El doctor Eric Mazur, de Harvard, ofreció, en la Universidad de Costa Rica, una conferencia sobre las experiencias que lo llevaron a abandonar las prácticas de enseñanza tradicionales.
Esas prácticas están caracterizadas por la lección unidireccional en la cual los alumnos desempeñan un rol pasivo; el profesor, como elemento activo de la clase y el plumón; la barra de tiza o el proyector, como instrumentos mágicos a los cuales ambos, profesores y alumnos, encomiendan el destino del acto de enseñanza aprendizaje.
Los principios de las nuevas prácticas del Dr. Mazur son tres.
Primero, el trabajo del profesor debe consistir en ayudar a aprender, más que en intentar enseñar.
Segundo, debe asignarse más responsabilidad al estudiante en la recopilación de la información que conduce al aprendizaje.
Así, los estudiantes deben hacer una preparación de la clase, de manera que esta no tenga por objeto “cubrir” la materia, sino profundizar en lo que los estudiantes muestren necesitarlo.
Todo ello demanda un profesor “recurso”, más que un profesor “expositor del texto”.
A partir de los conceptos, el profesor formula preguntas que movilizan el razonamiento para llegar a respuestas individuales.
Las respuestas individuales se fertilizan en un intercambio inmediato con compañeros –más simétrico, más de pares– para reflexionar sobre la posición de cada uno. Ahí se realizan valiosos aprendizajes.
Posteriormente, el profesor Eric Mazur realimenta al grupo a partir de la información que ha venido recogiendo y de su interpretación de cómo aprenden unos, por qué no aprenden otros, y qué nubla u obstaculiza el aprendizaje.
Eso, francamente, no es novedoso. Es el método que han utilizado todos los profesores que se comportan como tutores, muchas personas de experiencia en las empresas que se convierten en mentores de colaboradores más jóvenes, y todos los jefes que migran del “mando y ordeno” hacia la práctica del coaching.
Lo que es novedoso es la forma como este físico ha efectuado medidas objetivas y cuidadosas, las cuales evidencian la eficacia del método, suponemos que cuando se ve respaldado por un conocimiento sólido del docente.