EDITORIAL

El pleito de Cuesta de Moras

Nada le falta al conflicto entre el Congreso y la ministra de Salud, salvo la madurez política y la sensatez añoradas por la ciudadanía

Ni la Asamblea debe dejar de actuar, ni una funcionaria de demostrado valor, como la ministra Ávila, debe dejar su cargo

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12:00 a.m. 06/08/2010

La disputa entre la Asamblea Legislativa y la ministra de Salud, María Luisa Ávila, merece sitial de honor en el inventario de episodios pintorescos de la vida política nacional. El desacuerdo es absoluto y ya nadie sabe por qué. Los diputados insisten en que la Ministra pretende cerrar el Parlamento, pero ella lo niega. Los diez días de plazo otorgados en la más reciente resolución de su despacho se refieren al tiempo disponible para ejecutar una inspección de las 40 oficinas declaradas insalubres, no para echar candado a Cuesta de Moras. La idea, dice Ávila, es verificar el progreso de las mejoras necesarias.

Los legisladores no escuchan esas razones y achacan a la Ministra un ánimo de revancha porque a inicios de junio la obligaron a comparecer para explicar el faltante de leche en polvo en los centros de nutrición infantil. La Ministra desmiente la represalia y dice que solo pretende una pareja aplicación de la ley. Los diputados no están convencidos y adoptan la dramática medida de plantear una moción de censura cuya función es manifestar el más alto grado de enojo, porque la Constitución Política no prevé otros efectos concretos.

El pleito consumió el primer día de sesiones extraordinarias, incrementó las tensiones ya existentes entre el Congreso y el Poder Ejecutivo y obligó a la Casa Presidencial a sumarse a las explicaciones de la Ministra. Ya nada le falta al conflicto salvo la madurez política y la sensatez añoradas por la ciudadanía.

La Asamblea Legislativa lleva años de quejarse del edificio adonde está confinada por obra de su propia cortedad de visión y el parroquial razonamiento de otros sectores, incluida una parte de la prensa, siempre desconfiada del gasto público cuando puede parecer un “lujo”. La argumentación del Congreso no ha estado ayuna de desesperanzadores diagnósticos sobre los riesgos del recinto actual. La Ministra, por otra parte, actuó motivada por una denuncia del sindicato de trabajadores legislativos recibida el mismo día de la obligada comparecencia. Los hechos aconsejan darle, cuando menos, el beneficio de la duda.

La ley, dice la funcionaria, no está hecha para conceder excepciones odiosas y el edificio del Parlamento carece de las condiciones indispensables para mantenerse en operación. En este caso, sin embargo, de algo vale que se trate del Congreso, no porque su condición de Primer Poder de la República lo sitúe por encima de la ley, sino porque su funcionamiento es indispensable para la buena administración pública. La flexibilidad, en el caso concreto, no implica una prebenda para nadie, sino una medida fundada en la prudente ponderación de las circunstancias y la conveniencia pública.

Es imposible determinar las íntimas motivaciones de la Ministra y de los diputados. Imposible establecer si al cuadro fáctico se añaden deseos de revancha o si existe, más bien, entre los legisladores, la intención de confundir la recta aplicación de la ley con una rabieta infundada. Los hechos, sin embargo, indican que la disputa se transformó en un pulso, una prueba de poder donde el propósito de prevalecer nubla la cuestión de fondo y aleja la posibilidad de acuerdo.

Ni la Asamblea debe dejar de actuar, ni una funcionaria de demostrado valor, como la ministra Ávila, debe dejar su cargo. El Congreso ya inició labores de reparación y tramita, quizá con algo de precipitación, la compra de una nueva sede. Faltan días para la nueva inspección sanitaria y en ese momento habrá oportunidad para sopesar las mejoras, establecer nuevos requerimientos, si los hubiere, y dejar que la Asamblea Legislativa cumpla sus funciones.

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comentarios

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Henry Chaves Kiel 21:28 6/8/2010

La señora Ministra de Salud, esta en deber de hacer velar el cumplimiento de la ley, los diputados y diputadas, de acatarla como ciudadanos que son. Un desacato al ordenamiento público por el legislativo daría pie a que en buen tico muchos digan "LO QUE ES BUENO PARA EL GANSO ES BUENO PARA GANSA", imagínense ustedes si 4.5 millones de ticos seguimos el ejemplo de tan distinguidos y distinguidas costarricenses de hacer caso omiso a nuestras instituciones.

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Elías Lara Solís 14:18 6/8/2010

Don José, tiene usted toda la razón, San José es como una ciudad sin historia, porque los más aptos para darle ese valor agregado, más bien se lo quitan. Comparada con la mayoría de las ciudades, hemos descuidado tanto el patrimonio histórico, como la historia misma en nuestra educación.

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jose silva trejos 10:52 6/8/2010

Aparte de la discusión entre la señora Ministra y los diputados hay que resaltar el descuido con que trata el Estado los bienes públicos. Si el edificio Sión hubiera recibido mantenimiento oportunamente no tendríamos ahora estos problemas. Ahora dirán que no hay dinero para repararlo, comprarán una caja de cemento para la Asamblea y los actuales edificios los abandonarán y tendremos un nuevo lote baldío en el centro de San José. Se perderá la capilla de Sión al igual que la antigua Biblioteca Nacional, el Seminario Menor y el Edificio que ocupó el Congreso en el centro de la ciudad. No hay duda San José es una ciudad sin historia

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jose zeñun 10:00 6/8/2010

Y la tal moción de censura significa que como los diputados nos representan a nosotros, entonces el pueblo censura a la ministra por hacer su trabajo? definitivamente la asamblea cada vez se aleja más del pueblo.

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Elías Lara Solís 09:00 6/8/2010

No se debe dar concesión alguna a la terquedad y falta de humildad y sobretodo de respeto por la ley con la que han actuado las señoras y señores diputados. Argüir, que para la debida función de sus deberes, se les debe dar un trato especial, es un peligroso error de este editorial. No señores, hemos visto cuan evidente es el tétrico estado de las instalaciones de la Asamblea y por demás está decir que es más que necesario que la Ministra respondiera a la inquietud planteada por el sindicato de trabajadores de la Asamblea Legislativa, misma que los diputados ignoran prepotentemente. Escuché a un diputado, olvido su nombre, de la fracción del PUSC, dar declaraciones a Telenoticias, diciendo: ´que no se preocupara la señora ministra si él muere, que ni siquiera la invita a su funeral`` que pobreza de espíritu y que estupidez, que ni siquiera piensa en sus colaboradores. ¿Así nos ven los señores diputados? ¿del hombro para abajo? A la señora presidenta de la República y a la Ministra Ávila, ni por la mente pase la renuncia a su cargo y distinguido trabajo.

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