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Luis Mesalles economista lmesalles@academiaca.or.cr 12:00 a.m. 07/08/2010

Cuentan que, una vez, la repartición de comida en el bosque estaba muy clara. Cada animal sabía qué podía comer y qué no. El gran gorila tenía acceso a toda la fruta que estaba en los árboles, tanto la de buena calidad en la parte alta, como la no tan buena de abajo. Los pequeños monos solo tenían derecho a comer de la de abajo. Un día, aprovechando que el gorila estaba dormido, los monos decidieron probar la fruta de arriba. Pero cuando estaban comiendo de la buena fruta, el gorila se despertó. Este se puso furioso, porque le estaban quitando “su” fruta. Empezó a pegarse en el pecho con los puños y a golpear el árbol con tremenda fuerza. Algunos de los monos, los más débiles y los que no estaban preparados, cayeron del árbol, recibiendo una tremenda paliza de parte del gorila. Pero hubo un mono, el más listo y fuerte de ellos, que no quiso caer, se agarró con patas y manos de cuatro ramas, y hasta usó la cola para asegurarse de otra. El gorila siguió golpeando el árbol y gritando con fuerza, pero como el mono no caía, eventualmente lo dejo tranquilo, pensando que un solo mono pequeño no le haría mucho daño.

Este cuento nos la relató Ray, un finquero de Illinois, a un grupo de ticos, para ilustrarnos cómo no hay que tener miedo de ser pequeño. En su caso, él ha venido dando la lucha por varios años para promover la producción de etanol a base de maíz. Al instalar una planta de etanol en su estado, ayuda a promover una mayor venta de maíz para los agricultores y, por ende, mayores ingresos. Al sustituir gasolina por etanol, ayuda a la estrategia nacional de reducir la dependencia en la importación de petróleo de países en los que Estados Unidos está en conflicto. El problema es que los grandes conglomerados petroleros (los gorilotes) no están contentos con esta estrategia, ya que han llegado unos pequeños monitos a comer de la buena fruta que solo ellos disfrutaban.

Ray nos hace ver varias lecciones con este cuento y con su experiencia. Primero, el gorila que se duerme, se arriesga a perder lo que creía tener seguro. No se puede entrar en la “zona de confort”, sino que hay que estar siempre alertas a la competencia. Pueden venir otros, con ideas nuevas, a incomodarnos. Segundo, a los gorilas no les gusta que les quiten lo que tienen. Eso significa que, cuando alguien quiere entrar a competir a un nuevo mercado, tiene que estar preparados a la reacción agresiva de los que ya están adentro. Como corolario, el “statu quo” siempre defenderá a muerte su cómoda posición, utilizando todo tipo de tácticas para eliminar a la competencia (incluyendo la búsqueda de ayuda del Gobierno). Finalmente, con buena preparación, innovación y mucha tenacidad, es posible competir con los más grandes, por más fuertes y bien conectados que ellos estén.

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roberto vargas pardo 09:05 7/8/2010

el problema de las parábolas es su falta de lógica y sentido común. Y ese gorila ...¿ qué? , ¿ era acaso incapaz de subirse a la parte más alta de árbol?? ... ¿ entonces cómo se alimentaba de las frutas que estaban más alta??? ... o se pasaba la vida dándole de golpes a los árboles??

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