Sería imperdonable no interrelacionar varias informaciones publicadas por La Nación el viernes pasado: el atraque de un buque de guerra en Limón y el desembarco de mil setecientos marinos que –además de obras humanitarias junto con el Ministerio de Seguridad Pública y Gobernación–, “planea llevar a cabo un intercambio sobre el tema entre las fuerzas de seguridad de Costa Rica y los Marines de los Estados Unidos” (RR.EE). Esto, en el contexto de un “barrido con personal de la Unidad de Montaña en Talamanca, para desterrar estos invasores” (ministro Tijerino), pues hay “zonas de Costa Rica que han cedido su soberanía” (presidenta Chinchilla).
Estas declaraciones muestran la fragilidad, la exageración y el error del diagnóstico con que se trabaja. Fuera de otros aspectos negativos, propios del paso de soldados –de la nacionalidad que sea– por tierras extranjeras, creer que un militar puede enseñar técnicas y tácticas policiales de cualquier clase, es no tener la más remota idea de lo que es la naturaleza de uno y de las otras. El militar, y el marino en particular, tiene una función central: lograr el objetivo y eliminar al enemigo, es decir: anularlo o matarlo .
Un distinguido general norteamericano que vino al Instituto de Derechos Humanos, explicaba cómo ellos llegaron a la conclusión de que una de las causas de lo ocurrido en Tien An Men, fue que el Gobierno chino envió al Ejército y no a la Policía. Recibida la orden de acabar con la resistencia... pues la acabaron. La filosofía policial en un país democrático es otra, excepto que estemos regresando, so pretexto del narco, a los tiempos de la Guerra Fría, cuando se disfrazaba la contrainsurgencia de entrenamiento policial (Fort Gullick, Escuela de las Américas, etc.). Sus resultados son bien conocidos.
Eso de narcoguerrilla en Talamanca es tan tirado del pelo que obliga a preguntarse de qué se trata realmente. Porque ¿una guerrilla sin población? ¿Agua sin peces? ¿Justificación de brutalidad y represión indiscriminada e impune? Ya en el pasado una patrulla de la Guardia Civil, diz que antinarco, violó a una indígena, colgó de un árbol a dos aborígenes, los torturó y finalmente los mató. Si la escasa población, toda localizada, ayuda; si es gente extraña en la zona; y si lo que producen es marihuana –de muy inferior calidad a la producida en California y México–, acabar con esos extraños no requiere tanto aspaviento y no es cosa de otro mundo.
Aunque quizá sí lo sea la credulidad de los ticos, que ahora en vez del “Coco” son acostados con el miedo al narco, mientras poco a poco les crean una Guardia Nacional y les militarizan al país. Mientras tanto, en México, donde la cosa es muy seria, todos los partidos (salvo el de Gobierno) repudian esa política que se quiere imponer aquí y que obviamente ha ido fracasando en todas partes, incluyendo los mismos EE. UU.