligroso. Y aparte el equipo jugaba mal”.
Venía clasificando de milagro el Inter. Con ese golpe de timón apareció el equipo. La primera vez que un club llega a semifinales y echan al técnico. Fueron campeones rompiendo el manual.