En noviembre del 2009, este diario editorializó sobre la “Universidad corporativa” proyectada por el Instituto Costarricense de Electricidad, calificándola de mal encaminada en su concepción y ejecución. Hace pocos días, la institución anunció el abandono del plan. Es una buena noticia, pero es imposible pasar por alto los gastos incurridos o, mejor dicho, las pérdidas.
El contrato de arrendamiento, pactado por tres años, está valorado en $1.674.000. La suma pagada a la fecha ronda $1 millón. Desde mayo del año pasado, Róger Carvajal, director de la Universidad Corporativa, ganó ¢5,2 millones mensuales, pero no era el único funcionario en la planilla. Los gastos administrativos y de mobiliario corren desde el inicio del proyecto y ningún resultado existe para justificarlos, salvo el puñado de cursillos de capacitación esgrimidos por el ICE a fines del 2009 para disimular la inercia de la costosa iniciativa.
Según el ICE, las aulas se aprovecharon para actividades de aprendizaje e innovación empresarial ofrecidas a unas 50 personas por semana, 2417 en total de conformidad con los datos revelados en noviembre. La instrucción pudo haber sido impartida en las tradicionales instalaciones de la institución. En resumen, el ICE tiró el dinero a la basura.
En su momento, sin embargo, no faltaron las justificaciones altisonantes. La División de Capital Humano defendió el carácter indispensable de la Universidad Corporativa. Sin ella, el ICE no podría enfrentar la competencia en el mercado abierto de las telecomunicaciones. Nueve meses más tarde, el centro de formación no es tan indispensable. Nunca lo fue y el país debe agradecer a la nueva administración el haberlo reconocido para poner fin a la sangría.
Mientras el dinero corría, ningún esfuerzo se hizo por solicitar la inscripción del centro educativo ante las autoridades del ramo y nunca se conoció el contenido del plan curricular. La Universidad Corporativa, tan bien financiada, jamás dio señales de vida. Da lo mismo, porque a juzgar por la nueva decisión, los planes nunca habrían sido aprovechados.
Las nuevas autoridades del ICE se limitaron a anunciar que mantendrán el concepto de “gestión estratégica del aprendizaje” para lo cual integrarán las áreas de formación y desarrollo, los centros de capacitación y las escuelas técnicas. En ausencia de definiciones más precisas, es difícil valorar el anuncio, pero evoca políticas de capacitación más ajustadas a las necesidades reales de una empresa competitiva. Para la formación profesional en general el país cuenta con universidades de buen nivel, de donde también reclutarán a su personal las compañías competidoras del ICE en el mercado de las telecomunicaciones.
Los planes para el desmantelamiento de la malograda iniciativa todavía no contemplan un destino para el edificio sede de la universidad, en Ofiplaza La Uruca, pero el director Carvajal permanecerá en el ICE, a cargo de un comité técnico sobre políticas de responsabilidad social empresarial. El salario correspondiente a esa plaza tampoco está definido, pero Jorge Arguedas, secretario general de la Asociación Nacional de Técnicos y Trabajadores de la Energía y las Telecomunicaciones (Anttec), dijo que cualquier funcionario asignado a un cargo de menor rango debe ser liquidado y recontratado con un salario acorde. “No pueden seguir ganando como gerentes”, sentenció.
El ICE no debe pasar por alto la oportunidad de aprendizaje brindada por su fallida Universidad Corporativa. Entre las escasas lecciones, destaca una, muy básica: la competitividad sufre con el desperdicio de recursos.