Polémica

Ni una piedra más

Tras purgar una pena de 99 latigazos en el 2006 por mantener una “relación ilícita”, la iraní Sakineh Mohammadi Ashtiani fue juzgada de nuevo por el mismo delito y condenada a muerte por lapidación. Hoy, el mundo le suplica clemencia a Irán.

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Amy Ross A. amy.ross@nacion.com 12:00 a.m. 22/08/2010

Existen segundos tan intensos que transcurren durante minutos, horas y hasta días completos. Eso lo puede confirmar Sajad Ghaderzade, quien, en mayo del 2006, con apenas 17 años, acompañó a su madre Sakineh Mohammadi Ashtiani en los minutos –de aquellos que parecen nunca acabar– que tardaron las autoridades iraníes en pegarle 99 latigazos, sin poder hacer nada para atenuar su dolor.

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“Me preguntaron si quería esperar afuera. Dije que no, no podía dejar sola a mi madre. Hace cuatro años, en ese momento, todo debió haber acabado. La debieron castigar solo una vez. Ella es inocente”, recordó Ghaderzade en una entrevista con CNN el 6 de julio. Pero no acabó ahí. Apenas empezaba.

Ashtiani, una mujer iraní de 43 años, atrajo la atención del mundo cuando trascendió que iba a ser lapidada en su país de origen. Su rostro ha recorrido el planeta a través de una simple foto de identificación que se ha convertido en símbolo humanitario; en el colmo de la violación de los derechos humanos.

Los azotes que recibió Ashtiani fueron el resultado de una acusación y condena por mantener “una relación ilícita” con dos hombres. Tras soportar el castigo, su caso se reabrió cuando un tribunal en Tabriz llegó a sospechar que ella había matado a su esposo. A Ashtiani se le absolvió de ese cargo, no obstante, las autoridades decidieron revisar su caso de adulterio y declararla culpable de tener una “relación extramatrimonial” y condenarla a morir por lapidación.

Según lo señala Amnistía Internacional (AI), en el juicio, dos de los cinco jueces del tribunal la declararon inocente, diciendo que ya había sufrido una condena de flagelación y que no había pruebas suficientes de adulterio contra ella.

“Los otros tres, incluido el presidente del tribunal, la declararon culpable basándose en el ‘conocimiento del juez’, un principio de la legislación iraní que permite a los jueces adoptar una decisión en relación con la culpabilidad del acusado, incluso en ausencia de pruebas claras o concluyentes”, dice el sitio web de la agrupación.

A Ashtaini le llegó la noticia de su ejecución a mediados de noviembre del 2008, según lo relató al diario británico The Guardian Shahnaz Gholami, una de las 25 compañeras de celda de la mujer, en la cárcel de Tabriz.

“Durante el viaje de 15 minutos de la prisión al tribunal, ella solo estaba preocupada por sus hijos, pero ni se imaginaba que se trataría de una lapidación”, relata Gholami, quien fue encarcelada por más de cuatro años en Irán por participar en actividades políticas a favor de l minorías azerí.

Cuando le dieron la noticia a Ashtiani, ella no comprendió su sentencia ya que las autoridades utilizaron un término legal árabe para referirse a la lapidación.

“El juez entregó mi sentencia, y yo ni siquiera me di cuenta de que me iban a lapidar porque no sabía lo que significaba rajam. Me pidieron que firmara, lo hice, y luego me devolví a la prisión. Allí mis compañeras de celda me dijeron que me iban a lapidar. Inmediatamente me desmayé”, dijo Ahstiani, según The Guardian, a través de un informante anónimo en la única entrevista completa suya que se ha publicado hasta la fecha.

Gholami asegura que a partir de ese momento, y hasta la última vez que vio a Ashtiani, la mujer no cesaba su llanto.

El planeta se manifiesta

Sin más alternativas, los hijos de Ashtiani –Sajad, de 22 años, y Faride, de 17– así como su abogado, Mohamad Mostafaei, emprendieron una ruta distinta: la de hacer visible el caso de Ashtaini y pedir la intervención del resto del mundo.

Y el mundo no tardó en responder. Grupos internacionales de derechos humanos se pronunciaron en contra de la pena e iniciaron una incansable búsqueda de firmas para una petición –en la cual han logrado la participación de cientos de miles de personas– solicitando la liberación de la mujer.

Los medios de prensa tapizaron el planeta con el rostro de Ashtiani y pronto intervinieron figuras políticas como Hillary Clinton.

Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil (país que actualmente mantiene buenas relación con Irán), se ofreció a recibirla como asilada.

Los esfuerzos tuvieron un alto costo para Mostafaei, quien voluntariamente representaba a Ashtiani, pues debió huir del país tras ser amenazado y chantajeado a más no poder: a finales de julio las autoridades iraníes emitieron una orden de arresto contra él y, al no hallarlo, tuvieron a su esposa en custodia durante dos semanas sin acusación alguna.

Irán reacciona

A pesar de todo, la tremenda atención mediática y presión internacional parece haber surtido efecto.

En julio, Irán suspendió la pena de lapidación, ante la indignación mundial que generó la brutalidad de la pena. De acuerdo con la agencia de noticias AP, el mandatario Mahmud Ahmadinejad respondió a las críticas de aquella práctica, diciendo que el número de personas que se somete a ella es “muy insignificante”.

En otro aparente intento de desviar la crítica, Irán afirmó que Ashtiani también era culpable del homicidio de su esposo, por lo que, a pesar de haber suspendido la lapidación, aún podría enfrentar la muerte por ahorcamiento, una pena considerada menos brutal por algunos y que aún se practica en ciertos estados de Estados Unidos y Japón.

