A la presidenta Laura Chinchilla le duele la garganta. Dos inyecciones y un jarabe la mantienen a flote después de muchas horas de palabras relacionadas con sus primeros 100 días de gobierno.
Entrevista con Chinchilla
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Su garganta sufre los efectos de tener mucho qué explicar, pero concede a La Nación 33 minutos de respuestas rápidas. Muy rápidas, porque otros periodistas esperan en el lobby del hotel Corobicí.
Así, rápido, rápido, asegura que gobierna libre de presiones y que no ha debido reducir sus objetivos de campaña. Más bien, dice que quisiera hacer más de lo anunciado, pero afirma que el déficit fiscal se lo impide, porque es mayor de lo que pudo imaginar.
Pasados estos 100 días, ¿qué cambia para su gobierno?
No mayor cosa. Todos los días, a toda hora, cualquier persona se siente con derecho a pedir cuentas y uno tiene que estar preparado para hacerlo. La urgencia que de alguna manera impone esa barrera de los tres primeros meses, yo creo que más bien nos entrena para poder tratar de seguir gobernando con igual sentido de urgencia.
¿Siente que en estos primeros 100 días se ha podido desmarcar del gobierno de Óscar Arias?
Yo no tenía que desmarcarme de nada, fueron distintos sectores, entre ellos la prensa, los que insistían en marcarme.
En sus anuncios de campaña usted aparecía con Óscar Arias...
Bueno, porque era un proyecto político, pero la gente me ha conocido con estilo propio. No he tenido que hacer ningún esfuerzo explícito por desmarcarme; simplemente he hecho las cosas según yo haya considerado conveniente hacerlas.
Pero sí debió atender unas diferencias con don Rodrigo Arias.
Ese incidente ya es historia. Más allá de los incidentes que ocurren propios de las relaciones personales, de la política, sigo sintiendo el mismo aprecio por don Óscar como por don Rodrigo.
¿Cuándo fue la última vez que habló con don Óscar?
No recuerdo; tengo mucho tiempo de no hacerlo.
¿Ha habido necesidad de hacer ajustes en sus objetivos?
No muchos, con toda franqueza. He estado en un permanente ejercicio de recrear esas ofertas de gobierno y las distancias no son mayores.
“En la más ambiciosa de todas, que es la de seguridad, hemos sido muy claros de que requeríamos recursos adicionales. Si no se nos dan los recursos, va a ser muy difícil cumplir eso, pero desde la misma campaña lo sabíamos”.
¿Ha debido hacer otros ajustes en su Gobierno en relación con lo que quería hacer?
No... Quizá teníamos ventaja de ser el partido oficial. Cuando hice y trabajé en nuestra oferta de gobierno, procuré consultar muchos documentos oficiales y procuré tener idea de cómo iban a estar los planes de inversión de las instituciones.
“Ahora, una vez entrado el Gobierno, he visto unas necesidades con mayor claridad y quisiera hacer mucho más de lo que anuncié en campaña y ayer (el lunes).
“Quisiera cubrir en vez de 20.000 familias con opciones de vivienda, cubrir 40.0000, que es la mitad del faltante de viviendas en el país. Quisiera que la red de cuido no cubra solamente a los niños que hemos anunciado, sino que ojalá que deje cubriendo al 50% de la población infantil.
“Quisiera, además de conectividad, darle una computadora a cada niño. Esa será una de las primeras cosas que, si tenemos dinero, lo vamos a hacer ojalá de Fonatel (fondo que se creará con aportes de las empresas de telecomunicaciones), pero nos hemos cuidado”.
A usted le reconocen liderazgo, pero un arranque tibio. ¿A partir de qué momento podrá la población exigirle resultados?
Yo creo que la gente tiene derecho a exigir resultados desde el primer día. Ese sentido de urgencia que la gente vive procuramos comprenderlo, pero también es nuestra obligación explicarle a la gente que no todo lo podemos hacer desde el primer día, pero que sí estamos desde el primer día generando acciones y propuestas concretas para poder garantizar las respuestas.
¿Qué recursos le falta para gobernar bien?
