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Rodolfo Cerdas Politólogo 12:00 a.m. 15/08/2010

Hizo bien la Sala IV en frenar la argucia de un referéndum para subordinar los derechos humanos de la minoría homosexual y lésbica a la intolerancia de una mayoría. El respeto efectivo a los derechos de las minorías, que tanto ha costado en luchas y vidas humanas, especialmente en el siglo XX, no puede depender de mayorías volubles sujetas a todo tipo de prejuicios.

Hizo bien la Sala IV en frenar la argucia de un referéndum para subordinar los derechos humanos de la minoría homosexual y lésbica a la intolerancia de una mayoría. El respeto efectivo a los derechos de las minorías, que tanto ha costado en luchas y vidas humanas, especialmente en el siglo XX, no puede depender de mayorías volubles sujetas a todo tipo de prejuicios.

Es fácil ser demócrata cuando se es parte de la mayoría. Lo difícil es serlo cuando el respeto, la tolerancia y la interlocución, es hacia una minoría con la cual se tienen profundas diferencias. Por eso, en una democracia, no basta tener la mayoría para hacer lo que a esta le viene en gana. Por el contrario, se supone un respeto verdadero y efectivo a los derechos y opiniones de las minorías, tal y como nos enseñaron los viejos liberales.

Aun hoy, en África y algunos países del Medio Oriente, la condición de cristiano o de judío es igual o peor que la de los homosexuales, porque una mayoría los considera infieles, blasfemos e indignos de tener los mismos derechos que la mayoría musulmana. A esta, un fanatismo igual pero de signo contrario, de los Reyes Católicos, la expulsó de España junto con los judíos. Y hace unas décadas, en Little Rock, Arkansas, una mayoría vociferante, con apoyo policial, trataba de impedirle a una niña negra su ingreso a una escuela de blancos.

Las tristemente famosas “Leyes de Nuremberg”, con el respaldo de una notoria mayoría, condenaron a los hornos a los judíos, personas con discapacidad, gitanos, rusos, etc., por pertenecer a “razas inferiores”, supuestamente carentes por ello de todo derecho. Aquí en Costa Rica, fue gracias a los viejos liberales por lo que los extranjeros protestantes, los muertos por un duelo o por suicidio, pudieron ser enterrados debidamente. Y es que librados a su poder, la mayoría y sus prejuicios, quisieran prolongar la discriminación hasta el postmortem de las minorías.

No. Los derechos humanos son demasiado importantes para dejarlos librados a los prejuicios de quienes, ayer no más, rechazaban el divorcio, encarcelaban a las adúlteras y les quitaban sus hijos, desterraban a las madres solteras y hoy envían al infierno a los homosexuales. Bien se ha escrito que la peor tiranía es la de la mayoría.

Hoy es Día de las Madres. Elevo mi pensamiento a todas ellas, en especial a la mía, víctima también de persecuciones y discriminaciones inicuas. La extiendo también a las anónimas, a las que murieron en los crematorios nazis, o cayeron desnudas abrazando a sus hijos en la tumbas colectivas donde las fusilaban; las recuerdo hoy, porque, con el sacrificio de sus vidas, probaron que, en el respeto a los derechos humanos, no hay lugar para los Torquemadas ni para los tibios.

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comentarios

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Hector Barcelo Perez 19:17 15/8/2010

Creo que es limitadamente aceptado el comentario del señor Cerdas y hace muy bien la Sala IV en tomar esa decisión. Lo que no está muy claro es si lo que se pretende legitimar es un Derecho Humano. Para mí no lo es. Cuando dos personas del mismo sexo tienen relaciones íntimas no están violentando ningún derecho del resto de la sociedad; pero cuando esas uniones pretenden obtener la misma legitimidad que una pareja común, la naturaleza biológica y sociológica en que se sustenta la familia queda totalmente distorsionada. Recordemos que los derechos humanos son el resultado del ser natural, que plantea a las personas la vida de acuerdo a como es su naturaleza. Viendo todo esto cabe preguntarse qué pasaría mañana si cierto número de personas pretendiera exigir su derecho humano a contraer matrimonio legal con un cuadrúpedo?

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Isaìas Benari Udel 12:30 15/8/2010

Bravo Rodolfo, valioso comentario porque deja muy claro la cruel historia de las minorìas humilladas y maltratadas. A los costarricenses nos hace falta que nos pellizquen para botar el montòn de prejuicios que cargamos.

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javier lang guier 11:39 15/8/2010

El artículo de Don Rodolfo lleva a varias preguntas interesantes. La primera de ellas es si la sociedad costarricense es tan prejuciada como las de Africa y Medio Oriente? Otra pregunta que surge es como afecta a la sociedad este cambio? Se trata solos de los derechos de la minoría o hay derechos de la mayoría en juego? Existe evidencia de que este sea un cambio positivo para la sociedad? Que experiecias hay en otras sociesdades que han adoptado el cambio?

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Edgardo Vargas Jarquín 07:33 15/8/2010

Señor, me hizo quitarme el sombrero su comentario. Mi total respaldo a su punto de vista. Pocas veces se ha dado una cátedra tan clara. En una democracia verdadera no basta con ser la mayoría. Más bien el justificarse solo con ese argumento lleva directo al fascismo como bien cita y nos hace recordar con tristeza. Los derechos humanos son la base fundamental de las democracias y que estos priven es lo correcto.

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