La decisión del gobierno iraní de enfatizar que Ashtiani también era culpable de homicidio culminó este 11 de agosto, cuando se transmitió una “confesión” de la iraní en la Emisora de la República Islámica de Irán.

Una mujer identificada como Ashtiani reconoció que un hombre con el que había mantenido una relación le propuso matar a su marido y que ella le había permitido cometer el crimen en su presencia. También denunciaba a Mostafaei por publicitar el caso, deshonrándola en público.

Existen dudas de si la mujer que aparece en el video realmente es Ashtiani, no solo porque su cara aparece borrosa, sino también porque su voz apenas se escucha en un segundo plano, superada por la voz de una mujer que traduce al persa la declaración hecha en una lengua azerí.

Otros, como Hassiba Hadj Sahraoui, subdirectora de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África, critican la práctica recurrente de las autoridades iraníes de utilizar confesiones televisadas, pues alegan que las personas confiesan bajo coerción o tras ser torturados. “Parece que las autoridades iraníes han orquestado esta confesión tras la petición de una revisión de la condena a muerte para añadir una nueva acusación, la de haber matado a su marido”, dijo Sahraoui a la agencia de noticias EFE.

Javid Houtan Kian, el abogado nuevo de Ashtiani, aseguró a AP que ella fue torturada durante 48 horas antes de filmar la confesión. Kian también reiteró que en el archivo de Ashtiani no existe ninguna acusación por asesinato y ni siquiera se ha efectuado un juicio por ese cargo.

Irán rechazó la oferta brasileña de acoger a Ashtiani y, según The Guardian, el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Ramin Mehmanparas, dijo: “hasta donde nosotros sabemos, Da Silva es una persona muy humana y emotiva que probablemente no ha recibido suficiente información acerca del caso”.

Para AI, la revisión de la condena de muerte de Ashtiani en el Tribunal Supremo iraní no es más que un intento de las autoridades de aquel país para mitigar la presión internacional. Un documento legal facilitado a The Guardian por el Comité Iraní Contra la Lapidación corrobora que Ashtiani fue hallada culpable de adulterio, no de asesinato.

Mostafaei, actualmente refugiado en Europa, dijo el miércoles a AP que la indignación internacional por la sentencia de muerte podría ser suficiente como para salvarle la vida e incluso ponerla en libertad.

Al cierre de esta edición, el jueves en la noche, Ashtiani permanecía en el pabellón de la muerte en la prisión de Tabriz, al noroeste de Irán. El resultado de dicha revisión estaba programado para dictarse anoche.

Mientras, el hombre declarado culpable de matar al esposo de Ashtiani cumple una pena de cárcel, mas no de ejecución.

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Castigo aún se practica en seis países

La lapidación hoy

La lapidación es un método de ejecución milenario en el cual se le indica a los asistentes que lancen piedras contra el reo, hasta matarlo. El individuo sentenciado es enterrado hasta el cuello (en el caso de los hombres, hasta la cintura), y la ejecución es un acto público. Si la persona condenada lográ soltarse del hueco, la sentencia de muerte se conmuta.

La ejecución es una práctica aceptada por el cuerpo de Derecho Islámico, que se utiliza en Irán. Se le conoce como sharia y es común en los casos que ellos denominan crímenes sexuales. En esta clasificación están el adulterio, la homosexualidad y el abuso sexual infantil.

En la actualidad, el artículo 102 del Código Penal iraní (ratificado en 1983) indica que la pena por cometer adulterio es la flagelación (100 latigazos) en el caso de personas solteras, mientras que si quien comete la ofensa es casada, se puede castigar con la lapidación.En el artículo 104, se indica que “las piedras no deben ser tan grandes como para que la persona se muera después de ser golpeada por dos de ellas, ni tan pequeñas como para que se les pueda llamar guijarros”.

Diferentes métodos de pena capital, incluyendo la inyección letal y el ahorcamiento, se utilizan en 74 países del mundo. Sin embargo, la lapidación únicamente se practica en Afganistán, Irán, Arabia Saudita, Somalia, Sudán y Nigeria.

En el 2009, Irán fue el segundo país con más ejecuciones (superado únicamente por China) al llevar a la muerte a 399 personas. De estas, una persona murió lapidada. La mayoría mueren ahorcados.

Sin duda, la práctica ha disminuido radicalmente con la presión internacional y la intervención de grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, que se oponen a cualquier tipo de ejecución, y lo hacen con más fervor cuando se trata de métodos particularmente brutales, como lo es la lapidación.

Se calcula que más de 15 personas han sido rescatadas de lapidaciones desde el 2002, gracias a campañas internacionales. Uno de los casos más famosos es el de la nigeriana Amina Lawal, quien fue sentenciada a morir apredreada por concebir un niño fuera de matrimonio. La apelación del caso, junto con las fuertes protestas, lograron la libertad de Lawal.

La efectividad de la presión internacional ha sido tal que en el 2002, el sistema judical iraní estableció una moratoria para las ejecuciones por lapidación. Sin embargo, después de la elección de Ahmadinejad, en el 2005, se han reportado nuevamente casos de jueces dictando condenas por lapidación.

Mina Ahadi, una activista de derechos humanos en Alemania y representante del Comité Iraní contra la Lapidación (ICAS por sus siglas en inglés), es quien ayudó a los hijos de Ashtiani a lanzar su campaña internacional. Ella dice saber de, al menos, 12 mujeres más en Irán, que enfrentan una pena de muerte por lapidación, así como tres varones.

La ejecución a través de este método no está presente en el nuevo código penal que actualmente se está deliberando en el parlamento iraní. Sin embargo, hay reportes de que también se practica fuera del sistema judicial, en zonas rurales.

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