En términos de gabinete no me hace falta nadie, pero en términos del equipo de apoyo inmediato, hemos sido muy pocos. Ha costado reclutar a la gente, problemas de salarios, problemas de que a alguna gente le asusta trabajar en la Presidencia de la República; tiene sus riesgos.
¿A qué tareas se refiere?
No hemos podido hacer nuestras propias alternativas de comunicación. La primera cadena fue el tercer mes. Eso podría, a la larga, explicar un poco que, a pesar de que hemos hecho mucho, no hemos pedido transmitir todo.
¿Entonces tiene debilidad en la comunicación?
Creo que ahí tenemos espacio para fortalecer y crecer.
¿A esta altura puede reconocerse algún error?
Sí, debí ser más clara y contundente con el tema de los salarios de diputados, así es.
¿Más clara o más coherente?
No quiero revivir esa polémica, menos ahora que al Congreso debo reconocerle un gran trabajo. Haber transmitido con más oportunidad instrucciones claras, habría economizado mucho desgaste.
¿Ha detectado diputados “opositores” en la fracción oficialista?
En temas especialmente importantes para nuestra agenda, hasta ahora han votado en bloque. No tengo ningún reclamo a la disciplina de esta fracción.
¿Se siente libre de la influencia de Rodrigo Arias?
Yo me siento libre de la influencia de cualquier persona o grupo de presión en lo que concierne a la agenda nacional.
¿Porque usted ha logrado evitar esa influencia o porque no ha existido ese intento?
Soy capaz de escuchar a la gente, pero siempre procuro sacar mis propias conclusiones.
¿Ya se reconcilió con Fabio Molina?
(Se ríe) No, yo no tenía pleitos con don Fabio Molina... Hay personas especialmente enfáticas; me parece que debemos cuidar la forma. He tenido reuniones de trabajo y la relación está muy bien.
Usted ha ofrecido diálogo a los partidos de oposición. ¿Siente que ellos le han correspondido?
Sí, hasta ahora sí. A veces la gente cree que el Parlamento está nada más para aprobar legislación y que ahí no puede haber discusión ni contradicciones. El Parlamento ejerce una importante función de control político.
“En consecuencia, uno tiene que tener el talante necesario para entender que se dirán frases especialmente duras contra la Administración, porque, además, en todo no vamos a estar de acuerdo”.
Si de usted dependiera el proyecto de uniones homosexuales, ¿lo aprobaría o lo rechazaría?
No, yo no me voy a pronunciar sobre eso, esa es una decisión que está en manos de los diputados.
¿Por qué no puede decir “sí” o “no” sobre este proyecto?
Porque no lo conozco en detalle y no es un asunto que me urja a mí; estoy concentrada en muchas otras cosas.
¿No cree que la población tendría derecho a saber cómo piensa la Presidenta?
Bueno, ya yo lo he dicho.
¿Y sobre el proyecto?
Tal vez si me siento a estudiarlo.... Defiendo el concepto de matrimonio, pero también creo que hay que garantizar el acceso a los derechos patrimoniales y civiles.
¿Por qué evitó decir en campaña que iba a aumentar impuestos?
Si ustedes analizan todo lo que se dijo en campaña, yo nunca dije que “no” a los tributos. Lo que yo dije en ese momento es que yo necesitaba estar sentada en la silla presidencial y tomarle el pulso a la economía en el primer semestre de este año para ver cuál iba a ser la combinación de instrumentos.
“Hemos apostados por varios modelos y, habiendo hecho cálculos, ahora sí vamos al tema de los impuestos. Era muy difícil en la campaña imaginar el punto en que estamos hoy”.
¿Y notó que las arcas están más vacías de lo que pensaba?
Yo creí que el déficit para este año podría ser del 3% y para el próximo podría ser del 4%, pero estamos hablando de que este año va a cerrar cerca del 5% y el próximo, si no hacemos nada, podría estar cerrando en un 6%. Son cifras que el país no se puede permitir.
¿La mesa, más que servida, estaba vacía?
Uno no puede pretender que los Gobiernos resuelvan todos los problemas de una agenda nacional. Cada nuevo gobernante sabrá construir sobre la base de los avances que le dejó el gobernante anterior y cómo enfrentar los faltantes.